DON FLACO
Cada uno de nosotros como seres humanos individuales y pensantes, tenemos la facultad de poder ir acumulando información en nuestro subconsciente. Información que, conforme van pasando los años, va en aumento. Toda esa información nos sirve para que cuando vayamos entrando en la edad madura, podamos ir viendo la vida (para cada uno en especial) de una manera particular y diferente.
En el año de 1998, empecé a participar como agente pastoral. Y con los estudios realizados, pude llegar a tener una “verdadera” idea de lo que es Iglesia. También en todo este tiempo pude conocer a muchísimas personas. Pero de todas estas personas que conocí, solamente hubo una que me impresionó muchísimo, por toda esa información, experiencias y anécdotas acumuladas durante su vida. Alguien con quien se puede conversar de asuntos y valores vitales para nuestra subsistencia como personas. Alguien que (en lo particular), me es muy grato poder escuchar lo que me dice. Será de repente por este motivo que en algunas reuniones con mas personas en las que en algún momento el se dirige a todos, para contar alguna experiencia, me da mucha cólera ver como algunos no le prestan atención, y haciéndose los disimulados le cambian el tema de conversación. Pero en fin, cada uno es libre de poder recoger y guardar en su corazón asuntos vitales o no, para nuestro quehacer cotidiano.
Teniendo presente estos aspectos del asunto, un día me pregunté ¿Por qué no escribir todo esto que él me cuenta? Así que le consulté si lo podía hacer, y me respondió que sí, pero que no mencione su nombre para nada, para poderlo identificar dentro de las narraciones me pidió que lo llamara: “Don Flaco”
Dicen que los amigos se cuentan con los dedos de la mano, y para mí, esto es verdad. “Don Flaco” es uno de los dedos de mi mano. Es para mí un verdadero amigo. Y es importante mencionar que mi amigo, tiene mucho más vida eclesial que yo, así que tengo muchísimo mas por aprender. Si con los estudios Teológicos Pastorales, pude aprender mucho sobre lo que es Iglesia; a sus 81 años de edad, mi amigo “Don Flaco” tiene muchísimo que enseñarme, sobre situaciones vivenciales dentro del trabajo pastoral de Iglesia Cristiano Católica.
Grabadora en mano emprendí la primera entrevista con mi amigo “Don Flaco”. De primera intención me invita para sus reuniones de Biblia que se realizan todos los jueves en los salones parroquiales. Me obsequia dos estampitas con oraciones hechas por la persona que dirige estos encuentros de Biblia. Y luego me dice algo que para mí es verdaderamente importante, pero quizás para otro no lo sea. “Estas estampitas, son tres personas que las elaboran. Raúl (quien dirige el grupo) autor de las oraciones, Michael se encarga de mandarlas a confeccionar y ver que salgan lo más atractivas posible, y yo “Don Flaco” la parte económica del asunto” Para mí en lo particular, creo que si podemos apreciar lo místico de este pequeño detalle, ya habremos aprendido algo. Luego “Don Flaco” me entrega otras estampitas mas, para que las reparta a personas que yo crea que verdaderamente las van a valorar.
En realidad yo quiero que estas entrevistas sean lo más naturales posibles, quiero que mi amigo “Don Flaco” me diga lo que él quiera. No quiero que sean entrevistas cerradas. Lo que busco es que sean temas espontáneos, tal y cual, como los cuenta en una conversación cualquiera.
Seguidamente empieza a comentar sobre las noticias de los asesinatos filiales que se han suscitado en nuestro medio. Sobre las jóvenes que mataron a su madre. Me dice entre otras cosas: “Todo esto pasa por falta de amor y desesperación por el dinero”
Me gusta mucho oírlo contar sus experiencias cuando trabajó en los Estados Unidos, y por eso le pido que me hable sobre eso. Me dice:
“Al comienzo fui lavaplatos, lavaba ollas de cocina, redes de piso de cocina en un gran hotel en la ciudad de Philadelphia casi cinco meses; de allí pasé a Nueva York, donde también empecé en cocina, lavando ollas, platos. Pero aprendí mucho. Aprendí que cualquier trabajo por más humilde que sea, tiene un valor en la sociedad y ante Dios son los trabajos más aceptables. A pesar que no dominaba bien el idioma ingles, nunca pasé un mal rato, en el hotel Sheraton de Philadelphia, yo hacía dos turnos seguidos, el de la tarde y el de la noche. Porque yo decía ¿A que me voy a mi casa? ¿A dormir? ¿A levantarme, y en el día vagar? Así trabajo 16 horas seguidas, ganó más, aporto más, y me voy a mi casa a dormir. Y no extraño nada, porque estoy con la preocupación del trabajo, y me sirvió de mucho. Pero en Nueva York, aprendí eso de que más vale tu yo personal, tu belleza personal y no física, porque de acuerdo a esa belleza interior, a ese carácter de darte por los demás, las puertas se te abren. Yo llegué a tener un cargo muy bueno en Nueva York con el tiempo en una editora de libros, y tenía a mi cargo a 200 personas. (Allá le llaman empleados manuales) todos eran emigrantes de distintas razas, muchos morenos. De las islas Vírgenes, de Jamaica, de Panamá, de Haití, de Puerto Rico, de Cuba, etc. Y hablaban un español distinto o no hablaban español. Y mi jefe una mujer muy inteligente, alemana, me decía: “Tu no hablas ingles y te entienden, ¿Cómo haces eso? Yo le dije: ¿tú has ido de niña alguna vez a un teatro de títeres? Sí, me dijo ¿te reías, entendías, te divertías? Si ¿y en algún momento te dijeron alguna palabra? No. Todo eran gestos, ademanes, posiciones”
Queda bien claro que para “Don Flaco” la belleza interior es la que manda, lo físico no sirve mucho, como dice el textualmente lo físico no sirve “ni para ir al baño” me sigue diciendo:
“A mí la plata solamente me sirve para vivir, porque si yo me voy al baño, con un billete de 100 soles me ensucio la mano, en cambio si me voy con un montón de papel higiénico salgo limpio. La plata sirve para vivir, y saber vivir, y lo digo con base, porque yo tuve y no tengo nada, y soy feliz”
En esta primera entrevista “Don flaco” me cuenta muchas cosas más, pero quiero dejarlo para otro artículo, y no hacer de esto, algo sin importancia, porque cada palabra cada situación en especial, cuenta de una manera importante.
Antes de proseguir con esta segunda parte de la entrevista que mantuviera con “Don Flaco” quiero decir (aunque a él no le gusta que se lo digan), pero para mí “Don Flaco” es un señor de señores. No es una persona cualquiera. A él no le gusta que le digan señor, porque dice: “El Señor está en los cielos”, pero el término “señor” que se emplea en este caso, es para manifestar e identificar a un hombre que lleva una vida decorosa y sobria, una persona que merece mucho respeto, por su calidad integra de ser humano en todo el sentido de la palabra. No quiero entrar en más detalles, porque en realidad no le he consultado, si puedo tocarlos en estas entrevistas, pero “Don Flaco” vive una vida tranquila en su casa, con su familia y punto.
Me sigue contando sus experiencias de trabajo en los Estados Unidos. Me cuenta como su jefa alemana, en la editorial que él trabajaba en Nueva York, le propone hacer un negocio. La naturaleza y dimensiones de esta editora eran impresionantes. Eran cinco editoras, cinco imprentas, pero un solo depósito para las cinco. Un solo deposito de materia prima y productos terminados. En ese lugar trabajaba “Don Flaco” en ese lugar tenía a su cargo 200 personas. El negocio que la dueña del negocio le propuso fue el siguiente: “Don Flaco” tenía que administrar un café rodante de propiedad de la misma dueña. Los trabajadores tenían 15 minutos de descanso para tomar un pequeño refrigerio. En este café rodante los precios eran mucho más baratos que en otro sitio; pero si en otro sitio los trabajadores se tomaban 15 minutos de descanso, al consumir en este café económico solamente empleaban 10. Después de 2 o tres días, en el que “Don Flaco” tenía que hacer el arqueo de caja para ver cómo iba el negocio, la dueña del mismo le dice: “con este dinero, compra todo para seguir con el negocio”, pero “Don Flaco” se percató de que no había ganancias, entonces le preguntó a la dueña: “¿Cómo vamos a seguir, si no se está ganando prácticamente nada?” Ella le dijo: “Sí, pero ese tiempo extra que les sobra a los empleados por consumir en nuestro café y no ir a otro, para mí significa un tiempo extra de productividad en el trabajo”
Sigue la entrevista y como era de esperar y era lo que se quería, el tema de conversación cambia, y “Don Flaco” me empieza a hablar del diario “La Prensa”
“Beltrán perdió “La Prensa” por señor, porque era un caballero, y la familia que le rodeaba en el directorio era gente increíble. Por ejemplo yo he sido amigo personal de dos sobrinos de él. Uno era “El Gordo” que trabajaba en “La Prensa” en publicidad, que tenía un valor fantástico para nosotros en el grupo. Y el otro era primo de los Wiese; tremendo muchacho, buena gente” la entrevista es interrumpida brevemente por la llegada de una amiga de “Don Flaco” y nos la presenta diciendo: “Esta señorita acaba de salir del manicomio” me quedo un poco sorprendido y continua: “Es psicóloga” (risas). Le pregunto: ¿Por qué “La Prensa” no ha subsistido hasta nuestros días?
“Por cuestiones políticas, y ya el señor Beltrán estaba muy viejito” Me habla un poco del “Flaco Castro” uno del grupo, que era médico, y me sigue diciendo:
“En el distrito de Jesús María, frente al estudio del doctor Sánchez, había un barcito italiano, y todos los sábados nos reuníamos” La esposa de “Don Flaco” que comparte por momentos con nosotros esta entrevista dice de una manera graciosa: “ah con razón venias tarde” (risas) continua diciendo “Don Flaco”:
“Sí, a mi me gustaba el trago. Porque este de “La Prensa” “el gordo” tomaba mucho y su primo que trabajaba con los Wiese, también. El era Barranquino. Tuvo un problema en su vida ese muchacho, que yo siempre lo he admirado. Lo llamaron del trabajo, y era su tío don Pedro Beltrán, para hacerle una consulta, y su tío le dijo: “Lo único que te digo, es que pienses en Dios y actúes como hombre; tres meses de vida si no le cortamos las piernas a tu madre, y de dos a tres años si se las cortamos ¿Qué dices? Salió, y regresó con una “chata”. Antiguamente vendían unas botellas chatitas de pisco Vargas para llevar en el bolsillo. Entró con su chata en la mano y dijo: “Córtenle las piernas a mi madre” ¡Tres años!; todo le hacía a su madre. ¡Todo!, comida, bañarla, limpiarla, atenderla, cambiarle ropa, y así trabajaba, pero terminaba en la noche borracho. Y nos íbamos a operas, a zarzuelas, a conciertos, y con su chata de pisco; él tenía que terminar la noche borrachito, era gordo, y durante el día lo veías normal. A mí me dicen córtale las piernas a tu madre, y me las corto yo. Es verdad, yo no hubiera sabido que hacer. Nuestro grupo era un grupo raro, pero muy humano, porque nos entendíamos entre los seis amigos; y los más pobres del grupo eran Castro y yo, que estaba estudiando medicina y trabajaba en el Banco de Crédito; en cambio los otros no. Todo esto fue en la década del cuarenta al cincuenta, y hemos sido amigos hasta el último. El tiempo y los viajes nos separaron, y de ese grupo creo que el único que vive soy yo; porque yo era uno de los menores en ese tiempo. Uno de ellos era el eterno ministro de salud en la época de Odria, y uno de los pocos asimilados que llegó a General de División. ¿Por qué? no sé. Y todos éramos distintos, los Wiesse, por ejemplo, eran bajitos, delgaditos, finitos. Arrieta Osma, era un tremendo hombrón. El gordo era bajo, después el flaco Castro. No nos interesaba la situación económica, ni quién eres tú, ni nada, éramos amigos. “La Crónica” era de “El Comercio”, pero eran otros periodistas, eran señores periodistas. Sabes, nosotros culturalmente no hemos avanzado nada, la televisión no sirve para nada, es basura, la radio peor. No hay teatros, no hay operas, zarzuelas, obras de teatro clásicas representativas, si a un muchacho no le gustaba leer iba a una obra de teatro, veía allí una novela que ya conocía y casi la vivía. El “cinema” como te digo, son porquerías. Las películas son porquerías. Lima es una ciudad de casi diez millones de habitantes, no es la Lima de antes. ¿Dónde está toda esa gente culta? Los animadores de televisión son basura de basura, putrefacción. Bueno ya no te sigo contando mas”
Si bien es cierto que los avances tecnológicos de nuestra era, son algo que solo lo podíamos presagiar en películas de ciencia ficción, los seres humanos no hemos sabido mantener los valores fundamentales del ser persona, de la mano con estos adelantos científicos. Es por eso que podemos escuchar a personas como “Don Flaco” que nos dicen y recuerdan que nuestra civilización sin querer va camino a la autodestrucción. Pero no imaginemos desastres naturales; ¡no! Es la autodestrucción del ser humano valorado en su propia existencia.
En esta oportunidad invito a “Don Flaco” a nuestro domicilio, ya que la grabadora portátil de periodista que tengo, está u poco dañada, y en nuestra casa tenemos un pequeño taller de grabaciones, y la conversación va a tener más fidelidad. Cuando estamos probando el micrófono la voz de “Don Flaco” se escucha un poco potente, entonces el me dice lo siguiente y comienza la entrevista, que en realidad no es una entrevista, con preguntas y respuestas, sino más bien una buen rato para escuchar a “Don Flaco”:
“Nosotros en Iquitos, jugábamos gritando en la calle, como es una ciudad donde no hay tanto automóviles en la calle, el niño juega en ese lugar, corre, salta, juega futbol con pelota de trapo, y descalzo. Hay ciertas costumbres que la ciudad de Iquitos no las ha perdido. Lo único es que desgraciadamente hay una degeneración total. Gente que ha llegado por la carretera de penetración en Pucallpa, Aguaytia, Tingo María, Huánuco, es que han invadido de varias partes de la sierra. Ya estos son nietos. No con esto quiero decir que el serrano sea un degenerado, pero si es más descarado que el loretano. Yo soy loretano, soy hijo de serrano, tengo familia serrana, limeña en su mayoría por parte de madre.
Iquitos se formó de emigrantes de las tres regiones del Perú. Los de la costa emigraron por el caucho, los de la sierra emigraron después por la facilidad de los caminos que se abrieron. Pero el loretano tiene una cualidad. El loretano es un ser muy ardiente, muy caliente sexualmente hablando, pero no es vulgar, ni comercian su cuerpo. Ahora hay chicas así, esas ya no son loretanas, son hijas de emigrantes: costeños, serranos y algunos europeos. Porque hubo una época que hubo mucho migración polaca, e italiana. El charapa propiamente de sangre, es caliente, es ardiente, pero es prudente. Es decente, no nos gusta la basura, nos gusta comer en plato de oro, estamos acostumbrados al oro.
Nosotros somos el departamento que creó su propia moneda, y que tenia premio sobre la libra esterlina, y los soles de plata de nueve decimos, había como agua en el rio. Eso ha sido en el 800 al 1900, yo que tengo 81 años, lo he gozado hasta los 10 años, yo he comprado en el mercado con soles de nueve decimos.
Mi abuela ha sido una de las pocas o de las primeras personas que entraron a Iquitos, cuando todavía estaban salvajes allí. Fueron 30 personas; no sé si fueron 25 hombres y 5 mujer, o 23 hombres y 7 mujeres, pero comúnmente se habla de 5 señoras, que en mi época las llamaban las mamas, o sea, las señoronas, las damas más grandes de Iquitos. La mama Ercilia, la mama Rosa, la mama Irene, la mama Escarnita, la mama Carmen. Y eran abuelas o mamás de los antiguos señores de Iquitos, y de las señoras de Iquitos. Fueron las familias que formaron una sociedad neta loretana. Y una de ellas era mi abuela que le decían la mama Ercilia. Y era esposa de un limeño, e hija de un limeño, porque ella era Ercilia Mariátegui López; y su marido era un ex capitán del ejército peruano que había peleado en la guerra con Chile: Pedro Pablo Sarria Laiseca. Limeño que nunca había sido militar, porque era ingeniero en minas. (Estudiante, ni siquiera había terminado). Llegó la guerra con Chile, lo hicieron capitán y lo mandaron a pelear.
El señor Fiscarral, ancashino hijo de ingles, al salir de su pueblo para ir a la selva a trabajar en el caucho, se llevaba a un chiquito de 15 años como mayordomo. El chiquito este serrano que después fue un gran señor en Iquitos se llamaba Sacarías Valdez, y ese hombre, niño aun siendo de 15 años, servía de enlace entre Fiscarral y mi abuelo. Mi abuelo avanzaba en la expedición haciendo mapas del terreno donde había jebe, caucho, balata, barbasco, y había ríos, y con esos mapas regresaba el chico este Sacarías Valdez, donde el señor Fiscarral para que este avanzara.
Era gente con muchos valores, y con muchos principios. Piensa que un niño de sierra, metido en la selva, y que avance con un señor, y después regrese a la semana, o al mes, todo eso que ha avanzado, acompañado con dos indiecitos. Entonces ese niño aprendió a tener valores, tanto humanos como de carácter; ya era un hombre. Y yo a ese señor llegué a conocerlo, y era muy amigo de mi mamá, se decían compadres; él había visto nacer a mi mamá, y le decía comadre. Ese señor se asentó en la selva, tuvo su chacra y se quedó con su chacra, que se podría decir que era como una hacienda pequeña.
Toda esa gente que ha formado la ciudad de Iquitos, y ciertos pueblos de Iquitos, son los verdaderos loretanos, y no el elemento que hay ahora, que da pena. Decir que una chica es loretana, ya todo el mundo la mira como sexo, y aquí en Lima está lleno, la radio, la televisión y el periodismo, de prostitutas, homosexuales, lesbianas, y rufianes. Que hay muchos hombres que trabajan vestidos de mujeres, y hay muchas mujeres que te trabajan tirando golpe como hombre. Así, que, ¿Qué hablamos de la loretana? La mujer loretana es muy coqueta, muy alegre, muy franca, pero de allí a prostituta, hay mucha distancia; y si lo son, son muy decentes, no son vulgares, ni se calatean en público, ni se emborrachan, y hacen escándalo.
Nosotros acá en Lima nos olvidamos que el Perú está formado por provincianos. Los grandes presidentes del Perú y los grandes hombres que han luchado por el Perú, son provincianos; y todos los que descienden de presidentes del Perú son millonarios ¿Por qué? ¿Ah? Que me cuenten a mí el cuento. Yo como te digo, me siento muy feliz de ser loretano, y peruano. Lo he dicho en el extranjero. He tenido que explicar; por ejemplo en los Estados Unidos no creían que yo era peruano, y menos de la selva, ¿Por qué? porque tengo 45 de pie, 1.85 m. de estatura, y con los brazos extendidos de yema a yema de la punta de los dedos tengo 1.90 m. y no tengo la cintura quebrada, como la mayor parte de la gente en el Perú. El peruano es caderón, con cintura quebrada y espaldas anchas; costa, sierra y selva. Con la diferencia que en la sierra, el nativo carga bultos y carga cosas, como si fuera un animal, para poder hacer fuerza tiene que quebrar la cintura para poder caminar. Por eso cuando nuestro ex presidente Toledo habla, yo digo que hay que tomarle una foto de espaldas y verlo caminar, parece un monito que está caminando (risas)
Ahora, no creas que Toledo es el único muchacho humilde y de campo que ha llegado al gobierno. Nuestro libertador y Mariscal del Perú Ramón Castilla, era humilde; que cuando llegó de soldadito vestido del ejército español en Pisco, y lo cogieron y lo iban a matar creyendo que era un soldado español, y cuando se dieron cuenta que era un mocoso, que estaba con un fusil más alto que el. Fueron a recogerlo en el desierto que se moría de hambre de sed y de cansancio, y lo llevaron frente a San Martin. Tenía 15 años, y no sabía leer ni escribir, y después fue el presidente que libertó a los negros, puso el primer ferrocarril en América Latina, el primer barco a vapor, y alumbró Lima. Era mestizo, era humilde, era un chico peruano al 100% ¿Dónde aprendió a leer, y como llegó a general? En el ejército, y tiene miles de anécdotas, y una de ellas por ejemplo:
Un día el general escucha: trac, trac, trac, por el patio del cuartel, sale y ve que Ramón Castilla que ya era teniente, se iba caminando con la espada arrastrando en el suelo, y lo hizo llamar: dígame teniente ¿Por qué usted anda arrastrando la espada? Muy sencillo mi general, yo cuando era soldado, me iba detrás de la espada porque quería una espada, y ahora que soy oficial, que la espada me siga a mí. Otra anécdota es:
Cuando era presidente le llevaron un cañoncito de oro de regalo, llamó a su edecán y le dijo: “pon ese cañoncito mirando hacia la ventana, y todos los días me abres la ventana” “¿Por qué mi excelencia?” Le pregunto el edecán. “Muy sencillo, le contestó, porque uno de estos días va a reventar el cañoncito”. Un cañoncito de oro, de adorno como pisa papel. 15 o 21 días después llegó el que le había regalado el cañón, y le pidió pues un favor ¿no?, de esos que se pedían antes a los gobernantes, y cuando este se fue, entonces Castilla le dijo a su edecán: oye cierra la ventana y ponlo en una caja a este cañón, porque ya reventó”.
Esta segunda entrevista con “Don Flaco” tiene más partes que otro día seguiré trascribiendo, porque en realidad es bastante lo que tiene por contarme “Don Flaco”
Verdaderamente cada encuentro con “Don Flaco” es un documentarse y aprender cosas nuevas, porque uno nunca deja de aprender. En esta oportunidad “Don Flaco” me pide encarecidamente, que no publique algunos nombres de personas mencionadas en su narración. Y como desde un principio el trato para trascribir estas conversaciones, fue el aceptar algunas condiciones de “Don Flaco” acepté con mucho respeto a este pedido. “Don Flaco” me sigue contando.
“Nosotros hemos tenido muchos presidentes humildes, sencillos, de provincia generalmente casi serranos todos. Odría, de la sierra del norte, pero no vallamos muy lejos. Sánchez Cerro tampoco sabía leer ni escribir bien; aprendió en el ejército. De comandante llegó a presidente, y después se puso el grado de general. Era un hombre inteligente, pero gobernó un poco más de dos años, y lo mataron. Y lo mataron a sangre fría. ¿Por qué? porque él quería la guerra con Chile, con Chile y Colombia. El les tenía ganas a los dos países. Chile por lo que nos hizo, y a Colombia, porque como él era norteño, y Colombia nos quitó Leticia. Nosotros hemos tenido presidentes criollos, gente de sierra, unos con instrucción, y que fueron verdaderos militares, y no mequetrefes y pobres diablos como hay ahora. Un militar debe ser un militar.
Nosotros nunca hemos tenido un gobierno bueno, los gobiernos buenos y puros, no han durado mucho, o no han vuelto a ser reelegidos. Pero Ramón Castilla, fue presidente tres veces, y a Ramón Castilla lo ayudaba una persona simpática ¿…..? Que era un señor, era un hombre intelectual de buena familia, hacendados de Ica. Un hombre muy derecho, con una familia muy respetada hasta ahora, y casi todos eran intelectuales. Pero gente como esa, no existe en cantidad, hay que buscarlas con vela, o linterna eléctrica ahora, ¿Por qué? porque entran pobres con una zapatilla de lona, y calzoncillo de tocuyo, y salen con carro, can zapatos de cuero, calzoncillos a la moda, se bañaban con jabón pepita, y salen bañándose con jabones franceses, y no saben decir una palabra en castellano, sin meter la pata; porque ignoran lo que están diciendo, porque no conocen ni siquiera gramática.
El otro día oí a una señora que decía algo de nuestro idioma, (y no el castellano porque nuestro idioma es el quechua), y yo me reí. Decía que el quechua no era un idioma, porque no tenía escritura. Y el quechua si tiene escritura. La escritura está en los dibujos y las diferencias de los colores en los dibujos. Allí están diciendo y están escribiendo lo que ellos quieren comunicar. Es como el quipus. El quipus, son números en nudos, pero con colores. Y el idioma chino tiene como seiscientos caracteres que son una escritura. Tú dirás ¿Quién fue la que dijo esto? Martha Hildebrandt. Esta señora es una mujer muy culta, muy preparada, pero tiene sus complejos que le hacen olvidar, así su apellido sea alemán, o griego, le hacen olvidar que es peruana. Y debería querer mucho al Perú. Y es congresista. Nosotros no somos patriotas, no somos políticos; nosotros somos tetelemeques, mequetrefes de la política. El 99 %, de historia del Perú, costumbres y principios, no saben pero ni donde están parados. Yo voy al congreso, y les hago un pregunta cualquiera de ellos, y no me responden.
Hay algo en lo que nuestra historia está equivocada, o mejor dicho los libros están equivocados. José de San Martin, ingresó al Perú en el año 1821, y sacó de la costa y de la capital a los españoles. Fue el primer presidente del Perú, segundo fue La Mar. Y en 1824 llegó Simón Bolívar ¿A qué? a hacer lo que había hecho con la Gran Colombia. el dividió a la Gran Colombia en dos países: Colombia y Venezuela. Y quería vender a los ingleses Panamá, para traer gente nueva y armamentos para pelear en el Perú. ¿Pelear qué? La Batalla de Junín y Ayacucho, donde se sacaron los residuos del ejército y militares españoles; que en vez de estar en la costa se metieron a la sierra, y allí se encerraron para defender ese territorio. Libertador de cinco países, ¿Cuáles son esos cinco países? ¡Los dividió! Porque vino al Perú, y lo primero que hizo fue: la capitanía de Quito, la dividió, y no sabiendo que ponerle, le puso Ecuador por lo de la línea ecuatorial; y cuando vino Sucre al Perú, independizó el Alto Perú, y le puso Bolívar, y nuestros nativos no decían Bolívar sino Bolivia. Y allí están los cinco países. ¿Y que ha libertado? ¿Cinco países? ¿O fregado a dos países? A Colombia en dos, y al Perú en tres. Chávez no sabe ni donde está parado. Pero dejemos a Chávez porque me da asco hablar de él, porque ese señor no sabe ni quien es el.
Yo hablo de mi tierra y de mi patria, porque me duele, soy un hombre ya viejo, he sido sindicalista, me fui de mi tierra, volví a mi tierra pensando de que iba encontrar un evolución, y no hubo evolución, encontré lo mismo que toda la vida. Después de 11 años regrese a mi tierra, pero ya estaba cansado de vivir solo en el extranjero, y me quede en mi patria. Pero nunca dejaré de ser peruano. Cuando regresé entré al Banco de la Nación, allí hice algo de labor, porque el gobierno de esa época entendía mi trabajo. Hice un poco de labor; barrí un poquito la basura de mi departamento, me costó que me amenazaran con matarme, o hacerme daño, y yo les dije: encantado, pero déjenme con mi terno de madera, porque si me dejan en una sillita de ruedas, comenzando de la madre que los parió, a cada uno de ustedes, van a ir muriendo tu familia. Les dije; y no van a morir de una enfermedad ¡no!, sino lentamente, porque si hay mafiosos aquí, yo también soy mafioso, y si a mí no me aceptan como soy, lo siento. Así que cuando ya amenacé de muerte, ya me dejaron de amenazar y de fastidiar. Pero pasé penas negras. Tenía la enfermedad de la vejes de mi madre. Tenía un sueldo que no me alcanzaba ni para comer. Porque lo viejos cuestan, y es algo que quiero manifestar en particular: Si tú no tienes plata y eres viejo, te pudres; y los que te quieren atender, sufren demasiado buscando cuatro reales para poder comprarte una pastilla. Pero Salí adelante, porque voy a decir algo: yo nunca le hice daño a nadie, y si esa vez tuve que denunciar, fue porque, me votaban de mi cargo y me mandaban a la cárcel, o los votaban a ellos”.
Siguen los encuentros con “Don Flaco”
“Al colegio “La Inmaculada” no iba cualquiera en ese tiempo, tu preguntas a un limeño de esa época; Inmaculada, Belén, San José de Cluny, La Recoleta; eran los mejores colegios. Después venía San Agustín, venía Santo Tomas de Aquino, venía Santo Toribio.
El señoriasgo limeño, difícil que vuelva a existir. Mi mamá, tres hijos ha criado, yo tenía cinco meses de nacido, la otros dos años, y el otro tres cuando falleció mi padre. A los dos meses, si vinieron mis hermanos a Lima con mi tío, el cuñado de mi mamá que estaba casado con la hermana menor de mi mamá, que eran mis padrinos de bautismo. Los cuatro se vinieron a Lima, porque no podían vivir en Iquitos y menos con la madrasta.
Nosotros en Iquitos, los cachacos de Iquitos, de allí de la comisaria, que estaba a la espalda de mi casa, y la cárcel estaba frente a mi casa, apostaban si me podían chapar. Porque yo usaba el pelo pelado, andaba descalzo. Yo tenía huerta con árboles frutales y me iba a las huertas de fuera de la ciudad, a robar fruta verde para comer con sal, y cuando nos seguían los perros, corríamos y les tirábamos las semillas a los perros. Y se iban a quejar: “El hijo de doña María, el negro, ese sinvergüenza se ha robado nuestras frutas”.
Un día me agarró uno, que le decían Sansón sin fuerza. Ese me tenía ganas porque yo me trompee con su hijo. “¿A dónde lo lleves, al hijo de doña María?” – “A la comisaria, a que lo castiguen” – “Pierdes tu tiempo, de la puerta el alférez te va a decir que le dejes”. Llegamos, y el alférez que estaba en la entrada sentado en una silla, “¿Qué pasa?” – “¿A quién buscas negro” – “Me ha traído este, no me quiere porque como me he trompeado con su hijo” – “No; ha estado haciendo palomilladas, ha estado robando fruta con otro muchacho, y le han pegado al perrito de no sé cuanto” – “¿y pa que lo has traído?” Mira clase, ese muchacho, no le traigas a la comisaria, pierdes tu tiempo, porque ese muchacho es hijo de doña María, y es la única mujer que le puede manejar a este” Me soltaban, y yo del filo de la vereda me burlaba y me iba corriendo. “Ya te he dicho” seguía diciéndole “a ese le dicen el señor de las tres palabrita”.
Y aquí en Lima también mis primos cuando vine en el año 35, de seis años mis primos me decían el señor de las tres palabritas, me fregaban pues, se burlaban de mi modo de hablar, de mi modo de ser chusco. Nos regresamos el 37 a Iquitos, y volví a venir de 15 años el año 44. Hice en el Hipólito Unanue, un colegio particular, hice quinto y sexto año de primaria. Luego este colegio pasó a ser nacional, entonces muchos de esos alumnos se pasaron unos a Guadalupe, y otros a colegios particulares. Entonces yo entraba a primer año de media, y me fui al “Santo Tomas de Aquino” de 15 o 16 años, era el más matoncito de todos los muchachos de primero de media. Como jugaba básquetbol me hice querer por lo curas.
Cuando terminé primer año de media, que me costó, porque tenía que ir y venir de Tingo María, porque tenía chacra allá; mi mamá decidió venir a vivir a Lima, entonces vendió la chacra y nos venimos a Lima. Y ahora a trabajar. Me metí a trabajar en la “Duquesa” tres meses. Una tienda que vendía telas en el jirón De la Unión, en la primera cuadra, junto a la botica francesa. Recomendado por una chica loretana. Tres meses duré. Le mandé ver a su abuela al jefe de personal. Entonces me metí a trabajar en “Terra” como conserje, y frente mío estaba el escrito de mi jefe próximo, y conversaba con él. Un día me dice: “Tú tienes algo, que aunque quieras disimular y esconder no puedes”, “¿Tu padre de donde era?” – “De la sierra” – “¿Tu mamá?” – “De Iquitos” – “¿Y que era él, Vega y Vega?” – “Si” – “¿Y tu mamá?” – “Sarria Mariátegui” – “¿¡Ah!, cómo!” – “Sarria Mariátegui, y mi abuela era Mariátegui, la mamá de mi mamá, y mi abuelo era Sarria Laiseca” – “¿¡Cómo!? Son apellidos antiguos limeños los Laiseca y los Mariátegui” y me tomó un cariño, y era solterón, y yo todavía medio muchachón.
De allí, deshicieron la compañía “Terra” ellos, que habían arreglado todo el malecón de Ancón, eso habían hecho ellos, también hicieron el puerto de Matarani. Y me dijeron que no me preocupara, porque yo no me quedaba sin trabajo; y me mandaron a “Sumerin” “Sociedad Mercantil Internacional”. “Pero de conserje no” me dijeron, porque yo escuché decir cuando me hicieron el traslado de trabajo: “La sociedad antigua limeña de abolengo, hay que ayudarlos” yo no era limeño. Y me fui de empleado.
¿Sabes cuál era mi trabajo” ir a los bancos y verificar datos, por ejemplo tú eras un ricachón que querías comprar unos camiones que traían ellos; y yo trabaja en el departamento de información de cuentas corrientes. Y allí me comencé a relacionar con todos los empleados del banco de Crédito, del Popular, del Internacional, y a todos les gustaban mis informes porque estaban bien hechos. Y un día me dice mi mejor amigo, que era medio pariente mío; me dice: “oye vamos a Pisco este fin de semana de carnavales, y nos vamos donde tu prima que es mi tía” Y nos fuimos, pero no encontré pasaje de regreso. Entonces mandé un telegrama, para que me esperan el martes en el trabajo, pidiendo permiso y que me disculparan. Y llegó el martes, me presento en el trabajo saludo al jefe de personal, y me dijo: “Oiga, que cosa se ha creído usted, para mandarme este telegrama grosero” pero no lo había dictado yo, lo dictó mi amigo, pero parece que el hombre que envió el telegrama, le agregó esas groserías. Y me siguió diciendo: “¿Qué se ha creído, pobre diablo muerto de hambre?” y yo enseguida le dije “Oye hijo de…” se me cayó la gramática a mi también. “Yo no soy un pobre diablo, ni un muerto de hambre”. Le dije, y él me dijo: “¡Está usted despedido!”. Entonces me fui donde mi amigo, cuando le llamé a mi madre, mi madre se puso a llorar, ya no era empleado.
Mi amigo tenía un vecino que era ecuatoriano hijo de italianos, que trabajaba en el banco de Crédito, y a mí me conocía porque yo iba a sacar datos del banco. Entonces este señor le dijo a mi amigo: “Dile a Mario que no se preocupe que yo le voy a dar todos los informes para ver como son los exámenes para ingresar al banco de Crédito”. Di mi examen, y no tuvo ninguna falla. La persona que reviso el examen y en la entrevista me dijo: “Excelente, yo lo tomo, pero lo tomo de conserje”, y le dije que no, “ya fui conserje, y ya no quiero ser conserje, quiero ser empleado, ya he sido empleado” Por referencias de un medio hermano, me dijeron que yo podía ser un buen empleado y que no querían perderme.
La persona que me entrevistó para este trabajo en el banco de Crédito me dijo: “Un detalle, ¿Usted puede conseguirme tres cartas de recomendación de personas visibles, y conocidas, social, económica e intelectualmente reconocidas en Lima?” – “Si señor” le dije.
Mi amigo y yo fuimos a hablar con mi confesor que era un sacerdote reconocido. Mi confesor me hizo recordar que había trabajado con dos personajes también importantes. Me dijo que uno de ellos me quería mucho, y el otro no sabía. Y me dijo: “No te preocupes, anda almuerza, regresa, y vamos a ver”.
Cuando regresé me dijo: “Mira, tu, te vas ahorita, donde uno de ellos, que vivía en la Av. Arequipa, y, después te vienes acá” Voy a la casa, toco el timbre y sale el portero, pregunté por él señor, y el portero me dijo: “Pase que le está esperando”, en cuanto entre, la persona que buscaba, me vio y me dijo: “Te estaba esperando, vamos a tomar desayuno” y me siguió diciendo: “¿Así que te han votado de “Somerin” y te has olvidado de mi?” siguió diciendo “Señorita, hágame una carta” yo lo interrumpí y le dije “Me han pedido que la carta sea manuscrita” – “¡Ah!, si alguien puede leer mi letra, bueno”
Luego fui donde la segunda persona para que me diera la segunda carta, y cuando me la entregó en ella, puso que yo era su hijo espiritual y me recomendaba con toda garantía.
“Cuando regresé donde el sacerdote, mi consejero espiritual con las dos cartas, el desgraciado de su secretario me dijo: “No, no te puede recibir, acaba de llegar y está muy ocupado” – “Es urgente, el mismo me ha dicho que venga hoy día a cualquier hora” le dije. “NO” me dijo. Me metí al zaguán, del zaguán me fui al patio, y me fui a la mampara, y toqué la mampara, “Bon, Bon, Bon” – “¿¡Quien es!? – “Monseñor soy yo” – “¿y porque no entras por la puerta?” – “Porque su secretario no me deja pasar” se fue me abrió la mampara y me hizo pasar. “¿Qué traes?” – “Las dos cartas”, y me dijo “Aquí está la mía” me queda mirando y me dice: “Voy a pecar, por tu culpa, y todavía doble culpa, porque te voy a enseñar a mentir y a pecar” siguió diciéndome: “¿Tu sabes que significa la palabra hijo espiritual? Quiere decir que tú eres ahijado. Estoy pecando y tu también, porque es una mentira, pero hay que salvar la situación”
Fui al Banco de Crédito, ya era hora de salida para ir a almorzar, llego al quinto piso, y una de las secretarias me dice: “¿Usted otra vez?” – “Si” – “¿Y trae las cartas?” – “Si”, entonces le comunica a su jefe que yo había llegado con las tres cartas un poco asustada y este le dice: “¿¡Cómo!?” Me hizo pasar, levanta las cartas y ve el sello del arzobispado, -“Muy buenas cartas, y muy buenas recomendaciones”- y abrió la carta en la que me calificaban como ahijado y me dijo: “¿¡Como no me dijo, que era ahijado de este señor!?” resulta que este señor era primo hermano del presidente del directorio, y accionista del Banco de Crédito.
Después de trabajar en el banco un año, me nombraron. Yo debía de haber pasado tres meses sin nombramiento, porque entraba con un sueldo muy alto debido a las cartas. En ese entonces el sueldo era trescientos soles, y yo entré con quinientos cincuenta, más cien soles, de bonificación. A los seis meses me dieron el puesto de registro de caja, y esa bonificación pasó a ser parte del sueldo, entonces pasé a ganar de sueldo 650 soles. De registro de caja, me pasaron a Canje, y fui uno de los primeros en el Perú que manejaba una maquina de IBM que metían en los bolsillos de cada Banco. Tu recibías una entrega de 50 cheques, y de cuatro cinco bancos, cambiar de bolsillo, y al final, el total de todos esos bolsillos te tenía que dar, el total general de la entrega, pero ya separados por bancos. Y cuando se atracaba un cheque, o no cuadraba, abrir por el costado y buscar en las cajitas. Eso fue en Canje, de allí me sacaron y me llevaron a contabilidad, y fui volante. Diez años trabaje en el Banco de Crédito”.
“Cuando yo vine a Lima la primera vez en el año 35, Lima no llegaba a un millón de habitantes, 800 mil habitantes tendría. Lima terminaba donde estaba la Plaza Grau, con el tranvía a Chorrillos, y donde está la Plaza Bolognesi con el tranvía al Callao. Todo era carreteras comerciales, y pequeñas granjas, de ganado, de pollos, hasta el Callao. Y hacia Barranco y Chorrillos eran chacras de cultivo. Lince tiene 78 años de fundado; lo que existía era Santa Beatriz.
En diversiones, había: Pelea de gallos en Sandia, por el Parque Universitario, la calle Sandia. Había la corrida de toros, carrera de caballos, carrera de perros. Había en donde está el Country Club, allí jugaban polo a caballo. Había un señor que montaba caballo y jugaba polo a las mil maravillas, Un señor de apellido Pastor, pariente del señor Beltrán. Un hombre muy rico norteño. Había exposiciones de caballos de paso, donde iba la gente que tenia plata y que tenían caballos.
Lima era una ciudad muy bonita, tenía muchas diversiones. Los carnavales eran una cosa incomparable, con las reinas, los desfiles. Ahora una semana santa en Lima, era una semana santa. Las mujeres se vestían de negro con mantillas de chantillí, y su abanico, elegantes de negro. Los hombres iban de negro o azul, con corbata negra y camisa blanca a misa. Era un luto moral.
Lima ha perdido mucho esa belleza señorial, ese arte, de gente con mucha cultura, con mucha preparación. No se usaba mucho la palabra “Señor” se usaba la palabra “Caballero”. A las mujeres “Madame” o “Señoronas” había mucha simpatía entre las personas, no había odio. Había amor. La gente del extranjero, le llamaban la ciudad cucufata, o beata. Porque había mucha gente que paraba todo el día en las iglesias.
Ahora tu tenias una cosa, venían de afuera, y querían conocer iglesias, y habían días de la semana que como si fueras tu un turista extranjero, te permitían entrar. Yo era un muchacho cuando entré, tendría pues 17 años 18 años. Entré a las catacumbas de San Francisco. Y en mi vida que he viajado, he vuelto a ver una cosa así. Eso es una cosa un poco fuerte, pero, te enseña ¿no?, de que siempre ha habido errores.
Dicen ciertas personas, que la catedral de Lima iba a ser San Pedro. La Iglesia de los Jesuitas; por eso tiene los altares en pan de oro, bellezas, y al lado hay una capilla. San Pedro tenía dos puertas, y pidieron permiso al Vaticano para poder tener tres puertas, porque solo las catedrales tienen tres puertas”
Escuchar a “Don Flaco” en lo particular para mí, es completamente emocionante. Emocionante porque creo que hay detalles que él me cuenta, que de repente no están registrados en ningún sitio. La experiencia personal de lo vivido en aquella época, le da ese toque particular de haber visto todo eso que pasó. Y honradamente no creo poder encontrar estos detalles en libros ni crónicas de la época.