SEMANA NACIONAL DE LITURGIA
Los días 2, 3, y 4 de Agosto del año 2005 se llevó a cabo la ‘Semana Nacional de Liturgia” en el colegio de Jesús, de Lima Metropolitana. La ponencia estuvo a cargo del padre: Juan María Canals, cmf. Director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Liturgia. España.
El tema que se trató aquella vez fue: ‘La Eucaristía Don de Cristo a su Iglesia”, y como agente pastoral de mi parroquia, asistí a este evento, y como de costumbre, grabadora en mano, me dispuse a grabar todo el evento.
A continuación la trascripción de las cintas magnetofónicas al pie de la letra.
Primer día.-
Nosotros los sacerdotes hemos de saber transmitir a los participantes, el Espíritu de la Iglesia, y el gran misterio que celebramos. Estos tres días como pueden ustedes ver en el programa, vamos a tratar hoy que es el año de la Eucaristía, con sus documentos y sus consecuencias, después esta misma mañana hablaremos de que Eucaristía es un encuentro. Con unos datos de la Escritura del Antiguo y Nuevo Testamento, y el encuentro con el Señor lleva consigo un cambio en nuestras actitudes. Si la Liturgia y la Eucaristía es el encuentro ¿Con quién nos encontramos? Y es precisamente esa presencia de Cristo. Y nos centramos en la presencia de Cristo en la Eucaristía, bajo unos signos: asamblea, ministro, palabra y sacramento.
Como indica el numero 7 de la Constitución de Liturgia. El toro tema es: si nos encontramos con Cristo ¿Qué día es especialmente el día del encuentro?, ¿Y el día de la Eucaristía? Es el domingo. Y será ese otro tema que vamos a reflexionar, pero siempre desde la perspectiva eucarística. Pero el Señor está presente porque la iglesia guarda a este Señor, y lo guarda en el Sagrario. ¿Cuál va a ser nuestra relación en la exposición del Santísimo?, ¿Cuan va a ser nuestra actitud ante El cómo orantes y odorantes?, esto es digamos la perspectiva de los tres días que desarrollaremos.
Comenzamos con el año de la Eucaristía.-
La Eucaristía, don de Cristo a su Iglesia. Además del tema y el esquema podemos encontrar unas fichas de reflexión, y unas fichas de texto, unas fichas de bibliografía, con la finalidad de abonar y reflexionar en unos textos bíblicos para poder continuar esta lectura atenta, profunda, don ello empezamos los preliminares.
El próximo mes de octubre se terminará el año de la Eucaristía, con el Sínodo sobre la Eucaristía. Ha pasado un año desde que el Papa Juan Pablo II, lo anunciara, el día 13 de Junio del año pasado durante la celebración de la solemnidad del Corpus Cristi. El año Eucarístico va transcurriendo en todo el mundo católico con interés. Las Diócesis han organizado conferencia, retiros, cursillos, sobre la Eucaristía. Las parroquias se han comprometido a mejorar la celebración litúrgica Eucarística, siguiendo el consejo del Papa. A nivel personal se ha observado un interés en mejorar las celebraciones Eucarísticas, con una participación más activa y sobre todo con un compromiso más evangelizador. Se han publicado en este año muchos libros, y se han escrito muchos artículos sobre la Eucaristía.
El año Jubilar del 2000 fue un año de gracia, este año también es un año de gracia para toda la Iglesia. Es un año no tan espectacular, la gracia no se mide por los signos externos, sino por los internos. Por otro lado, han pasado 40 años, del inicio del la reforma litúrgica, toda la reforma ha sido un don de dios a la iglesia. Si miramos atrás y el presente, observamos que las celebraciones litúrgicas son mucho más participativas.
Los años del Posconciliar han dejado una experiencia muy positiva, pero queda todavía mucho camino a recorrer, para que la Eucaristía sea de verdad el centro de la vida cristiana. Hoy se habla de la cultura Eucarística, que necesitamos asimilar, y dar a conocer. La pastoral tiene un reto, y nosotros una obligación de revisar nuestra participación en las celebraciones eucarísticas y nuestra vida eucarística.
La Eucaristía es el río de agua viva que brota del costado abierto de Cristo en la Cruz.- y ese rio riega el corazón del al Iglesia con la Palabra y los Sacramentos. La eucaristía acción de gracias, por esta esencia como lo indica su propio nombre. La Eucaristía tiene la fuerza de infundir en el corazón cristiano la espiritualidad Eucarística, y de convertir al cristiano en un surtidor eucarístico, y hacerlo un defensor de la cultura eucarística. Para que sea así, es preciso de quien participa de la celebración no se quede en barniz, en la superficie de la celebración, sino que debe vivir el misterio que se celebra. El Misterio es un don de Dios a la Iglesia, y el que vive el Misterio alcanza a beber el agua viva, y sacia plenamente la sed. Muchos cristianos están junto a un rio d agua viva y dejan que pase el agua. No saben o no quieren acercarse a esta agua viva, y dejan que trascurra. Otros en cambio excavan hondos pozos en tierras lejanas para saciar su sed, o construyen cisternas agrietadas para guardar el agua, y el agua se va perdiendo, y queda vacía la cisterna. Tenemos un ejemplo: La samaritana va al pozo en busca de agua, y encuentra la fuente de agua viva.
La Iglesia vive la Eucaristía, desde sus orígenes. En ella encuentra la razón de su existencia, la fuente inagotable de su santidad, la fuerza de la unidad, y el vinculo de la comunión, el impulso de la vitalidad evangélica, y el principio de la acción evangelizadora, el manantial de la caridad, y pujanza de la promoción humana. Es además el anticipo de su gloria en el banquete eterno de las bodas del Cordero. Pero no es suficiente leer sabios libros que hablen y te expliquen lo que es la Eucaristía, tampoco valen grandes discursos a un alto nivel intelectual sobre el Misterio eucarístico. Lo importante es creer en Él, y vivir lo que se cree.
En la ciudad de Cafarnaúm muchos judíos escucharon las Palabras de Jesús, y dijeron que su lenguaje era duro, que la fe de Pedro al confesar: Tú tienes palabra de vida eterna. Los grandes doctores de la Eucaristía argumentan, explican e intentan que sus oyentes comprendan lo que es la Eucaristía, y sin embargo terminan afirmando que es Misterio, y un Misterio de fe. Se llega al Misterio por la fe, y esa fe nos hace comprender lo que es y lo que significa la Eucaristía. A la luz de la fe, en el Misterio de la muerte y resurrección de Cristo se conoce, se celebra y se vive la Eucaristía. Es necesario verificar si la ley de la oración corresponde a la ley de la fe, es decir preguntarse ¿En qué, y como vive el pueblo de Dios para que la Eucaristía pueda ser cada día mas fuente y cumbre de la vida y misión de la Iglesia? Y que cada uno de los fieles mediante la liturgia, la espiritualidad, y la catequesis, en los ambientes culturales, sociales y políticos, viva su fe.
El Papa Juan Pablo II, nos ha dejado una testimonio eucarístico. Los últimos, los comentaremos brevemente. No solo nos ha dejado una herencia Eucarística, sino, también las líneas de actuación sobre todo este año de la Eucaristía, lo hemos visto celebrar la Eucaristía en las grandes concentraciones, no solo en la Plaza de San Pedro, sino, por todo el mundo. Se ha elogiado su capacidad comunicativa, esta capacidad no era artificial, se le veía sumido en oración durante toda la celebración, de una manera especial se percibía su actitud de contemplación en la celebración cotidiana en su capilla domestica. La proximidad permita captar esta situación de abstracción orante y odorante que impresionaba a los presentes. Impresionaba incluso los momentos de silencios largos y muy expresivos, sobre todo después de la proclamación del Evangelio. Eran silencios celebrativos que iban precedidos de silencio de antes de la celebración. Verle arrodillado en el silencio ante el altar, estaba sumido plenamente en una adoración profunda.
Juan Pablo II, no es un testimonio superficial, sino un ejemplo para todos los cristianos, sacerdotes y fieles, para que aprendamos a vivir la Eucaristía desde el gran Misterio que celebramos, pero a la vez, es un gran maestro que nos ha ido conduciendo a ese gran Misterio que él ha vivido tan intensamente, es un recuerdo del Papa Juan Pablo II, y un ejemplo a imitar en nuestras vidas.
La Eucaristía el Don más preciado.- En muchos documentos del Papa Juan Pablo II, presenta al Eucaristía como el Don más preciado que tiene y guarda la Iglesia, que es el mejor Don que Cristo ha dejado a su Iglesia. Podemos mencionar algunas de las frases del Papa: “La Eucaristía, presencia salvadora de Jesús en la comunidad de los fieles y su alimento espiritual”, “Es el Don más precioso que la Iglesia puede tener en su caminar por la historia”, “Es el Don por excelencia, porque es Don de Si mismo, de su presencia en su santa humanidad, y además de su obra de salvación”, “La Eucaristía es la culminación de todos los sacramentos”
La Iglesia siempre ha creído esta verdad con gozosa gratitud, una verdad que se remonta al mismo Cristo. ¿Qué más puede hacer Jesús por nosotros? Su vida una epifanía constante del amor del Padre a los hombres. La Eucaristía muestra el amor de Cristo que llega hasta el extremo de dar la vida por el hermano. El amor que le hace permanecer sacramentalmente. La eucaristía es el Don más preciado que le ha concedido a su Iglesia, es un Don, un regalo permanente para todas las generaciones, hasta que vuelva, no es un Don circunstancial, y no es para personas concretas, una raza, lengua o color, es un Don puesto sobre la mesa redonda del mundo, y toda la humanidad está invitada al banquete del amor.
La Eucaristía, auto donación de Cristo a la Iglesia.- Cuando se nos da un regalo, un Don, se acepta, no se rechaza, se da gracias por él. La Eucaristía es la auto donación de Cristo a la Iglesia. Esa Eucaristía que es celebrada, y que es guardada. Se da gracias a Dios Padre, y se da gracias porque hemos de agradecer ese Don que Él nos ha concedido.
Ir a la Eucaristía, es ir con la manos como cuencos, manos vacías para que las llene con ese Don eucarístico en nuestras manos. No podemos ir a la celebración de la Eucaristía sin poner nuestras manos juntas para recibir ese Don eucarístico.
En este año de la Eucaristía, los cristianos se han de comprometer más decididamente a dar testimonio de la presencia de Dios en el mundo, no tengamos miedo, palabras que tantas veces la ha dicho el Papa Juan Pablo II. No tengamos miedo de hablar de Dios, ni de mostrar los signos de la fe con la frente bien alta. Somos cristianos, somos católicos. La cultura de la Eucaristía promueve una cultura de dialogo, y une los corazones de los hombre y de las mujeres.
La Iglesia agradece el Don eucarístico recibido.- El agradecimiento es respuesta, es respuesta a la auto donación de Cristo. Participar en la Eucaristía, no es solo decir gracias, te damos gracias, realmente es justo y necesario darte gracias, como rezamos en el prefacio, es participar teniendo un corazón agradecido, no cuando comienza la plegaria eucarística, sino que desde el principio, desde el inicio de la celebración. Nuestro corazón debe ser un corazón agradecido a ese Don que él nos ofrece, y que nosotros vamos a participar. La gratitud es la respuesta más profunda e intima que puede darse al Dios de la Pascua, no somos nosotros lo que hemos ganado la salvación, sino, Dios es que nos ha ofrecido gratuitamente por amor esa salvación. Toda la Eucaristía es acción de gracias, pero principalmente la plegaria eucarística, es la culminación del agradecimiento. Desde que empieza el prefacio vamos diciendo gracias, por ese Misterio, es justo y necesario.
Los últimos documentos sobre la Eucaristía.- Podemos afirmar y decir que es la fachada del inicio del tercer milenio, la palabra Eucaristía. Nunca en tan poco tiempo se han escrito tantos documentos que hablan de la Eucaristía, llevamos 5 años de siglo y son 6 documentos que hablan de la Eucaristía desde diversos ámbitos. Vamos a hacer un remen de estos documentos, para que los podamos leer con atención y con reflexión.
El día 10 de Abril, la tercera edición del Misal Romano.- Aunque después fue publicado en el año 2002, la publicación de un libro litúrgico, constituye sin duda un evento de fundamental importancia en la Iglesia Latina. No solo desde la perspectiva litúrgica, sino también desde la teología, la espiritualidad y la pastoral. Cada texto litúrgico impreso, es expresión globalizante de la exórnate y de la lexclemen. Es decir una Iglesia que invoca, alba y vive y da gracias a Dios.
Lo que la Iglesia ora, es lo que la Iglesia cree. El Misal Romano, brinda a toda la Iglesia una magnifica ocasión de renovar el arte de celebrar, y de identificar la celebración activa. El Misal no solo es un libro guía de la celebración, sino, también nos hace ver el sentido de pertenencia a la Iglesia, son dos ideas clave.
Si el domingo va perdiendo su valor, su sentido, la Eucaristía del domingo entonces se va perdiendo la intensidad cristiana, y se va perdiendo el sentido de pertenencia a la Iglesia. El Misal es una fuente viva de espiritualidad, y a la vez una maestra que nos enseño a orar lo que creemos, y lo que creemos oramos.
Cuantas veces en las clases en Madrid, se enseña a orar a los que se comprometen a la vida consagrada, a los seminaristas, en la parroquia, con unos métodos, pero siempre me pregunto ¿Se enseña a orar litúrgicamente? Y esta es una de mis preocupaciones. Hasta que no se enseñe a orar litúrgicamente, no entraremos de lleno a descubrir lo que es la liturgia de la Iglesia Católica, porque toda celebración litúrgica es oración. Buscamos libros de oración. Para un cristiano el gran libro de oración es el Misal. La liturgia de las horas, es el gran libro de oración. Muchas veces ni los abrimos para orar. Si buscamos otros libros, está bien, pero no olvidemos que la espiritualidad litúrgica es la espiritualidad propia de todo bautizado. Son libros que hay que usar, la oración privada y la oración comunitaria, son los libros oracionales por excelencia de la Iglesia.
Segundo documento: La Encíclica del Papa Juan Pablo II “Ecclesia de Eucharistia”.- El 17 de Abril del 2003. La Encíclica muestra armoniosamente dos realidades, dos temas, del Misterio: La Eucaristía y la Iglesia. Uno y otro forman una sinfonía armoniosa, no se puede entender el uno sin el otro, entre ambos hay un causalidad reciproca, de modo que la Iglesia hace la Eucaristía, de ahí que si no participamos en la Eucaristía, no se está construyendo la Iglesia, de ahí la importancia de esa cultura eucarística, es necesario encarnarla y expresarla, dando testimonio.
El documento tiene una doble intencionalidad, por una parte el Papa pone en relieve la belleza propia del Misterio eucarístico, ya que estamos nosotros sumergidos en un mundo de números, en un mundo de lo concreto, y quizás no sabemos percibir la belleza de la naturaleza, de las mismas personas que encierra una gran belleza, pero eso nos tiene que llevar a un Misterio.
Por otra parte, el documento subraya las sombras que oscurecen y desfiguran este Misterio. Juan Pablo II, quiere que la Eucaristía celebrada y vivida por la comunidad cristiana, resplandezca al Misterio en todo su esplendor. La Iglesia vive y crece con la Eucaristía, en consecuencia si no se participa plenamente en la Eucaristía, la Iglesia no crece y va languideciendo.
El tercer documento, en una instrucción que se llama: “Tedemptionis sacramentum”.- Es un documento de la Congregación para el culto divino y de la disciplina de los Sacramentos, publicada el día 25 de Marzo del 2004.
En la Encíclica Ecclesia de Eucharistia, en el número 52, el Papa lamenta la arbitrariedad y los abusos que se comenten en la celebración eucarística, y pide que se prepare un documento mas especifico sobre el particular. Se trata de una instrucción de carácter, que no pretende ocuparse de todo punto eucarístico de la doctrina, sino que recopila la normativa vigente y que están en los libros litúrgicos, y subraya algunos aspectos que deben ser observados, y que se debe evitar algunos abusos en la celebración.
El año de la Eucaristía concretamente, está marcado entre la celebración del Congreso Eucarístico Internacional de Guadalupe, y la Asamblea General del Sínodo de los Obispos que se celebrará el próximo mes de Octubre en Roma. El tema es “La Eucaristía, fuente y cumbre de la vida, y la Misión de la Iglesia” Es un tiempo para vivir la Eucaristía con mayor intensidad. La Eucaristía actualiza el Misterio Pascual del Señor entre nosotros, para que lo asimilemos, nos configuremos con El. Palabra clave, si nosotros vamos a la celebración de la Eucaristía y salimos sin haber muerto y resucitado con Cristo Misterio de Pascua, entonces ¿Qué hemos hecho en la celebración? Siempre hemos de salir de la celebración habiendo muerte algo, que no es evangelio en nuestra vida.
Hay que dar sentido festivo a la celebración, pero entre comillas “un poco folclórico” pero si la fiesta está dentro y sale, evidentemente entonces aquello tiene un gran valor, pero si la fiesta es superficial, si es barniz, si es solamente aparato externo, nos hemos de interrogar si al salir de la celebración hemos muerto y resucitado con Cristo, aunque sea una cosa mínima de nuestras actitudes humanas, cristianas. Pero al morir hay vida, hay resurrección, hay alegría, hay fiesta, o sino ¿Qué hemos hecho en la celebración? Pero nos tiene que hacer pensar y no solo pensar sino también actuar. De aquí que por lo tanto que la Eucaristía actualiza el Misterio Pascual del Señor entre nosotros, para que lo asimilemos, nos configuremos con Él, y nos haga comunidades visiblemente pascuales, personas pascuales.
En este año de la Eucaristía, encontramos dos documentos “Mame Nobiscum Domine” Con este título, el Papa Juan Pablo II, a escrito su Carta Apostólica fechada el día 7 de Octubre, día de la festividad de Nuestra Señora del Rosario, y dirige la carta a los Obispos, al clero, y a los fieles de la Iglesia, con motivo del año eucarístico. El hilo conductor de este documento es la historia de los dos discípulos camino a Emaus. Los dos discípulos invitan al compañero de camino, que se quede con ellos, no lo conocen, pero en el camino se había despertado en su corazón la esperanza. El Papa con esta carta quiere dar un impulso mas a la Iglesia, para que abra su corazón a la luz de la Palabra, y descubra siempre a Jesucristo en la fracción del pan, quiere que toda la iglesia se fascine ante el Misterio de la Eucaristía, y se comprometa por la irradiación de la Eucaristía, a la construcción de una humanidad más solidaria y más humana. La Eucaristía crea esta solidaridad.
Un ateo le dijo a un creyente: si yo pudiera creer que en la Eucaristía está Cristo el Hijo de Dios con vosotros, creo que caería de rodillas y no me levantaría jamás” Palabras de un ateo, ¿y nosotros creyentes?
El ícono de los discípulos de Emaus, nos viene a acompañar durante todo el año Eucarístico, pero también toda la vida, no puede ser un ícono pasajero, pasado el año de la Eucaristía necesitamos la proclamación de este y para siempre. Jesucristo es siempre compañero de camino, escucha nuestras dudas, y nos enseña para que comprendamos la escritura y abre nuestros corazones a la esperanza, al Misterio de Dios.
Todos los días y principalmente los domingos, la Iglesia hace camino de Emaus ¿Cómo hacer camino de Emaus en el día de la Eucaristía? La Iglesia que comparte la Palabra y parte el pan, El se queda entre nosotros en presencia sacramental y real, para que nosotros salgamos a su encuentro. Muerto Jesús en la Cruz, los discípulos se dispersaron y una vez resucitado vuelve a congregar. El tiene que reunirlos otra vez para confirmar su fe y enviarnos a ser mensajeros y testigos de su Palabra, y de su resurrección. El Señor, también hoy reúne a los católicos en el domingo. Porque quiere confirmar su fe, para que crezcan en esa fe, y quiere que escuche su Palabra, que ilumina, y quiere que su pan eucarístico sea partido y compartido, sea sacramento y presencia. Quiere que cuando salgamos del cenáculo semanal, demos verdadero testimonio de su fe en el ambiente de indiferencia, es el gran milagro de la Eucaristía. El Papa recuerda que el domingo es sobre todo el día de la Eucaristía, que se participa plenamente.
El otro documento “Año de la Eucaristía” Sugerencias y propuestas para este año. La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, a publicado un documento, en el que ofrece a los pastores, a los agentes de pastoral, sugerencias para expresar y vivir el año de la Eucaristía. El testo quiere impulsar en toda la Iglesia el Espíritu Eucarístico, y mejorar las celebraciones principalmente el domingo. El documento es como un subsidio, que invita a las Iglesias Particulares a secundar el deseo del Santo Padre, y sugiere un abanico de posibilidades para que cada una de las entidades siguientes que menciona. el documento, actúa durante este año. Así habla de las Conferencias Episcopales, de la Diócesis, de la Parroquia, de los Santuarios, de los monasterios, de las comunidades religiosas, de los seminarios, de las casas de formación, asociaciones y movimientos católicos.
Ahí encontramos muchas sugerencias. Hay una parte de doctrina y la otra parte de sugerencias, con el Año Litúrgico ¿Estas sugerencias, hay que cumplir por ejemplo en la Parroquia? No. Son sugerencias. Ahora que la parroquia se comprometa a dos o tres sugerencias, las que les interese mas, la que la comunidad parroquial vea que son necesarias para su comunidad, y las viva domingo a domingo, porque si queremos abarcar muchas sugerencias, no hacemos nada.
Entonces pondremos en práctica los deseos del Santo Padre para este año, y para los años siguientes. Ahí encontramos evidentemente un sin fin de sugerencias y muy practicas, muy orientadoras. Todos esos documentos. Evidentemente todo un sin fin de sugerencias y muy practicas, muy orientadoras. Todos esos documentos evidentemente son el gran testamento del Papa Juan Pablo II, a la Iglesia Católica.
El misal es el libro clave para la celebración de la Eucaristía.- Todavía no ha sido publicada la traducción de este libro en la lengua vernácula, generalmente las conferencias están trabajando. Es un libro oracional y como tal es necesario que lo sepamos manejar, estudiar, vivir, celebrar y comprometernos ha hacer que la Iglesia crezca constantemente.
El libro del misal, tiene diversas partes. Primero tiene los documentos de aprobación, después está la Ordenación General del Misal Romano. Este documento práctico para la celebración de la Eucaristía, ese documento que usamos hoy que está sobre el Altar.
En la tercera edición del Misal en latín, ese documento ha surgido unas variaciones, se han introducido cosas nuevas, se han especificado algunos ritos, se han eliminado también otras cosas. Con la experiencia de los años Posconciliares. Es un documento que recomiendo en los grupos de las parroquias, de leerlo con mucha atención, no es solamente un documento disciplinar de normas, siempre hay una frase una palabra que nos dé la clave teológica de cada momento litúrgico.
Pero vemos que hoy día se corre la idea de un nuevo Misal, una nueva Ordenación General del Misal Romano, y eso se extiende en revistas, en artículo, en propaganda, etc. Y no sé uno nuevo, sino que el Misal de la tercera edición en latín y la traducción que vendrá en las lenguas vernáculas, solamente se le introduce unos elementos nuevos, se ha reestructurado algunas partes, sobre todo para las misas de diversas circunstancias, con la experiencia de 40 años.
Pero el documento base es el que salió el año 1965, con el Papa Pablo VI, es lo que la Iglesia a orado siempre, y lo que la Iglesia cree, tiene una tradición muy antigua y se ha ido modificando, introduciendo algunos elementos.
El Misal es un libro muerto, está en la Sacristía, está en el Altar, es un libro que está escrito y nada más. Ejemplo de un signo litúrgico: el incienso, y el fuego. Es necesario juntar el incienso con el fuego para que se eleve el humo y el perfume, exactamente pasa con el Misal, nuestro corazón es el fuego, y el Misal es el incienso. Por eso que en nuestra liturgia romana latina, el incienso siempre es un signo de oración hacia el Señor. Debemos saber ver el Misal, y también la Liturgia de las Horas, ver lo que es esta escritura. Es una letra, pero esta letra necesita vida, necesita del corazón, necesita todo nuestro ser, o si no es letra muerta.
El misal hace posible que se celebre el Misterio Pascual de Cristo. Sin Misal no podemos celebrar. El Misal es necesario que lo usemos antes de después de la celebración no durante la celebración. Antes para prepararnos, porque realmente lo que hacemos es preocuparnos, tenemos que saber acercarnos a esos textos litúrgicos.
Recuerdo que cuando comencé a estudiar Liturgia en San Anselmo – Instituto Litúrgico Pontificio – el profesor nos dijo, hagan comentario de una oración, peor ¿Qué pasó?, que decíamos muchas cosas, y lo que decía la oración no lo decíamos. La reflexión, ir meditando poco a poco, repitiendo, es lo que va haciendo que nos centremos en aquello que dice la oración, y no aquello que nosotros queremos decir, y entramos en otro concepto de lo que es la objetividad de la Liturgia.
A veces vamos a la celebración litúrgica, desde un sentido subjetivo. La espiritualidad litúrgica tiene sus libros, esos libros son los libros litúrgicos, principalmente son los que usamos cotidianamente. El Misal, y la Liturgia de las Horas, es el andar con los pies, la devoción y la Liturgia.
Instrumento de Comunión.- Es esencial, fundamental, pero la comunión hay que entenderla. Comunión con lo invisible y comunión con lo visible, es decir, en la celebración eucarística nos unimos con Dios, por medio de Cristo en el Espíritu Santo, haya un comunión entre el hombre y la mujer, que participan con relación a cada una de las tres personas de la Trinidad, es la comunión invisible y esto es necesario. Pero hay también una comunión visible, es el crear una comunión entre los que nos hemos reunido, y después ser testimonio de comunión en nuestra vida cotidiana. Un cristiano nunca puede crear división, nunca puede crear marginación o separación, si vive la Eucaristía, ahí aprende a vivir la comunión, y la comunión es común-unión. Generalmente la comunión es la expresión que aplicamos para comulgar uniéndonos con Cristo Sacramentado.
La ministerialidad al servicio del Misterio eucarístico.- Es decir todos los ministerios que se desarrollan en la celebración, están al servicio del Misterio, todos sea el Presidente, Diacono, acolito, los lectores, los que sirven al altar, están al servicio del Misterio, y por lo tanto ayudan a que la celebración salga lo mejor posible ¿Por qué? porque es un Misterio que encierra en sí toda belleza y hemos de celebrar con decoro, con estética religiosa, con un sentido digno de adoración.
Las formas exteriores al servicio.- También en relación al canto. Un canto de entrada, no es lo mismo que un canto de comunión, cada canto tiene su lugar, y su función concreta, entonces todo lo que es y lo que llamamos, el lenguaje verbal, y el lenguaje no verbal. El lenguaje no verbal son los gestos, los signos, los símbolos, las posturas, etc. Todo esto forma la celebración litúrgica, y la celebración es la Epifanía de la Eucaristía, es la manifestación de la eucaristía. Todas estas formas exteriores están al servicio del Misterio.
Si un canto no ayuda a vivir el Misterio, ese canto no sirve para la liturgia. Un gesto, una procesión, una palabra, tiene que ayudar a vivir el Misterio, sino son cosas inútiles, entonces si lo hacemos así un mero cumplimiento, entonces decimos la palabra “cumplo y miento” La exterioridad de la celebración tiene que entrar a la raíz a la profundización.
La belleza de la celebración eucarística.- Con la sencillez que la celebración se haga con toda dignidad, hay que proclamar la Palabra de Dios con humildad, si hacemos el signo de la Cruz, hay que hacerlo, y no como algunas veces se: (hace la señal rápido, risas) Y se hace una inclinación bien hecha, una genuflexión bien hecha, por eso se habla incluso del arte de celebrar. Se está preparando ya, un documento en la congregación del Culto Divino, del arte de celebrar, es mejorar la celebración en todos sus aspectos. No podemos despreciar algo que la Iglesia a determinado, no poner dificultades para que la celebración sea cada día mejor. Un sentido de hacer lo que la Iglesia manda, pero la Iglesia no manda y ordena, así por así, porque cada elemento que está en la celebración eucarística tiene su sentido, tiene su teología, tiene su razón de ser.
La Eucaristía, encuentro de Dios con los fieles cristianos.- Nos preguntamos muchas veces ¿Por qué, las celebración eucarística no compromete mas la vida de la Iglesia, en la vida de los cristianos?, ¿Por qué, no son nuestras Eucaristías atractivas para muchos cristianos, que poco a poco han ido dejando la practico dominical?, ¿Por qué las sectas atraen a muchos fieles cristianos que abandonan las prácticas cristianas? Son interrogantes que nos pone a pensar en este año de la Eucaristía. Las interrogantes son muchas y muchas las respuestas, pero creo que todavía hoy a los 40 años de la revolución litúrgica, nos falta un entusiasmo interior, que se exprese al exterior.
El refrán litúrgico que dice “celebre lo que viva, y viva lo que celebre” quizás todavía no hemos conseguido que la vida cristiana sea un prolongación de Eucaristía, y que la Eucaristía sea el centro de toda nuestra vida. Si al salir de la Eucaristía hiciéramos una encuesta y preguntáramos ¿Cómo ha participado en la Eucaristía?, ¿Qué es lo que le impresionó más?, ¿Se ha encontrado con el Señor?
Recuerdo una vez, en un colegio había un coro del colegio, cantó maravillosamente bien, pero el pueblo no canto nada, y al salir de la celebración se oían los comentarios: “a mí me ha gustado mucho el canto que han cantado de entrada”, “a mí me ha gustado mucho el otro, el del medio de la misa” Que resulta, que aquella misa se había convertido en un festivas de la canción (risas) todas estas son interrogantes que nos podemos formular, pero veamos.
La fenomenología del encuentro.- Tenemos un encuentro humano, un encuentro de expedicioncita religiosa. Se ha definido al hombre como un ser para el encuentro, porque es una persona, un ser social. Un hombre se encuentra con otras personas, con otros seres humanos. Cada día nos encontramos con personas queridas, amigas, conocidas, desconocidas. Educar el encuentro que puede ser en la casa, en la calle, en la oficina, en el trabajo, en la escuela, etc. Pero para que haya una relación, una comunicación, hace falta la palabra. La palabra es el medio más común de comunicarse de los hombres, sin palabra no nos podemos comunicar, aunque a veces son signos por los cuales nos comunicamos. Una mirada, una sonrisa, por la palabras comprendemos el pensamiento, los sentimientos de las otras personas, penetramos en su secreto, en su interior, porque ese persona lo comunica.
El encuentro de dos personas deja siempre una huella en el corazón de la una y de la otra, puede ser una huella intensa, cuando hay una conversación que se llega a los secretos del alma, puede ser un encuentro superficial, “hola buenos días, mañana no vemos” y se continua el camino. El encuentro de dos personas deja una huella más o menos intensa, hay unas experiencias agradables del encuentro, hay otras desagradables, pero también hay un Encuentro de Experiencia Religiosa.
El hombre además de ser sociable, siente en su interior la necesidad de un ser superior para comunicarse, y para encontrarse con El. Los medios empleados en la comunicación son muy variados, depende del contenido de la cultura, de la época histórica, del ambiente.
El encuentro en las religiones paganas.- El hombre experimenta la divinidad en soledad, o en un grupo reducido para dar culto a esta divinidad. El encuentro se hace posible por la comunicación. La comunicación no se realiza. Dos personas pueden estar muy juntas, pero un parece que es un meza y la otra una silla. La comunicación se realiza a través del lenguaje, palabra, gestos, entonces el hombre en su religiosidad pagana se comunica con la divinidad a través de gestos, de palabras, etc. Todo esto constituye una ritualidad. El encuentro con la divinidad se convierte en una experiencia más o menos intensa y profunda. El hombre religioso después del encuentro con la divinidad experimenta una cierta transformación.
Pasamos al Pueblo de Dios.- Israel ha experimentado en toda su historia, la presencia de Dios Yahvé, una presencia que se encuentra en la Biblia, es el libro en que se fusionan dos itinerarios. El hombre que busca a Dios, y ese Dios que se revela.
No solo la Biblia nos cuenta el encuentro de Dios con su Pueblo, sino que también describe la experiencia que siente el judío al encontrarse con Dios, cuenta la experiencia que ha pasado en ese encuentro. Ejemplo:
Recordar el texto del Génesis 18,1-15 El encuentro de Abraham con los tres personajes que pasan por delante de la tienda. Y Abraham sale a su encuentro, y les da hospedaje. En todo este relato se describen tres escenas importantes: El encuentro, la conversación, y la despedida de estos amigos. En ese encuentro la vida le ha cambiado radicalmente, ha sido un encuentro que ha trasformado totalmente su vida. Encontramos esa dinámica de encuentro: los saludos, la invitación, el entrar en la tienda, comenzar la conversación mientras se prepara la comida, y la despedida. Este es un ritual, un ritual que nosotros mismos hoy, nosotros vivimos. Llega la persona a casa, le abrimos la puerta, hay los saludos, nos sentamos, hay conversación, se ofrece unos refrescos, se le invita una comida, y se despiden, es una ritualidad.
Algunos dicen: cómo es eso que la estructura de la celebración de la Eucaristía ha sido invitada posteriormente, que no es cuestión de la era de Cristo. La Eucaristía es el encuentro, saludo, conversación, es Dios que conversa con el hombre, y nosotros respondemos en la Liturgia de la Palabra, hay comida, el Sacramento, hay despedida.
Por lo tanto la ritualidad que hay alrededor de toda celebración, es dinamismo, y el ritmo celebrativo, es un ritualidad social tanto de ayer como de hoy, y es lo que hacemos cuando nos reunimos en la casa de Dios para la celebración de la Eucaristía.
Pero lo interesante es, en ese encuentro de Abraham. Abraham se ha tras formado y tiene una misión que hacer. El lugar del encuentro, con el Dios Yahvé, hay unos lugares especiales, la tienda de las reuniones en el desierto, la Sinagoga. Pero Dios también se encuentra con cada una de las personas.
Pasamos a Jesucristo.- El Evangelio nos describe el encuentro de Jesús con muchas personas: Los Apóstoles, Nicodemo, Saqueo, la samaritana, Lázaro, los fariseos, el joven rico, Pilato, Herodes, todos se encuentran con Jesús. Unos de ellos salen transformados de ese encuentro. Uno clásico es la samaritana, que por indiferencia y coincidencia la samaritana cambio de vida.
Encontramos el caso de Saqueo, “hoy me voy a hospedar en tu casa”, “si he defraudado, daré tres, cuatro veces más” Hay un cambio, hay comida, el Sacramento, hay despedida, por lo tanto toda ritualidad que hay alrededor de toda celebración es dinamismo, y el ritmo celebrativo es una ritualidad social, tanto de ayer como de hoy. Y es lo que hacemos cuando nos reunimos en la casa de Dios para la celebración de la Eucaristía. Pero lo interesante es, en ese encuentro de Abraham. Abraham se ha transformado. Pudiéramos mencionar otros personajes en la historia, y tienen una misión que hacer.
El lugar de encuentro con el Dios Yahvé, hay unos lugares especiales: La tienda de las reuniones en el desierto, la Sinagoga. Pero Dios también se encuentra con cada una de las personas.
Los Apóstoles, una palabra “sígueme” y dejas las redes, y dejar la barca en la orilla, y siguen a Cristo. Solamente una palabra y hay un cambio radical de vida. Mateo “sígueme”, y deja los impuestos y sigue a Cristo. De ahí por lo tanto siempre vamos observando que en los encuentros con Cristo, hay un cambio de vida una transformación. También podemos mencionar que Jesús se encontró con fariseos, con el joven rico, con Pilato, con Herodes, pero aquí no hay un cambio ¿Por qué? porque en su corazón hay una autosuficiencia, y entonces la gracia divina del encuentro no actúa. Hay cambio de vida cuando el corazón es sencillo, y se un corazón abierto. Pero incluso, hay otro texto que es necesario poner atención, que es la inspiración del Papa para escribir esta carta “quédate con nosotros Señor” El capítulo 24 de San Lucas, en el versículo 13 al 35, aquellos dos discípulos que huyen de Jerusalén por miedo, hacia Emaus, y Cristo se hace presente. La invitación la tiene El, no los discípulos. Resucitado que se hace caminante con ellos y comienza a compartir la conversación, le invitan a quedarse y comparte el pan, y lo reconocieron, no se quedan en Jerusalén, y ahora vuelven gozosos a comunicar la gran noticia, hay un cambio, una transformación, vuelven contentos y alegres para decir hemos visto a Jesús, se ha aparecido con nosotros.
Podemos mencionar más relatos, a veces son largos, a veces cortos, presentan a Jesús, presentan al interesado, una palabra, varias palabras, varias frases.
Ahora bien, la Eucaristía es un encuentro y es un encuentro con el Misterio de Cristo, es encuentro con Cristo tendrá su ritualidad, como hemos visto la ritualidad en los dos discípulos de Emaus: el saludo, conversación, palabra, partir el pan, y vuelta a dar testimonio, hay un ritualidad, y en es ritualidad se realiza la transformación y el cambio de las personas. Dentro de una ritualidad un lenguaje verbal ¿Qué implica todo esto? Implica que nosotros nos encontramos con El Señor, y ese Misterio y ese encuentro debe realizar en nosotros un cambio. No podemos ir con un corazón autosuficiente, orgulloso delante del Señor, porque entonces no hay transformación en el corazón, no existe un cambio de actitud en la vida, porque nos creemos que somos nosotros, y que nosotros somos perfectos, y que no necesitamos cambio alguno. En cambio con un corazón sencillo nos acercamos a El recibimos el Don de la Eucaristía, esto deber ser en cada Eucaristía que participamos.
El encuentro por lo tanto implica pues unas aptitudes personales, es abierto al encuentro, sencillos, humildes, pero también está el creer en esa persona con la cual no encontramos, pero además de creer abrir nuestra mente y corazón, porque Jesús nos tiene que decir muchas cosas, mucho más que nosotros a Él. Pero antes necesitamos escuchar, para luego responder.
Un hermano carmelita, haya por el siglo XVI, XVII, decía sabiamente: “¿Por qué el Señor nos ha dado dos orejas y una lengua? (risas) Porque hemos de escuchar el doble de lo que hablamos (risas). Porque generalmente hablamos más de lo que escuchamos, en la Liturgia ocurre lo mismo. Usamos las dos orejas para escuchar atentamente, y en lo que Dios quiere decirnos hoy aquí en esta celebración, por que El sabe muy bien lo que nosotros le queremos decir, y no responder antes de que el nos hable.
La Eucaristía es para algunos, ir a perder el tiempo, y sabemos perder el tiempo con nuestras amistades. El hombre celebra en la vida acontecimientos personales, familiares, sociales, y se celebrar acontecimientos, es dedicar un tiempo, algo que tiene importancia, mi cumpleaños, un aniversario, etc. Ese compartir con otras personas, estos acontecimientos, la celebración festiva interrumpe lo que es cotidiano, interrumpe el trabajo que es penoso, por lo tanto el celebra un acontecimiento es dejar todo aquello que es penoso, que es trabajoso. No se celebra en la soledad, sino en compañía de familiares, de amigos, etc. Y siempre que se celebra existe reunión, un grupo de personas donde se comparte la palabra, el canto, la alegría, la amistad, la comida, los refrescos, y se crean lazos amistosos. La celebración es algo que no rinde económicamente, pero encierra en sí un gran valor, el crear esos lazos de amistad y celebrar juntos un acontecimiento en este acontecimiento familiar, social, etc.
La vida se hace presente en la celebración. Ese hombre que celebra ahora con gozo y alegría, es una persona que tiene sus dificultades, sus angustias, sus problemas, etc. Lleva consigo lo que es la vida, no podemos decir: ahora me voy a una celebración de un cumpleaños y entonces todo lo que es mi vida, el trabajo las preocupaciones las dejo fuera, ¿Qué sucede? Dividimos al hombre, a la persona, esa persona que trabaja se fatiga, esa persona que se alegra, es la que comparte el aniversario la celebración festiva. Por lo tanto lleva consigo todo lo que es la vida, su vida a la celebración. Pero ahora se encarna en aquel ambiente festivo.
En la celebración hay símbolos: el regalo, el pastel, etc. Y durante la celebración todos los que participan se comunican a través de la palabra, dicen sus cosas, hacen memoria del pasado, todo eso evidentemente crea un clima, para celebrar ese acontecimiento.
A la Liturgia, a la Eucaristía, no vallamos nunca con ese espíritu de que Señor tú me das, y te doy, si Tú no me das, yo no te doy. Ir a la celebración, a dedicar un tiempo al Señor, El nos da 24 horas al día, y nosotros que le dediquemos una hora a la semana en la misa dominical. El nos está regalando contantemente el tiempo, debemos dedicarle un tiempo sin intereses, sin pretensiones, sin exigir a Dios, y sin mirar el reloj. A veces nos convertimos tacaños con el Señor, esa hora, hay que dedicarla planamente a Él. Vamos a celebrar el gran Misterio, y resurrección de Cristo, y que por nuestra parte haya una gratitud, eso es importante, ser agradecidos, y agradecidos por el Don del tiempo, agradecidos al Misterio que celebramos. Podemos resumir diciendo que en todo lo que hemos explicado hay una triple dimensión.
La Dimensión mistérica.- La Eucaristía es el gran acontecimiento. El Padre, El Hijo y El Espíritu Santo. Y demos que entre en nosotros ese Misterio de la Eucaristía, y dentro de la celebración entra la Dimensión de la ritualidad, y vemos que en Abraham hay un rito, en Moisés hay un rito, ve la zarza, se descalza, hay un envío. Los dos discípulos de Emaus, el encuentro también con Saqueo, con los Apóstoles, hay un ritualidad, dejan todo y siguen a Jesús, por lo tanto la celebración eucarística va dentro de esa dimensión ritual, que establece la iglesia, y hay otra dimensión, que es la Dimensión existencial.- Es decir que la celebración no se termina cuando se dice podéis ir en paz, hay una prolongación, los discípulos de Emaus, volvieron, Moisés fue a libertar, los Profetas después de encontrarse con Dios, tenemos que cumplir una misión. Lo que celebramos vivimos, y lo que vivimos celebramos.
SEGUNDO DIA.-
Hoy que la Iglesia quiere que sea el año de la Eucaristía, los documentos, la trayectoria de este año, pero ese año tiene para nosotros los cristianos, porque la Eucaristía continuamos celebrándolo día a día, domingo a domingo, durante toda nuestra vida, y ahí que este año de la Eucaristía nos compromete a una vivencia progresiva durante toda nuestra existencia, después veíamos el sentido del encuentro ¿Qué es el encuentro?, ¿Cuál es su comunicación? La palabra es un medio de comunicación para el encuentro. Hoy nos preguntamos ¿La celebración eucarística, es un encuentro?, ¿Con quién nos encontramos?, y ese es el tema de esta primera charla, conferencia, ponencia, en esta mañana.
La presencia de Cristo en la celebración eucarística.- Los diversos apartados que encontramos en este esquema evidentemente quizás algunos los voy a suprimir para centrarnos más quizás en el cuarto y en el quinto tema y sobre todo en el sétimo como conclusión.
Pero la comprensión lo que es La presencia, quizás hemos de reflexionar en la fenomenología de lo que es la presencia, y empiezo por lo tanto, hablando de este fenomenología de presencia.
La presencia de Cristo en la Eucaristía, es una llamada permanente al encuentro personal con Cristo. La Eucaristía debe entenderse también desde la inter personalidad, es decir como presencia de persona a persona como encuentro interpersonal a nivel propio. Dos personas se encuentran hay una relación aquí, se trata de una presencia sustancial y real, sacramental y cercana, la persona por su naturaleza es un ser social y tiende a relacionarse con otro ser humano, lo que decíamos ayer, existen muchas formas de hacerse presente y de estar presente ante un apersona, no hablo de lo que significa la palabra presencia, la fenomenología de la presencia nos ofrece datos que pueden ser aplicados, luego a la persona de Cristo y a la relación mutua entre Él y el fiel cristiano. Por lo tanto la fenomenología nos da unos datos muy concretos que después podemos aplicarlos.
La presencia generalmente se entienden de la relación real existente entre dos o más seres que están cercanos entre si por cualquier tipo de fundamento real. Cuando dos personas coinciden en un mismo lugar no siempre se establece una relación o encuentro, porque no hay ninguna comunicación, no hay ninguna relación, una con otra. Imaginemos dos personas que están estudiando en una biblioteca, pero no hay ninguna relación. Para los seres humanos existen muchas formas de hacerse presente o de estar presente, desde todas las mas excelentes, desde un punto de vista humano son las presencia física por el propio cuerpo y la espiritualidad, corazón. Entonces aquí entramos, que no solo es una presencia física de objeto, sino hay una relación espiritual por el amor. Sin embargo la simple presencia corporal no supone por sí misma el máximo grado de presencia, aunque sea su máxima posibilidad, porque puede darse una mera presencia de objeto o un simple estar allí indiferente.
La presencia corpórea es el mejor modo de presencia, solo cuando existe la intercomunicación. Por lo tanto una presencia física corpórea tiene que tener una relación entre las dos personas, pero esa intercomunicación es una llamada y una respuesta, es decir la persona (y esto lo voy a insistir constantemente), es una llamada y la otra persona responde a la llamada, es cuando se establece esa comunicación y es cuando hay una autentica presencia de una persona delante de la otra persona. Es entonces cuando la presencia corporal del otro deja de ser presencia simplemente de objeto o de indiferencia, para convertirse en presencia personal y humana, comunicativa y enriquecedora.
Sin embargo no toda presencia personal se clasifica con el máximo grado de presencia humana, hay presencia en que vienen condicionadas, por el interés o el egoísmo, por el trabajo o por la diversión el grado máximo de presencia personal es aquella que se fundamenta en el amor. He aplicado la mutua comunicación y la capacidad relacional de acogida al otro en su propia singularidad, y en la aceptación plena de su ser, es decir que cuando hay una presencia personal activa, es cuando una persona tiene una comunicación mutua entre las dos, una comunica a la otra, su ser, comunica su pensar, comunica su sentimiento, le comunica su preocupación, la alegría, su tristeza, pero la otra persona tiene que recibir todo aquello personal y responder también en la misma clave. Y es cuando hay una presencia personal y hay una relación.
La presencia entre dos personas depende de la intensidad del acto espiritual por el cual se comunican, si una pues comunica todo un secreto interno, hay algo muy profundo, y la otra persona tiene que creer que dice aquella persona que le comunica el secreto, por lo tanto hay una que habla y la otra que cree y acepta y responde.
Para detectar dicha intensidad es necesario valorar la fuerza la eficacia objetiva y el numero de los signos empelados para comunicarse, en esa comunicación personal, humana de esas dos personas. Evidentemente el gran valor está en los signos, y el signo principal es la palabra que comunica relaciona, etc.
También hay otros signos que expresan quizás sin palabras, y quizás el singo puede llegar mucho más allá que la expresión de la palabra, es que tiene más valor muchas veces el silencio. La mayor o menor intensidad de los signos y la repetición de los mismos muestran una voluntad mayor o menor de comunicarse o de hacerse presente en el otro.
Una persona se hace presente a otra cuando se proyecta fuera de sí misma, por lo tanto se hace presente en la otra persona cuando sale de sí misma y se proyecta hacia la otra persona. Esto es muy importante para la presencia de Cristo. Cristo se proyecta hacia nosotros, se abre totalmente hacia nosotros. Cuando se entrega y se da a conocer, cuando es auto expresión y auto donación, se da completamente a la otra persona, y eso pues también lo aplicamos a Cristo que es pues la auto donación total a la humanidad, a la Iglesia, y a cada uno de nosotros. El permanece, y es auto donación., vive una correspondencia por la otra persona, y esa correspondencia es de creencia, creer aquello que nos dice, aquello que manifiesta, aquello que comunica, pero no solamente una creencia, sino acoger aquello que dice. Entonces vemos que hay una llamada y una respuesta, solo así se crea comunicación con fuerza interior.
El encuentro con la otra persona se convierte así en un camino portado de vida, creador de aspiraciones y de necesidades. Cuantas veces quizás tenemos la experiencia de estar hablando con una persona manifestando pues todo nuestro interior y de esa conversación salimos renovados ¿Por qué? porque aquella persona que me ha escuchado, ahora transmite vida, crea esperanza, nos anima a seguir en camino ante las dificultades, etc.
El tipo de presencia personal fundada en la entrega, y en el amor, es la presencia de Cristo en la Eucaristía. El la hace posible desde su Gloria, por la acción del Espíritu Santo, y permite la máxima realización de comunicación y de presencia que el hombre puede imaginar, que es la presencia de un Dios que continua su historia de amor y de auto donación con el hombre y por esto le llamamos el Emmanuel “Dios con nosotros”. Y es la presencia capaz de comunicarse y hacerse presente dando de comer su Propio Cuerpo, beber su Propia Sangre, Cristo está presente, y habita en su Iglesia por medio del Espíritu Santo. El Espíritu Santo, es el agente, el portador de la presencia del verbo encarnado, el Espíritu Santo, es el que constituye a la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, El actúa a través de la predicación de los Apóstoles, El suscita la fe en los hombres, El está presente en todos los Sacramentos, no hay oración cristiana sin la acción del Espíritu Santo.
Si nosotros comenzamos la Eucaristía cantando, es la acción del Espíritu Santo, si decimos en el nombre del Padre, es su acción, si pedimos perdón, es su acción, si escuchamos la palabra, es su acción, si el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y Sangre de Cristo, es su acción. Y El Espíritu nos convoca, y nos une a todos en el mismo Cuerpo de Cristo, por eso es que la acción del Espíritu Santo, no la podemos olvidar en toda nuestra vida cristiana, es el que nos va santificando, y llevando por el camino que nos conduce al Padre.
Vista esta fenomenología en general vemos ahora Dios presente en la Historia de la Salvación.- Se puede reflexionar personalmente y lo dejo, viene ya más en concreto:
Cristo presente en la Eucaristía.- Y aquí voy hacer un resumen, intentando explicar la evolución del concepto de presencia de Cristo en la celebración, y en la Iglesia. Tenemos muchos documentos que nos hablan a partir del Concilio y un poco antes del Concilio, y nos van hablando de esa presencia, pero voy a dar una línea para comprender lo que es esta presencia en los documentos pontificios, y comenzamos con la Constitución de Liturgia, encontramos esa expresión en el numero 7: “Para realizar una obra grande, Cristo está siempre presente en su Iglesia, sobre todo en la acción litúrgica. Veamos cómo va evolucionando en los documentos pontificios este concepto de la presencia de Cristo.
El primer documento es un poco antiguo, es el de Trento (Concilio de Trento 1545-1563), y Trento dice que Cristo está presente realmente bajo las especies Sacramentales, y que está presente en el ministro. Trento no habla de Asamblea, no habla de Palabra, solamente de la Eucaristía, y en el ministro. Pero más cercano a nosotros está la Encíclica: “Mediator dei et hominum” del año 1947 y del Papa Pio XII. En este documento0 que es la Carta Magna del movimiento litúrgico, nos dice que Jesucristo está presente en el Sacrificio del Altar. Habla del Sacrificio de la Misa. Ha habido una evolución en la doctrina de la Iglesia. Altar, Misa, también en la persona del ministro y en las especies eucarísticas. Pero los engloba a los dos, Ministro y Especies, dentro del sacrifico del Altar. En cambio después habla, que está presente en los sacramentos y está presente en la Asamblea y suplicas.
Digamos es iniciar una reflexión teológica con relación a la presencia de Cristo en la Celebración Litúrgica. En cambio la Constitución Litúrgica de 1963, ¿Qué es lo que nos dice? Nos dice que Cristo está presente en el Sacrificio de la Misa, y no solo en el Sacrificio del Altar, ya entramos en un concepto mucho mas teológico y también engloba ese concepto la presencia de Cristo en el Ministro y la presencia en la Especie Sacramental eucarística. Habla también de los sacramentos y aparece en el Concilio Vaticano II, otra modalidad de la presencia única de Cristo, y es en la Palabra. En el documento anterior no se menciona esto.
Poco a poco la teología ha ido investigando, y ha ido encontrando pues unos aspectos claves. La teología litúrgica es una teología que nació más o menos en los años 50, del siglo pasado, porque antes del Concilio no se hablaba de la Liturgia desde una clave teológica, sino desde una clave rubricar, ceremonial, o de normativa. Fue un gran avance entonces, ahora se habla de la Liturgia de la teología. Por lo tanto hay un cambio abierto de investigación sobre estos particulares que todavía los entendidos van profundizando en todo eso que es la Liturgia Teológica. El Concilio Vaticano II, dio un paso más adelante al hablar de la presencia de Cristo en la Palabra. Cuando nos reunimos para celebrar la Liturgia de las horas, allí está presente.
Hay otro Encíclica que es ‘Mysterium Fidei’ del Papa Pablo VI, en el año 1965. El Papa ya presenta un cambio mucho más amplio de la Liturgia, y nos habla de la presencia de Cristo en la Iglesia que ora, en la Iglesia que ejerce obras de misericordia, en la Iglesia que peregrina, la Iglesia que predica, la Iglesia que rige y que gobierna al pueblo, la Iglesia que ofrece la Misa y administra los sacramentos, en este documento. Y nos presenta otro campo mucho más amplio que lo puramente litúrgico. En este documentos se dio una instrucción que se llama “Eucharisticum Mysterium”, del año 1967, ¿Qué es lo que nos dice en ese particular? Por primera vez el documento parte de la asamblea.
Cristo presente en la Asamblea de los fieles congregados en su nombre. Nos habla de la Palabra. Cristo habla cuando se leen las escrituras en la Iglesia. Nos habla del Sacrificio Eucarístico. La presencia de Cristo en el Ministro y en las Especies Sacramentales. Ministro y Especies van juntos, porque van juntos en la decisión tridentina. De allí que le orden se va ordenando un poco al ritmo celebrativo. Tenemos: Asamblea, La Palabra, y el ofrecer el Sacrificio por medio del Ministro. Cristo presente en las Especies Sacramentales. Un paso más en el estudio y en la investigación. ¿Qué dice el Misal Romano? En esa Ordenación General del Misal Romano, ya nos establece un orden más lógico celebrativo de la presencia de Cristo.
Y comienza pues la Asamblea congregada en su nombre, el punto de partida de la celebración en la persona del Ministro, porque el Ministro está en relación con las Especies Sacramentales, desde Trento. En cambio aquí ya pasa delante, entonces: Asamblea, Ministro, Palabra y Especies Sacramentales. Por lo tanto ya se subraya la presencia de Cristo en el Ministro, vincula a la Asamblea, y está Asamblea la preside el Ministro, Icono de la presencia de Cristo.
Ha habido un cambio de orden, y ese cambio es a través de de la Investigación. En el año 70 cuando se publicó el Misal romano por primera vez, Pablo VI, encontramos ya este orden, según la dinámica de la celebración eucarística.
Carta Apostólica ‘Vicesimun Quintus Annus’, de 1988, nos dice que Cristo está presente en la Iglesia orante, reunida en su nombre, encontramos ya una especificación, Iglesia orante, entonces ya estamos en el concepto que la Liturgia es oración, no podemos olvidar ese concepto de lo que significa orar.
Segundo, no dice que Cristo está presente y actúa en la persona del Ministro ordenado que celebra. Van saliendo otras palabras, Ministro ordenado. Habla de la proclamación en la Asamblea. Por lo tanto no es la Palabra leída, sino proclamada, y después nos dice que la actuación del Espíritu Santo, está presente en los Sacramentos, y en las Especies Sacramentales.
Catecismo de la Iglesia Católica. 1992.- Como es un texto amplio que mira toda la presencia de Cristo, no solamente celebrativa, nos dice que Cristo está presente en su Palabra, en la oración de su Iglesia, en los pobres, enfermos, presos. Es la primera vez que se menciona esos casos. Hay una profundización de esa presencia. En los Sacramentos, en el Sacrificio de la Misa, en la persona del Ministro, en las Especies Sacramentales. En un contexto amplio no se limita a lo que es la celebración eucarística, además es un elenco de presencias, un poco desordenado. Según nuestra vista litúrgica, es como hemos dicho antes: Asamblea, Ministro, Palabra y Sacramento.
Entramos dentro de lo que es la Celebración Litúrgica, la presencia de Cristo es una presencia única, ahora ese Cristo tiene modalidades, es el que se hace presente, en la celebración, no es distinto en cada momento. Siempre hay que unificar en un sentido teológico, para no confundirnos a unos errores teológicos. Estas modalidades son: Asamblea, Ministro, Palabra y Sacramentos, y nos quedamos en esta presencia de Cristo, en la Celebración Litúrgica.
En la Asamblea está presente Cristo.- En el libro de San Mateo, nos habla que cuando 2 o más se reúnen en nombre de Cristo, Cristo está presente. Es el texto que se usa con mayor frecuencia 18,20. Cristo ha prometido su presencia, entonces esta presencia de Cristo viene manifestada por la reunión, es decir el grupo que se reúne en un lugar concreto para celebrar la Eucaristía, el Espíritu Santo hace posible esto. De allí que le primer acto de participación en la celebración litúrgica, no el canto de entrada, es el que todos nos reunimos, el tener conciencia de que Cristo está con nosotros. Experimentar la presencia de Cristo bajo el signo de Cristo Asamblea. Pero esto es algo que cada uno tiene que experimentar y redescubrir, y Cristo está en cada uno de los que estamos reunidos. Y entonces yo personalmente, llegar al grupo a la Asamblea, tengo que descubrir que Cristo está presente en ese hermano que está a mi lado, y en el otro, y en el otro, etc.
Entonces tiene muchas consecuencias, que si yo con ese hermano no me hablo, tengo que tender un puente de comunión hacia él. Esto es comenzar a participar en la celebración eucarística, tendiendo puentes y eliminando abismos, esto es comenzar a participar.
De ahí que es necesario que al iniciar la celebración eucarística, haya un recogimiento de la Asamblea, estamos en la casa de Dios, no estamos en un mercado, y la casa de Dios merece todo respeto, todo silencio y además yo tengo que respetar a las otras personas que están allí, no porque estamos reunidos somos asamblea, porque podemos quedarnos en un individualismo espiritual, y no en una asamblea litúrgica. Cuando hay una conciencia verdadera en esa realidad mistérica la celebración eucarística cambia totalmente el sentido de la participación, porque es mucho más profunda, mucho más viva, mucho más activa, y mucho más intensa. Entonces alguno dicen: “No es que la celebración es una fiesta, y es necesario que la entrar nos comuniquemos, nos saludemos, etc.”
Es una fiesta que brota del Misterio Pascual, como decíamos ayer, ese morir y resucitar. Entonces se ha introducido una cierta costumbre, yo no sé aquí en el Perú sea igual, que al llegar a la celebración, la Iglesia se convierte en un mercado, hablando, riéndose, saludándose, viendo que vestido lleva la otra persona, que peinado, en fin todo eso que es la curiosidad, y no digo femenina por si a caso. (Risas)
Hay costumbres en ciertas naciones. El sacerdote sale a la puerta de la Iglesia, y allí va saludando a todos, y un saludo humano, cordial, y allí se entera, si en una familia hay un enfermos, ha pasado esto, ha pasado lo otro, hay una persona desconocida, le saluda con más atención, etc. Y de la puerta inicia la procesión de entrada hacia el presbiterio. Hay un recibimiento, pero no cuando estamos dentro.
El primer saludo del sacerdote es: “El Señor esté con Ustedes”, es el reafirmar que Cristo está presente en la Asamblea, y este es un optativo presente, o sea, está. Y esto lo iremos encontrando en la celebración eucarística varias veces. Lo encontraremos antes del Evangelio. Quiere decir que el Señor está en la Palabra, por lo tanto no son repeticiones inútiles dentro de la celebración, y después antes de iniciar el Prefacio, va a estar presente bajo las especies sacramentales, y antes de la bendición final, para que lo que se ha celebrado se viva.
Estos saludos dentro de la celebración, están en función de las diversas presencias de Cristo en la celebración. La Iglesia se manifiesta cuando se reúne exteriormente, entonces la reunión de la celebración eucarística, es precisamente esa Epifanía de la Iglesia, y hemos de dar testimonio de nuestras reuniones ante los demás no creyentes.
Cristo está presente en el Ministro.- Es lo que nos dice el mencionado Concilio de Trento, pero vinculado a las Especies Sacramentales, y está en la sesión 22 del Concilio Tridentino, del día 17 de setiembre de 1562. Nos habla por lo tanto que en el sacrificio de la Misa, el Ministro es un representante, preside la celebración representando a Cristo, haciendo las veces de Cristo, ocupando el lugar de Cristo, personalmente es Cristo, por lo tanto son palabras que expresan esta realidad. El Sacerdote es otro Cristo en la celebración, porque él no dice en la consagración: “Este es el cuerpo de Cristo”, sino “Este es mi cuerpo”. Y al decir mi cuerpo, encarna totalmente a Cristo. De ahí ese sentido de responsabilidad sacerdotal. El saber encarnar esa presencia de Cristo en su persona, y que los fieles sepan descubrir en él a Cristo.
Entonces el sacerdote debe saber cómo encarnar, en las actitudes, en las formas, en los movimientos, en los gestos, en las palabras, encarnar totalmente a Cristo en su persona, y así ayuda a la Asamblea a descubrir en él a Cristo. ¿Cómo Cristo, haría los signos?, ¿Cómo se movería en el presbiterio?, ¿Cómo hablaría en la homilía?, etc.
Cristo en la Palabra.- Este ha sido un redescubrimiento de que Cristo está en la Palabra. Cristo es el Verbo, es la Palabra, y esa Palabra necesita una voz humana para ser trasmitida. El lector es la voz de La Palabra de Cristo, que se hace presente, y si Cristo nos habla evidentemente, el está presente.
La responsabilidad de los lectores para que la Palabra de Dios caiga en la Asamblea, de lo contrario el instrumento, la voz, es un instrumento ineficaz, inútil, que no trasmite con toda claridad la Palabra de Dios a la Asamblea. De ahí que los lectores tengan que prepararse, tienen que ser responsables. Hay lectores que comienzan sin prepararse, están a la mitad de la lectura y no se han dado cuenta que le micro no funciona, o comienzan a dar golpes al micro, y es falta de educación. Hay muchos párrocos que dice: “pero si hace dos años que he cambiado los micros, y ahora no funcionan” (risas)
El lector tiene que comunicar la Palabra viva a la Asamblea, y que se entienda lo mejor posible. Imaginemos que Cristo un ida en la parroquia en vez de salir el lector, El se hace presente, y comienza la lectura del Génesis, Etc. Va leyendo despacio, y Cristo desaparece. Aquella lectura la recordaremos siempre en nuestras vidas. Hemos de saber completar esa Palabra de Dios, con unos ojos grandes de fe. Si solamente en la celebración, sin pretender otras cosas, que en la celebración eucarística, tuviéramos una conciencia cada vez más viva, y que viviéramos la presencia de Cristo en la Asamblea, en el Ministro, en La Palabra, y en los Sacramentos, quizás nuestras celebraciones cambiarían en un 100%
Está también la presencia de Cristo en la Eucaristía, bajo las especies del pan y el vino.- Se ha dado importancia a la presencia real de Cristo, bajo las especies sacramentales, y durante muchos siglos. En el siglo XI, la herejía que negaba la presencia de Cristo bajo las especies sacramentales, fue entonces que la Iglesia tuvo que salir a defender el Dogma, pero alrededor de esta defensa del Dogma, surgió la festividad del Corpus. La exposición del Santísimo.
En el siglo XIV, no existía la exposición del Santísimo, y nuestros hermanos de la Iglesia oriental no tienen la exposición del Santísimo. Si la Iglesia guarda Cristo, es principalmente para el Viatico, para los enfermos, y secundariamente para la adoración. Y durante esos siglos XIV, y XV, XVI, XVII, se acentuó totalmente el aspecto de la adoración., en esa época no se comulgaba, no se participaba en la celebración eucarística, pero surgió una gran devoción alrededor de la Eucaristía, y la Iglesia guardaba en el sagrario, y esto ha salvado la fe del pueblo cristiano. Nosotros por lo tanto somos hijos de una época histórica importante dentro de la Iglesia, porque ha habido una gran evolución teológica.
¿Por qué se ha dado tanta importancia en la celebración la presencia de Cristo bajo las especies sacramentales? Porque en el sacramento, hay un cambio sustancial. La Asamblea no cambia, yo soy el que entra y soy yo el que sale. La Palabra no cambia, pero el pan y el vino si han cambiado, ya no es pan y vino sino Cuerpo y Sangre de Cristo. Cristo está presente de una manera sustancial. Una cristiano tiene que reflejar la vida eucarística constantemente, donde esté, el va expresando esa cultura eucarística.
En conclusión, la actitud del cristiano ante la presencia del Señor.- Primero es reconocer al Señor presente, es lógico si yo no reconozco que El está presente, entonces no podemos encontrarnos, no podemos establecer una relación, no podemos comunicarnos, primero tener esa conciencia, el reconocer que Cristo está presente en estos modos litúrgicos que hemos visto. Pero evidentemente hacen falta unos ojos de fe. Porque Cristo es invisible, está bajo los signos que son visibles, pero estos signos nos tienen que llevar a la invisibilidad del Misterio de su presencia, es como los Discípulos de Emaus. Solo por la fe se discierne la presencia de Cristo, y esa presencia es una presencia ofrecida constantemente. El está, y se ofrece, es una auto donación.
El día de la Eucaristía.- Nos hemos encontrado con Cristo en la celebración, presente en la Asamblea, Ministro, Palabra y Sacramento. Ahora hay un día especial para ese encuentro, y ese día especial es precisamente el día de la Eucaristía, el día Señor, el Domingo.
Situación actual del Domingo.- El Domingo es el gran memorial, y sobre todo me voy a entretener más en el otro aspecto y es: Las apariciones Pos pascuales de Cristo.- Ya dinámica de esas apariciones pos pascuales del día primero de la semana.
La Iglesia desde sus orígenes ha considerado el Domingo como uno de los subvalores constitutivos, ha celebrado siempre el Domingo y nunca dejará de hacerlo. El domingo es la fiesta primordial de los cristianos, y ha sido y es la celebración del Misterio Pascual de Cristo. La Tradición cristiana a partir de la resurrección de Cristo, y de la experiencia Pascual de sus Discípulo, ha ido elaborando a lo largo de los siglos, una doctrina y una praxis sobre el domingo que constituyen el gran patrimonio Eclesial. El domingo para nosotros es un gran tesoro.
La historia de la Iglesia ha caminado estrechamente unida al ritmo de la celebración del Domingo, los fieles cristianos se reúnen cada siete días, en el día del Señor, para vivir lo que constituye, configura su existencia cristiana. Celebra y actualizar el Misterio Pascual, alimentar su fe en las escrituras, y en el sacramento eucarístico, buscar el gozo de la fraternidad, compartir la oración, dar testimonio de su identidad cristiana, y de su pertenencia a la iglesia, la alegría Pascual, y el descanso sean anticipo del Domingo sin ocaso, como fluyen así en el Domingo los valores más profundos de la fe cristiana.
Situación actual del Domingo.- A lo largo de los siglos, la vida de la Iglesia ha estado estrechamente unida al ritmo marcado por la celebración del Domingo. En las últimas décadas, la sociedad se ha abierto a nuevos horizontes culturales y sociales, estas conquistas socio culturales han coincidió con un notable descenso en la práctica religiosa del Domingo. La sociedad ha sufrido vertiginosamente trasformaciones, que han cambiado las costumbres de las personas y de los grupos. La celebración del domingo se ha visto afectada por estos y otros cambios, por ejemplo: Fin de semana. Muchas personas salen fuera el viernes por la tarde, crean pues unas situaciones que hay que estudiar y profundizar.
Hasta hace no demasiado tiempo, el domingo era el día religioso por excelencia la familia iba a misa, se vestía de fiesta, ambos aspectos eran inseparables, como dos caras de una misma moneda. Hoy lo religioso y lo profano, se mueven a distintas orbitas. Las nuevas condiciones de trabajo y descanso, la cultura del ocio, y la civilización del bienestar, el deporte, y el éxodo de las ciudades, inciden de manera directa en la vida de los creyentes, todos estos fenómenos afectan a la celebración del domingo. Para la mayoría de los hombres y mujeres el domingo es un día carente de sentido, justificado toan solo por la necesidad del descanso y de la diversión.
El domingo desde hace algunas décadas, se enmarca dentro de un tiempo libre, que hoy trascurre entre la tarde le viernes, al domingo en la tarde. El día del Señor ha experimentado últimamente una trasformación, ya no es el primer día de la semana, sino el domingo es el fin del fin de semana.
En esta perspectiva, el domingo es considerado como el fin de la liberación del trabajo, del descanso y de la evasión, de la modalidad y de la diversión, en vez de ser el día festivo y alegre de la semana, es el anticipo de las preocupaciones diarias y del trabajo cotidiano que se reiniciara al día siguiente. Tiende a ser para muchos el final del tiempo libre.
Actualmente el Weekend, está eclipsando al domingo cristiano. Afecta también al Domingo, a los días festivos la liberación de los horarios comerciales, las grandes superficies comerciales abren sus puertas los domingos, obligando a muchas personas a trabajar, ya no es un trabajo en beneficio de la ciudadanía, como servicio de los hospitales o de la policía, etc., sino que se mira únicamente al consumo, sin tener en cuenta a la persona ya la familia. Hay empresas que contratan solamente para el fin de semana. Los mismos fenómenos que afectan al domingo, entrañan un amenaza para la misma sociedad despojada de valores del Espíritu.
El domingo como día festivo es un signo de libertad, ha sido instituido no solo para que el hombre de culto a Dios, sino también en beneficio de la misma persona humana, que valen más que la producción económica y el consumo. Cuando el hombre pierde el sentido religioso del día de fiesta y la referencia de su existencia a Dios, aunque se vista de fiesta, solamente consigue una fugaz evasión.
Por otra parte la crisis se deja sentir en el interior de las comunidades cristianas, la sensación de vacío espiritual, afecta también a los creyentes, incluso a los que procuran participar de la celebración eucarística. Para la mayoría de los fieles el día festivo se reduce al cumplimiento de una obligación sagrada, sin otros motivos que hagan de toda la jornada, un día de alegría y de fiesta Pascual. Los mismos pastores se alarman al constatar que descienden las cifras de la asistencia a la misa dominical, no tanto en el descenso en sí mismo, sino por lo que este dato refleja, el alejamiento de la vivencia eclesial de la fe. Y en definitiva de la perdida de identidad cristiana y del sentido de pertenencia a la Iglesia.
Hoy sin embargo es de justicia afirmar que por lo general la participación de los cristianos en la Eucaristía dominical, es más activa, mas consiente y muchos de ellos han descubierto que el domingo es un don de Dios. Para disfrutar de cuanto tiene de hermoso el mundo y la naturaleza. Para hacer del descanso un motivo de gratitud al creador y para celebrar festivamente el Misterio Pascual de Cristo, y dedicar el día a la caridad, a la familia, a los amigos, al apostolado, a la oración, a pesar de todo para bastantes fieles cristianos, la Eucaristía, sigue siendo una mera obligación que procura situar el lugar mas cómodo de su programa de descanso y ocio.
Ante esta realidad se hace urgente la necesidad de superar la idea de que la fiesta primordial de los cristianos no es otra cosa que un deber impuesto por la Iglesia, la situación actual del domingo plantea hoy muchos interrogantes, la Iglesia está perdiendo sentido cristiano del domingo. El día del hombre no ahoga el día del Señor ¿Cómo re cristianizar el día del Seño? Y ahí por lo tanto ante esta situación sociológica, religiosa, la Iglesia está preocupada.
A partir del dato bíblico, y de la rica sensibilidad de las primeras comunidades cristianas, la Iglesia a través de toda su historia según sus diversas culturas y tiempos ha vivido a defendido siempre el día del Señor. Hoy la iglesia no ve con indiferencia los fenómenos que se dan en nuestra sociedad, ni oculta su preocupación, por los peligros que entraña para la fe y la vida cristiana. El día del Señor está en juego y con la identidad cristiana y la pertenencia a la Iglesia, se observa que cuando los fieles no viven el domingo van perdiendo su sentido de pertenencia a la Iglesia. Hay algunos fieles que en un principio, van a misa todos los domingos, pero después ya comienzan a decir: “bueno y ¿Por qué no voy una vez al mes?, y después, “Bueno cada tres meses”, posteriormente, “Si claro Navidad, Pascua” y posteriormente ni Pascua ni nada. ¿Qué sucede?, que la persona va perdiendo su identidad cristiana, y no se siente Iglesia, va languideciendo su vida cristiana, porque el domingo es clave en nuestra vida cristiana.
Yo creo que toda la pastoral de parroquia, la pastoral diocesana, es hoy salvar el domingo, y hacer que todas las comunidades cristianas vivan el domingo en un sentido pascual, en un sentido religioso, cristiano y litúrgico. Nuestra sociedad está sometiendo al domingo a un proceso de secularización y a un vaciamiento espiritual. La Iglesia no puede renunciar a su compromiso de guardar al Señor resucitado. El domingo merece una gran atención dentro del esfuerzo de la renovación litúrgica y de la evangelización, la preocupación de la Iglesia por el domingo se manifiesta concretamente en los principales documentos pos conciliares que hablan del domingo.
Las normas universales sobre el año litúrgico hablan del contenido del domingo. El Código de Derecho Canónico, El Directorio para la celebración dominicales en caso de ausencia de presbítero y sobre todo la carta apostólica de Juan Pablo II, sobre el domingo, el día del Señor. Hay en ese documento fantástico, temas para valorar, meditar, reflexionar y crear unas líneas de acción para que el domingo, no se vaya perdiendo en la Iglesia.
Memorial de la Creación y de la Liberación.- Comento sin leer. Sabemos que el Dios creador descanso el sétimo día, y mandó que ese sétimo día pues no se trabajara, y se diera culto. Es un día de liberación de trabajo, por lo tanto en la historia no ha sido un logro de los sindicatos, el que haya un día o dos en la semana en que se descanse, fue una acción de la Iglesia. Vivir el domingo en familia. El domingo es clave litúrgica, es dar un culto a Dios. Si la Iglesia consiguió que en el domingo se liberaran del trabajo, fue con una finalidad: Para que los cristianos tuvieran tiempo para dedicarlo a Dios, un estar con el Señor, defender el descanso es reafirmar la libertar. Los cristianos reunidos en asamblea eucarística, son voz que se debe dejar oír, con toda su fuerza en la sociedad de hoy, para que el ambiente esclavisante no ahogue la verdadera liberación pascual del domingo.
Por otro lado, si los cristianos no son defensores fervientes y testigos vivos de la libertad dominical, su voz cada día será más débil e insignificante en la sociedad, y se irá apagando, con el peligro de que el domingo quede absorbido por el secularismo y reducido a la mínima expresión.
Memorial de la Resurrección de Cristo.- Cristo resucitó el primer día de la semana, en el lenguaje del judío. Para ellos el día último de la semana era el sábado, el día de fiesta para ellos, y Cristo resucito el primer día de la semana. Por eso ya las primeras comunidades, ya se reunían en el día primero de la semana. Las apariciones de Cristo Resucitado, son precisamente en el primer día de la semana, y todas esas apariciones pascuales con su ritualidad, van creando dentro de la comunidad cristiana pues una frase. Muchas de esas apariciones pascuales son ya escritas posteriormente, pero son tipo de catequesis, por ejemplo: los dos discípulos de Emaus. Algunos exegetas nos dicen que esto es una catequesis, para valorar ya el sentido del domingo, y lo que hay que hacer en el domingo, toda aquella comunidad primitiva al escribir estas apariciones pascuales, tenían una finalidad oriental.
La comunidad cristiana al celebrar el primer día de la semana, el día de la resurrección de Cristo, digamos en concreto en la dinámica de la celebración eucarística del domingo, la comunidad reunida celebra el día del Señor. De ahí que los primeros discípulos de las primeras comunidades prestaron atención a lo que es la reunión, se reúnen para escuchar la Palabra de Dios, y para partir el pan, se reúnen para la enseñanza de los apóstoles, como nos indican pues los Hechos de los Apóstoles con relación a ese encuentro dominical de la comunidad cristiana. Hay un pasaje: Son presos un grupo de cristianos y ante el cónsul romano que le pregunta ¿Por qué se han reunido, cuando hay una ley que les prohíbe la reunión? Y ellos contestan: que tienen que reunirse para celebrar a Cristo. Es una fuerza superior, que se hace todo un interrogatorio a cada uno en particular y todos dicen lo mismo, que hay una fuerza que los impele a celebrar el día del Señor. Y sufrieron el martirio, porque además de reunirse les encontraron la Biblia, que también estaba prohibida por el Imperio, se reúnen a pesar de la prohibición.
Al reunirnos nosotros el domingo, la comunidad cristiana, hace un gesto profético ante los demás que no son cristianos. Pero necesitamos nosotros el saber reunirnos, comenzando en tomar conciencia de que es Dios quien nos invita a la reunión, y el nos invita a reunirnos con los demás.
Ante esa invitación de Dios por medio de las mediaciones de la Iglesia, hay dos formas de responder: una negativa y otra positiva. La forma negativa “no voy”. Hay otros que dicen “si voy”, entonces en ese si voy a la reunión del domingo, es que acto participativo de la misma Eucaristía. En cada celebración litúrgica, renovamos nosotros nuestro bautismo, y yo quiero permanecer en la Iglesia, en el si bautismal, en cambio si digo que no voy, rompiendo aquel sí que di en el bautismo, se va rompiendo y se va creando un abismo, de ahí la responsabilidad y al formación del ser fieles a ese si bautismal, cuando la Iglesia nos convoca en reunión de cristianos, de creyentes.
Hay un texto precioso de la Didascalia de los apóstoles. La comunidad cristiana es un cuerpo, miembros unidos entre sí, pero si hay un miembro que está fuera del cuerpo ese miembro está sufriendo porque ha sido mutilado, y el mismo cuerpo está sufriendo. El autor de la Didascalia lo aplica a la comunidad reunida.
Necesitamos pues ese espíritu, y si por una causa no puede asistir, digan que tengo que estar en un sufrimiento interior, porque en mi comunidad falta un miembro.
Lo que celebramos es que Cristo nos habla ahora y aquí, es donación de su Palabra a la comunidad cristiana reunida. Hay muchas formas de recibir o meditar esa Palabra de Dios, puede ser de una forma verbal. Hay una forma de actuar la Palabra de Dios, lo que dice el texto verbal, no lo que yo quiero que diga el texto, porque entonces manipulamos la Palabra de Dios, la instrumentalizamos, también dentro del contexto de la celebración. Puede ser el Salmo responsorial, el prefacio, la oración colecta, la antífona de entrada.
Hay también el sentido global, dentro del dinamismo de la celebración. Hay además un sentido histórico, es ya cuestión de estudio y de profundización, pero también, hay un sentido existencial. En la Palabra de Dios, hay una estructura: anuncio de la Palabra, y oración. El anuncio primera Lectura, corresponde oración salmo responsorial. Segunda lectura, anuncio corresponde Aleluya. Tercer anuncio El Evangelio, y aquí encontramos que dentro de la estructura dinámica de la Palabra de Dios, hay un vacio, por eso algunas comunidades al ser proclamado el Evangelio cantan un canto a la Palabra de Dios, para rellenar ese vacío oracional.
Viene la homilía, y viene la oración del Credo, y la oración de los fieles. Entonces en esa dinámica se anuncia la Historia de la Salvación, y se comenta a través de la homilía, pero pasamos de un anuncio a una oración. No es solamente anuncio y vasta, no, es la Palabra que ora.
La homilía es traducir la Palabra de Dios, para esa comunidad concreta, no es otra cosa, no son clases, ni de Biblia, ni de moral, ni de teología, ni de catequesis, ni menos de política, o posiciones sociales, no es el momento. Es solamente trasmitir la Palabra para ser mas comprendida por la asamblea, y ayudan a esa asamblea a vivir lo que es la Palabra de Dios.
Con relación a la Eucaristía, parte de la celebración del día del Señor, es digamos el centro clave. La Eucaristía, es acción de gracias, entonces nosotros nos reunimos precisamente para dar gracias al Señor, y por el gran Misterio del primer día de la semana, y por eso le damos gracias en el Prefacio. Y esa acción de gracias de la plegaria eucarística, se tiene que prolongar, durante las 24 horas porque el Señor nos ha hecho un gran milagro, es tener a Cristo presente bajo las especies sacramentales y que nosotros nos hemos reunido en comunidad creyente.
TERCER DIA
Hacemos un resumen de estos días, comenzamos hablando del año de la Eucaristía como centro, como introducción, después entramos a considerar que nuestra Eucaristía en la Liturgia es siempre un encuentro, pero ¿Con quién nos encontramos?, con Cristo presente en la Asamblea, en el Ministro, en la Palabra, y en el Sacramento. Que después El nos acompaña también en el que hacer de la vida.
Vimos también que el día propio del la Eucaristía es el domingo. Todo es digamos los principios, las orientaciones, pero hoy nos vamos a centrar en lo referente a quien anima esta celebración eucarística, porque esa celebración tiene que ser animada, tiene que ser preparada, tiene que ser dirigida, tiene que ser saboreada, reflexionada, y compartida, de ahí que es tema:
El Equipo de animación litúrgica.- ó el grupo encargado de la preparación y celebración de la celebración litúrgica.
Voy a empezar por una anécdota: Cuentan que un arqueólogo realizaba excavaciones en el medio Oriente, y un día fue invitado a comer a casa de un amigo. Fue acogido según la usanza tradicional de la hospitalidad oriental. El anfitrión, le enseñó los aposentos de su casa, estando en la cocina los ojos del arqueólogo se fijaron en una pequeña estatua ennegrecida por el tiempo, que servía de tapadera de un pequeño recipiente, la cogió con cuidado entre sus manos para contemplarla a su gusto y comenzó a limpiarla del humo, polvo y grasa, apareció un rostro de extraordinaria belleza, y su vestido de mil pliegues era una maravilla de elegancia. El arqueólogo fascinado por su hermosura y su valor artístico.
El equipo de animación litúrgica, lleva ya un tiempo funcionando en nuestras Iglesias y parroquias, quizás se ha pegado ya el polvo de la rutina, y se ha oscurecido su finalidad, y su objetivo. Es conveniente, es el momento de volver a activarlo, de quitar el polvo, la grasa, devolver al equipo esa imagen bella que debe ser en la Parroquia para volver a animar las celebración e intentando que las celebraciones sean cada día mas bellas, porque nos lleva la Misterio de fe, de ahí, por lo tanto, que esta charla va pues dirigida principalmente a todos aquellos que trabajan en los equipos de animación litúrgica, y los que no están en esos equipos, están aquí presentes, animarles a incorporarse a esos equipos de animación litúrgica.
En las Parroquias encontramos que hay muchos grupos de actividad, vida social, descansar, etc. Pero también tiene su gran importancia ese grupo que prepara conscientemente la celebración de su Parroquia, o de la Iglesia.
¿Qué es el equipo de animación Litúrgica?- No existe ninguna definición oficial en los libros, en los documentos litúrgicos, sin embargo podemos intentar dar una definición, no tanto ontológica, sino más bien una definición descriptiva. Es un grupo de personas, católicas que asumen, ejercen, con responsabilidad algunos ministerios o funciones en las celebración litúrgicas, y dedican un mínima parte de su tiempo a reunirse periódicamente, para preparar la misa, luego las animan con su presencia y servicio para que la asamblea reunida en el nombre del Señor, participe consiente, activa, y fructuosamente en el Misterio Pascual, que se celebra.
La experiencia de estos últimos años, enseña que la calidad de la participación y el fruto espiritual depende en gran parte de la preparación y animación de las acciones litúrgicas, sin la presencia y la actuación del equipo, la participación activa decae, y la rutina se apodera de la asamblea.
¿Cuál es la finalidad del equipo? Jesús un día propuso una parábola, y le dijo a sus oyentes: “El Reino de Dios es semejante a un grano de mostaza, y a la levadura que toma una mujer, y la mete en tres medidas de harina, hasta que fermenta todo?
El equipo de animación litúrgica, es como el grano de mostaza y la levadura escondida, que hace fermentar la masa, su objetivo principal es conseguir que la comunidad católica, viva intensamente el espíritu litúrgico, los miembros del equipo litúrgico son levadura cuando dan testimonio de fe con su vida, cuando preparan y revisan a conciencia las celebraciones, cuando se capacitan doctrinalmente, pastoral y técnicamente, y cuando animan las acciones litúrgicas con su presencia participativa.
¿Qué significa la palabra animar? La palabra animar en la lengua castellana, encierra varios significados, a saber: dar vida o expresión, comunicar aliento, entusiasmo, dar movimiento, calor, infundir vigor a un ser viviente, eso es lo que nos dice el diccionario de la real academia.
La animación litúrgica consiste en dar vida y expresión a las celebraciones, es hacer participar a todos los que forman la asamblea, en crear un ambiente de oración, silencio y respeto y conseguir que los fieles reunidos ofrezcan a Dios un culto en espíritu y en verdad. La animación litúrgica debe suscitar la participación interna y externa en la asamblea, ya sea una asamblea pequeña o numerosa. No importa el número de los participantes, cada persona que está en la asamblea es importante, habitual o circunstancial, homogénea o diferenciada.
La animación no consiste en infundir un alma a la asamblea, pues ya la posee por el bautismo, sino en hacer que aflore y se manifieste. La labor de los animadores consiste en poner en movimiento el alma de la asamblea, para que ponga en juego toda su capacidad de participación, y la ayude a entrar en la dinámica del Misterio celebrativo. No hay que olvidar que el alma de toda animación litúrgica es siempre El Espíritu Santo presente y operante.
La constitución del equipo de animación litúrgica.- La animación de las celebraciones litúrgicas no puede recaer exclusivamente en los sacerdotes, ni en una persona sola, por muy capas que esta sea, exige un equipo de personas que voluntariamente prestan un servicio a favor de la comunidad, preparando, animando, revisando las celebraciones, en perfecta sintonía con el Párroco.
Actualmente no existe un normativa oficial que determine como constituirlo o formar un equipo de animación litúrgica en una comunidad cristiana. Los equipos existen, los que existen ahora, han surgido de las necesidades y posibilidades concretas de cada comunidad. Cada grupo tiene su historia, tejida con sus alegrías y sufrimientos, con sus éxitos y fracasos, algunas veces se han constituido a partir de la iniciativa del sacerdote, otras por las sugerencias de uno fieles impulsados por su aprecio a la liturgia y por su deseo de mejorar las celebraciones en la comunidad.
La experiencia demuestra que la creación de un equipo litúrgico encuentra más dificultades en comparación con otras actividades de la comunidad, como la catequesis, las obras sociales, etc.
Estas llevan ya una larga historia en la comunidad cristiana y siempre hay personas interesadas por estas tareas. En cambio el equipo litúrgico tiene poca historia, unos cuantos años, y todavía no existe una conciencia clara de su finalidad y función. El equipo litúrgico no puede desanimarse, ni por el vacio experimental a su alrededor, no por el poco éxito de sus esfuerzos, ni por el poco apoyo que quizás encuentra en la misma comunidad cristiana. Llegará un día en que la comunidad católica reconocerá su labro perseverante y su entrega generosa.
La mayoría de los equipos se ha ido organizando poco a poco a partir de unas pocas personas a las que se han agregado otras con el tiempo, unos han progresado en número de miembros, en tareas encomendadas, en formación cristiana y litúrgica, en el cumplimiento de sus objetivos, comenzaron y continuaron activos o ilusionados, no falta por el contrario grupos que comenzaron con ilusión y generosidad, y sin embargo en el correr de unos pocos años, se han reducido el número de miembros, y en la actualidad subsisten sin interés ni eficacia, han desaparecido.
También se debe aceptar que en algunas parroquias o Iglesias, todavía no existe el equipo litúrgico, puede ser por dejadez de un espíritu pastoral, por no haber encontrado personas que formen el grupo, o por las aptitudes del responsable de la comunidad. El equipo de ser constituido fácilmente, lo importante es su continuidad y perseverancia, tiene un proceso largo y paciente de formación y de composición, de organización y funcionamiento que es preciso respetar.
Cuando se haya constituido un nuevo equipo de animación, se aconseja según las circunstancias que no comience inmediatamente su actividad, sino que dedique un tiempo a conocerse, a reflexionar juntos, antes de darse a conocer públicamente en las asambleas litúrgicas.
Los equipos de liturgia que llevan ya algunos años en funcionamiento se les recomienda que hagan una pausa en su camino, reflexionen sobre lo que son y su misión en la comunidad, para que consientes de su identidad y compromiso, se lancen con más ilusión al servicio de la asamblea litúrgica.
El equipo una ves constituido y formado, debe ir madurando como grupo, no solamente como grupo de preparar las celebraciones, sino como grupo humano, y como grupo cristiano, debe crecer en la fe y en la oración, en saber compartir un trabajo en comunión, vivir su tarea dentro del grupo con alegría y generosidad, y debe progresar en sus formación teológica, y litúrgica, debe pasar de un grupo inconexo a un grupo con conciencia propia, de unas personas que leen las lecturas más o menos correctamente, a estar comprometidos a ejercer activamente unas funciones en la celebración. Pasar de unas personas que entran en la sacristía desde la celebración, a preguntar si tiene que hacer algo, a ser un grupo que prepara la dinámica de la acción sagrada. Pasar de una persona individuo, a ser un autentico grupo que estudia, dialoga, prepara, anima y revisa. El ideal es que cada comunidad cristiane funciones con varios equipos de animación litúrgica. Coordinados entre sí, cada grupo se responsabiliza de una determinada celebración. Así por ejemplo, un grupo prepara y anima las eucaristías dominicales, porque hoy día generalmente los grupos, por experiencia general, solamente se preocupan de la Eucaristía dominical.
Creo que debemos ir mas adelante, en ese compromiso. Otro grupo, es que se preocupa entre las celebraciones entre semana. Es importante el domingo, pero no olvidemos que la Eucaristía de cada día es la misma Eucaristía que celebramos el domingo.
Otro grupo de las celebraciones de los demás Sacramentos, el bautismo, matrimonio, las exequias, y otro equipo que prepare la piedad popular de la comunidad, ejercicios de piedad que se realizan en la Parroquia, de ahí que tenemos un campo muy abierto, todos ellos coordinadamente reunidos en conjunto, para una revisión, para corregir.
El equipo litúrgico de una comunidad, está formado por personas que se responsabilizan de una forma u otra de los diversos ministerios o funciones que se realizan en las celebración litúrgicas, y también hay otras personas que sin ejercer ninguna función en las celebración, están interesadas de formar parte del grupo. La lista de personas que mencionamos a continuación es indicativa.
Primero.- Es deseable y necesario que un ministro ordenado se haga cargo del equipo litúrgico, o sea el responsable de su organización, funcionamiento, y formación. Su presencia es una garantía de perseverancia y de unidad de criterio ¿Por qué munchos grupos han iniciado la carrera de ese equipo, y al cavo de poco tiempo se ha deshecho? Porque cada una quería imponer sus criterios, cada uno su opinión, y entonces se han enfadado, y uno ha ido por un camino y otro por otro, y se ha perdido el equipo de animación. El ideal es que el presidente de cada celebración, esté presente cuando el grupo se reúne y prepara las acciones litúrgicas. El presidente de la celebración es quien anima, siempre para una mayor participación plena, activa y fructuosa.
Segundo.- Algunas comunidades católicas gozan del privilegio de la presencia de un diacono, en este caso el se puede responsabilizar como ministro ordenado del grupo, y ejercer la diaconía además de las obras sociales y de la caridad de la comunidad en las celebraciones litúrgicas, e incluso preside las celebraciones en algunos casos.
Tercero.- Los ministros instituidos son los que la Iglesia reconoce oficialmente, como: Lectores y acólitos, para ejercer el servicio de la palabra, del altar, y ser ministros extraordinarios de la comunión.
Cuarto.- Las personas laicas en la celebración litúrgica, ejercen alguna función de una forma estable u ocasional. Estas funciones se pueden clasificar de la siguiente manera: Los que están al servicio de la asamblea, los que atienden la acogida, el orden en la Iglesia, el monitor, o comentador, están al servicio de la asamblea. Recuerdo que me viene a la memoria un texto muy antiguo del siglo IV y V, que decía que había una persona encargada, que llevaba un palo largo, y se iba paseando por la asamblea, y la persona que se dormía le daba un palazo (risas)
Los que están al servicio de la Palabra de Dios, el lector no instituido, el salmista, el que formula la intensión de la oración de los fieles, los que están al servicio del altar, del ministro ordenado, el acólito, monaguillo, el maestro de ceremonia, el que está autorizado para distribuir la Eucaristía, los que están al servicio del canto y de la música, el director de canto de la asamblea, el organista, los restantes músicos, los que están al servicio de otras funciones, en casa especiales, los padrinos, los testigos, digamos, bautismos, confirmación, matrimonio.
El equipo litúrgico debe permanecer siempre abierto a acoger a las personas de la comunidad que desean ejercer una función, o sea reconocida su capacidad para ejercer, o a los que quieren participar en las reuniones para su formación. Un equipo un grupo que se cierra, un grupo que va camino de su muerte, porque no es un grupo que se renueva, se recrea. Tampoco el grupo puede monopolizar la marcha de la liturgia en la comunidad, “somos nosotros los únicos” el equipo tiene que tener unas cualidades de servicio.
La pertenencia al grupo requiere algunas actitudes fundamentales. Es imprescindible sentir interiormente un impulso o vocación a querer servir, y ayudar a la comunidad, vocación que irá gradualmente madurando a medida que transcurra el tiempo, e irá manifestándose cada vez más solida y consciente esa vocación. Pertenecer al grupo no sirve para lucirse ante la asamblea. Hay personas que aquel día que tiene que cantar un salmo responsorial se visten de fiesta de pascua y solo para ser vistas.
Esta vocación exige dedicar generosamente un tiempo, comprometerse a realizar unas funciones en las celebraciones litúrgicas, y poner a disposición de la comunidad los dones recibidos del Señor.
El espíritu de servicio.- Como primera característica, la persona que pertenece al equipo debe estar convencida que ejerce una función desinteresada, a favor de la asamblea litúrgica, su servicio consiste en ayudar a comprender, a participar, y a vivir mejor posible ese misterio que se celebra en las acciones litúrgicas. Debe tener presente el espíritu de las palabras de Jesús cuando dijo: “El Hijo del hombre, ha venido a servir y no a ser servido”
El espíritu de servicio lleva consigo la disposición de superar las dificultades que puedan surgir en el equipo. Se intentará buscar en el dialogo la verdad y la comprensión, se procurará no imponer a los demás sus criterios personalistas para no romper el espíritu de comunión dentro del grupo. En el ejercicio de sus funciones el grupo nunca se considera dueño o propietario de la liturgia, sino un servidor de la comunidad.
El espíritu de comunión.- Todas las acciones de la Iglesia están marcadas por un profundo sentido de comunión, si en la liturgia se celebran los Misterios que unen, es natural que entre todos los agentes de la animación debe reinar el espíritu de comunión. Este espíritu se manifiesta cuando se programa un coordina, cuando se ejercen las diversas funciones en las celebraciones. Es consolador a veces al salir de una celebración litúrgica esta frase, hablando del equipo: “Entre vosotros se percibe un verdadero equipo unido y organizado” Es un testimonio ante la comunidad cristiana. El espíritu de comunión que debe reinar entre los miembros del grupo se extenderá también a otros grupos que trabajan en diversas actividades de la parroquia o Iglesia. El equipo de animación litúrgica debe crear, debe suscitar con este espíritu de comunión, que algunas veces se encuentren todos los grupos activos de la Parroquia, porque necesita el conocerse, el orar juntos.
Ser participantes, antes que agentes de animación.- A veces se da la sensación que el monitor o quien anima toda la celebración, anima la comunidad, pero el parece que está frío que no participa, que no tiene interés, solamente cumple la función pero le falta vida. Quien ejerce un ministerio en la celebración es un miembro activo de la asamblea, se da una sensación pésima que esas personas que quieren animar, son ellas las que no participan. El agente de la animación no puede quedarse fuera de la participación, mientras pretende animar a la asamblea para que ore y celebre.
Conocer la comunidad.- El grupo de animación litúrgica para que pueda cumplir su misión, es indispensable que conozca la asamblea litúrgica, su ambiente social, su cultura y lenguaje, sus realizaciones, sus tensiones, sus problemas y esperanzas, para evitar que en el ejercicio de sus funciones la marginación de unas personas o exigir a la asamblea más de lo que puede dar. Existe hoy un pluralismo no solo en la cultura sino también en la confesión de la fe, en la práctica religiosa. Esto obliga a tener en cuenta en lo posible la graduación de la fe de loa que forman la asamblea, muchas personas por ejemplo participan de una boda y no son creyentes, pero están allí por lo social, esto puede ser un atractivo para que estas personas vuelvan a la fe, y esto es labor del equipo de animación litúrgica.
La misma liturgia es constantemente un reclamo de evangelización. Todos están llamados a participar, a confesar su fe, a orar, a dar gracias, pero no todos buscan a Dios del mismo modo, ni todos viven la fe con la misma intensidad. Diferencia de edades también en las diversas asambleas. Hay lectores que leen bien, pero no son comunicadores de la Palabra, o desconocen las técnicas del sonido. Hay también directores del canto y organistas especializados, pero desconocen la normativa y el espíritu litúrgico, ellos van por su cuenta al margen del espíritu del día que celebramos, tienen buena voluntad, pero les falta un conocimiento del sentido litúrgico, incluso hay presidentes que les falta sentido litúrgico de la presidencia, o no conocen las posibilidades que ofrecen los libros litúrgicos para una mayor participación de la asamblea. “Hoy es feria, a pues hago la oración colecta del domingo anterior, y si mañana es feria repita esta oración” esto era antes del Concilio.
Todas las oraciones que hay en el Misal, hay que buscarlas, la oración más apropiada, quizás a las lecturas o la situación de la Iglesia de la Parroquia, hay que conocer el Misal para saber escoger la oración, sobre las ofrendas, el prefacio, algunos siempre escogen el más corto. Las palabras y gestos, los símbolos y ritos, los movimientos tiene su significado y como tales deben aparecer, los agentes tienen la misión de ayudar a descubrir y apreciar sus verdad y autenticidad, no se puede presentar un ramo de flores artificiales, a no ser que la comunidad sea tan pobre, entonces benditas flores artificiales.
Conocimientos de las leyes de la celebración litúrgica.- La celebración litúrgica tiene sus leyes y sus dinámica. El agente de la animación debe conocerlas, para que el ejercicio de sus funciones sea cada día más eficaz en bien de la asamblea.
El ritmo.- La celebración litúrgica, es una acción y como tal necesita una dinámica y una comunicación. Cuando el equipo prepara la celebración debe prestar mucha atención a los diversos momentos por los que transcurre la acción litúrgica, y dar a cada uno de ellos su correspondiente sentido. A veces sucede que no se tiene en cuenta el ritmo celebrativo y se da más importancia a una de las partes, a veces la procesión de ofrendas se la da gran importancia, en la vigilia pascual se da gran importancia a todas las lecturas, lo que es la vigilia, y después cuando comienza la Eucaristía en 10 minutos se termina. A veces creamos monstruos celebrativos, que tienen un miembro muy largo y otro corto, un brazo larguísimo, pero una cabeza mínima. Debemos evitar estas cosas.
La duración.- cuando se reúne el equipo para preparar la celebración, se debe prever los tiempos de una de las partes de la liturgia, sin embargo durante la ejecución de la misma, es cuando el equipo se da cuenta si un canto o la homilía son demasiado largos o si un signo en un determinado día del año litúrgico presida una explicación breve. Conviene que la duración no pase del tiempo establecido y que concuerde con el rimo de la celebración.
Los contrastes.- Dar vida a la celebración y hacer comprender el significado de los signos, por el contrario la rutina lleva consigo al aburrimiento. Por ejemplo: cuando un mismo lector proclama las dos lecturas y el salmo responsorial, y la oración de los fieles, es decir es un centralista. Dios nos habla en la Lectura, el salmo responsorial es la respuesta de la asamblea, la oración de los fieles es la oración de la Iglesia, por lo tanto hay unos contrastes que hay que potenciar.
La unidad.- El equipo cuando prepara la celebración debe descubrir por medio de los textos litúrgicos, lecturas, las oraciones, etc. Lo que la Iglesia celebra ese día, y hacer que las moniciones cantos, gestos, todo gire alrededor del eje principal de lo que celebramos ese día, dar una unidad a toda la celebración.
El Misterio.- La liturgia es la actualización del Misterio Pascual de Cristo, el equipo nunca perderá esta realidad fundamental, cuando prepare pues la celebración, todo lo que prepare tiene que tener un objetivo, que la asamblea llegue a encontrarse con el Misterio de Cristo, he incorporarse a ese misterio de muerte y resurrección.
Responsable del equipo de animación.- El grupo debe tener un responsable para su funcionamiento, le corresponde generalmente al Párroco, y en caso que no pueda asumir directamente esta responsabilidad puede delegar a una persona, puede ser un diacono u otra persona. Cuando el Párroco a delegado, es necesario que en ciertas ocasiones, se haga presente en algunas reuniones del equipo, reconozca su labor, anime, estimule, pero a la vez también reciba la información de cómo se trabaja, que dificultades tiene, etc.
¿Cuál es el talante del responsable? Tiene que tener unas características: Primero.- Una maduración en la fe, de la que dará testimonio de su vida cristiana, y animar al grupo a vivir la fe, y ha de expresarla sobre todo cuando ejercen alguna función en la celebración. Segundo.- Poseer una capacidad de relación y acogida, de servicialidad y de entrega, y una gran sensibilidad. Tercero.- ser un autentico animador de los animadores.
Funciones.- Además de responsable o coordinador, debe asumir ciertas funciones para la buena marcha del grupo. Convocar a los miembros del equipo de animación, según el calendario aprobado anteriormente. Preparar y presidir las reuniones, dando ritmo a la reunión y dinamizar, según el método que se haya aceptado por el grupo, dirigir las reuniones procurando que reine el dialogo, la caridad, y el respeto mutuo. Asegurar el cumplimiento de las responsabilidades confiadas a cada uno de los miembros, “Tu vas a ser lector de la misa de 10.00 de la mañana” pero aquella persona, hasta las 12.00 que no se levanta (risas)
Hacer que haya una responsabilidad, encausar y canalizar las iniciativas, pero siempre que estén en conformidad con el Espíritu litúrgico, y que sirvan para le bien espiritual de la comunidad, anima y promueve la formación bíblica, teológica y litúrgica del grupo. Si es un delegado del Párroco hace de puente entre el equipo y el Párroco, para informarle de la marcha, incluso que sea el representante del grupo en el consejo pastoral de la parroquia.
Vistas estas responsabilidades dirán: nadie quiere ser, (risas). Pero es necesario que el responsable vaya adquiriendo estas responsabilidades, poco a poco.
Sesión de trabajo.- Los equipos que se han ido realizando poco a poco, de la experiencia, método para mayor eficacia y aprovechamiento del tiempo, no se va allí a perder el tiempo, a veces hay grupos que comienzan a explicar experiencias, el responsable tiene que decir: “aquí no venimos a escuchar experiencias, después nos lo contaras cuando termine la reunión”, sino las reuniones se alargan la gente se cansa. Antes de exponer un método de trabajo del equipo, indicamos lo siguiente: antes de la reunión cada miembro del equipo procura disponer de un tiempo para preparar en particular la celebración, leer con atención los textos litúrgicos, intentará encuadrar la celebración dentro del marco litúrgico, y del año litúrgico. Y se puede formular algunas preguntas que después en la cesión las puede exponer.
El grupo termina el calendario de las reuniones según la necesidad de la comunidad, y de las reuniones según la necesidad de la comunidad y de la posibilidad de sus miembros, puede ser un día a la semana, o cada dos semanas. Algo muy importante es que se cuide la puntualidad, al comienzo y al final de las sesiones. Aprovechar siempre al máximo el tiempo que se tiene, ir al grano, durante la sesión todos los participantes tienen el derecho de exponer su reflexión o punto de vista. Este derecho debe ser respetado por todos, evítese que una o más personas monopolicen la conversación, procúrese hablar sencillamente y centrarse en lo que es esencial, evítese las cuestiones anecdóticas, a veces desahogos personales, o comentarios innecesarios. Es conveniente que una persona haga de secretario, ir tomando nota y esto después en la historia de la Parroquia es muy importante.
Para la buena marcha del grupo, todos los miembros tendrán en cuenta y practicaran lo siguiente: Respetarse en la fraternidad, buscar la verdad en la caridad, ser consciente de las limitaciones propias y ajenas, conocer el Espíritu y la normativa de la Liturgia, buscar siempre el bien espiritual y la participación de la asamblea litúrgica, tener siempre presente que su pertenencia en el grupo es un servicio desinteresado y generoso que se hace a la comunidad.
Responsable del equipo de animación.- El grupo debe tener un responsable para su funcionamiento, le corresponde generalmente al Párroco, y en caso que no pueda asumir directamente esta responsabilidad puede delegar a una persona, puede ser un diacono u otra persona. Cuando el Párroco a delegado, es necesario que en ciertas ocasiones, se haga presente en algunas reuniones del equipo, reconozca su labor, anime, estimule, pero a la vez también reciba la información de cómo se trabaja, que dificultades tiene, etc.
¿Cuál es el talante del responsable? Tiene que tener unas características: Primero.- Una maduración en la fe, de la que dará testimonio de su vida cristiana, y animar al grupo a vivir la fe, y ha de expresarla sobre todo cuando ejercen alguna función en la celebración. Segundo.- Poseer una capacidad de relación y acogida, de servicialidad y de entrega, y una gran sensibilidad. Tercero.- ser un autentico animador de los animadores.
Funciones.- Además de responsable o coordinador, debe asumir ciertas funciones para la buena marcha del grupo. Convocar a los miembros del equipo de animación, según el calendario aprobado anteriormente. Preparar y presidir las reuniones, dando ritmo a la reunión y dinamizar, según el método que se haya aceptado por el grupo, dirigir las reuniones procurando que reine el dialogo, la caridad, y el respeto mutuo. Asegurar el cumplimiento de las responsabilidades confiadas a cada uno de los miembros, “Tu vas a ser lector de la misa de 10.00 de la mañana” pero aquella persona, hasta las 12.00 que no se levanta (risas)
Hacer que haya una responsabilidad, encausar y canalizar las iniciativas, pero siempre que estén en conformidad con el Espíritu litúrgico, y que sirvan para le bien espiritual de la comunidad, anima y promueve la formación bíblica, teológica y litúrgica del grupo. Si es un delegado del Párroco hace de puente entre el equipo y el Párroco, para informarle de la marcha, incluso que sea el representante del grupo en el consejo pastoral de la parroquia.
Vistas estas responsabilidades dirán: nadie quiere ser, (risas). Pero es necesario que el responsable vaya adquiriendo estas responsabilidades, poco a poco.
Sesión de trabajo.- Los equipos que se han ido realizando poco a poco, de la experiencia, método para mayor eficacia y aprovechamiento del tiempo, no se va allí a perder el tiempo, a veces hay grupos que comienzan a explicar experiencias, el responsable tiene que decir: “aquí no venimos a escuchar experiencias, después nos lo contaras cuando termine la reunión”, sino las reuniones se alargan la gente se cansa. Antes de exponer un método de trabajo del equipo, indicamos lo siguiente: antes de la reunión cada miembro del equipo procura disponer de un tiempo para preparar en particular la celebración, leer con atención los textos litúrgicos, intentará encuadrar la celebración dentro del marco litúrgico, y del año litúrgico. Y se puede formular algunas preguntas que después en la cesión las puede exponer.
El grupo termina el calendario de las reuniones según la necesidad de la comunidad, y de las reuniones según la necesidad de la comunidad y de la posibilidad de sus miembros, puede ser un día a la semana, o cada dos semanas. Algo muy importante es que se cuide la puntualidad, al comienzo y al final de las sesiones. Aprovechar siempre al máximo el tiempo que se tiene, ir al grano, durante la sesión todos los participantes tienen el derecho de exponer su reflexión o punto de vista. Este derecho debe ser respetado por todos, evítese que una o más personas monopolicen la conversación, procúrese hablar sencillamente y centrarse en lo que es esencial, evítese las cuestiones anecdóticas, a veces desahogos personales, o comentarios innecesarios. Es conveniente que una persona haga de secretario, ir tomando nota y esto después en la historia de la Parroquia es muy importante.
Para la buena marcha del grupo, todos los miembros tendrán en cuenta y practicaran lo siguiente: Respetarse en la fraternidad, buscar la verdad en la caridad, ser consciente de las limitaciones propias y ajenas, conocer el Espíritu y la normativa de la Liturgia, buscar siempre el bien espiritual y la participación de la asamblea litúrgica, tener siempre presente que su pertenencia en el grupo es un servicio desinteresado y generoso que se hace a la comunidad.
Hay un directorio de las misas con niños de la Congregación del Culto Divino, no recuerdo exactamente pero me parece que es al finalizar los 60, y ahí ponen muchas posibilidades en la participación de los niños en la Eucaristía, ¿Qué es lo que se puede hacer? Además es un documento muy pedagógico para tenerlo en cuento en todas las celebraciones en las que participan los niños.
De los laicos que sirven o son ministrantes, o ministros extraordinarios de la comunión, etc. Hay que decir que eso debe estar determinado en la Conferencia Episcopal, por lo tanto eso es algo que corresponde al Señor Obispo en su diócesis, el terminar si llevan los ministrantes túnica o no la llevan, si el lector tiene que ponerse túnica, generalmente no, ni el que canta el salmo responsorial, preguntas que van con relación al coro. El coro tiene un director, y es conveniente que el director pertenezca al equipo de animación litúrgica, y no que el coro va por su cuenta y el equipo va por otro, es necesario que haya esa unión.
El culto de la Eucaristía, fuente de la Misa.- Sabemos que el culto eucarístico, tiene dos momentos, el más importante es la celebración de la Eucaristía, pero también existe el culto a la Eucaristía fuera de la Misa, ese culto tiene muchas expresiones, que pueden ser la exposición del Santísimo. Lo que llaman las 40 horas. También las procesiones eucarísticas, los congresos eucarísticos, etc. Es una manifestación de fe ante la presencia de Cristo en la Eucaristía. Pero si la Iglesia guarda la Eucaristía, es con la finalidad concreta del viatico, y para la comunión a los enfermos, pero mientras la Iglesia guarda la Eucaristía esa misma Iglesia, adora, venera, y reza delante de ese Misterio que es la Eucaristía permanente entre nosotros.
Por la brevedad de esta hora, y de la anterior, he estado leyendo casi todo el rato, pues voy a leer y no leer, (risas) Primero de todo, es la documentación sobre el culto a la Eucaristía, lo encontramos primeramente en Pablo VI, en la Encíclica “Misterium Fidem” del año 1965, la Instrucción “Eucaristicum Misterium” del año 1967.
“El ritual de la sagrada comunión y del culto a la Eucaristía fuera de la Misa”.- Del año 1973, y en ese documento me voy a entretener. Posteriormente el Papa Juan Pablo II, ha escrito la carta “Dominice Ene” del año 1980, y por ultimo “La instrucción Inestinadu Domun” del año 80 también. Son documentos que hablan de la Eucaristía en general, pero tienen un apartado, con relación del culto a la Eucaristía fuera de la Misa.
Primero de todo en este documento que hemos mencionado, del ritual de la sagrada comunión y del culto a la Eucaristía fuera de la Misa, encontramos examinando bien ese documento, encontramos tres palabras que son clave: Amnannesis, Emmanuel, y Maranata.
Amnannesis, es memorial, “Haced esto en mi memoria”, Emmanuel, Dios con nosotros, Maranata, Ven Señor Jesús. Tres palabras que son claves. Cuando nosotros nos postramos ante el Santísimo, sobre todo cuando es expuesto en un acto comunitario, ¿Cuál ha de ser nuestra actitud?, ¿Qué debemos y hemos de hacer delante del Santísimo expuesto?
Después del Concilio, pues parecía que todo tenía que ser liturgia, y se olvidó un poco la piedad popular, y la exposición del Santísimo quedó a un lado, se hacía raras veces, pero en estos últimos años, con este empuje y testimonio del Papa Juan Pablo II, con relación a la Eucaristía, y los documentos que nos hablan del culto a la Eucaristía fuera de la Misa, fue que ha ido resurgiendo en nuestras parroquias, y comunidades cristianas, el Espíritu Eucarístico. Este es un signo de los que decíamos antes de esa cultura eucarística.
¿Qué se hace cuando se está delante del Santísimo?, ¿Puedo rezar una novena a un santo?, ¿Puedo yo leer libros espirituales estando el Santísimo expuesto?, ¿Puedo yo dedicarme a mis oraciones particulares estando Cristo presente ante el Santísimo? Es decir que nosotros, si se hace la Exposición, todos los elementos integrantes de ese momento de la exposición del Santísimo, tienen que ser elementos eucarísticos.
En el documento del ritual del año 73, nos dice que tiene que haber cantos eucarísticos, lecturas eucarísticas, preces eucarísticas, y lo silencios con u valor eucarístico. “A, es que nosotros hacemos una jornada vocacional y vamos a pedir vocaciones al Señor” esto hay que hacerlo, pero ¿Hay que hacerlo con la exposición del Santísimo? Porque entonces buscamos un canto vocacional, buscamos lecturas vocacionales, peticiones vocacionales, silencios, todo dirigido hace las vocaciones. Lo siento, no se puede. ¿Por qué? Si hemos de rezar por la paz, por las vocaciones, lo podemos hacer, y hay que hacerlo, pero no hace falta hacer la exposición del Santísimo.
Si hacemos la exposición, es para centrarnos en el gran Misterio de la Eucaristía, toda nuestra atención, nuestro corazón, nuestra mente, tiene que ser Eucaristía, Misterio. Entonces. ¿Qué debemos hacer cuando se hace la exposición del Santísimo?
Evidentemente tres palabras: Ammanesis, Emmanuel, y Maranata. Me voy a centrar más en “Emmanuel”: Dios con nosotros. Si nosotros hacemos la exposición del Santísimo, es porque hemos hecho la memoria que Cristo nos mando “Haced esto en mi memoria”, hemos celebrado la Eucaristía, si la celebración de la Eucaristía, no tendríamos la exposición, de ahí que lo primero de todo que es necesario cuando nos arrodillamos delante del Santísimo, hacer memoria de lo que hemos celebrado, la Misa, la Eucaristía, sin ella es imposible tener a Cristo presente en el sagrario, ni en ese momento de la exposición. Pero memoria que es agradecida, agradecer la celebración eucarística que ha precedido, sea hoy, sea de ayer, sea de hace una semana, o de un mes. Pero siempre ha precedido una celebración eucarística, y el Señor se ha quedado con nosotros.
La Iglesia guarda a Cristo hasta que El vuelva, y veremos esto en el sentido escatológico en el Maranatha. Hay Parroquias que antes de la celebración de la Eucaristía de la tarde, pues exponen el Santísimo durante una hora, dos horas, o media hora, etc. Y es curioso en la exposición del Santísimo hay muchas velas, muchas luces, se ha hecho la reserva y va a empezar la Misa ¿Qué sucede? El sacristán o quien sea, comienza a apagar velas, apagan luces, porque va a empezar la Misa. Esto es un anti signo, es antipedagógico. Entonces ¿Qué es más importante?, ¿La exposición, o la Misa?
Comencemos por discernir: Si hay una exposición antes de la Eucaristía, dejar todas las velas y luces encendidas, y si hay más luces encenderlas para la Misa, porque la Misa es más importante que la exposición. No caigamos en lo contrario, hemos de saber compaginar las cosas, la Eucaristía y el culto a la Eucaristía fuera de la Misa.
El Ritual del culto a la Eucaristía fuera de la Misa afirma: mientras la Eucaristía se conserva en las Iglesias, es verdaderamente el Emmanuel “Dios con nosotros”, pues día y noche está en medio de nosotros, habita con nosotros, lleno de gracia y de verdad. Cristo resucitado y glorioso, sentado a la derecha del Padre, está realmente presente en el Sacramento, su presencia permanente en las especies sacramentales, es una prolongación de su presencia en la Eucaristía.
En la Eucaristía aparece Cristo actualmente y su presencia es una presencia que tiene una presencia que se da, y una presencia que permanece, es además una presencia creadora de comunión y fundadora de la Iglesia, porque Cristo se encuentra con los hombres y mujeres y los hace su cuerpo, por la comunión sacramental, digamos que la presencia real de Cristo, no es contemplada como un hecho estético, sino como un hecho dinámico, de auto donación y orientada hacia la comunión.
La Iglesia sin embargo guarda la Sagrada presencia con el máximo respeto, su cuerpo se ha dado, permanece y pertenece a la Iglesia. La Iglesia es la esposa que guarda consigo el Sagrado Cuerpo del Señor, para dárselo a los fieles que emprenden el camino del encuentro definitivo y para aquellos que no han podido participar con la comunidad a la fracción del pan. Mientras guarda con gran veneración el Cuerpo del Señor, la Iglesia invita a los fieles a entrar en comunión con El, no de una forma sacramental, sino también de una forma espiritual y mística.
El cristiano entra en comunión con Cristo, no solo cuando consume la Sagrada forma, sino también cuando encuentra su presencia sacramental, y permanece El Emmanuel, fuera de la celebración de la Misa, y se somete a su acción de irradiación, y de comunicación, mientras que la Iglesia apelando a su derecho de Esposa conserva el Cuerpo de Cristo, el fiel cristiano no hace otra cosa que responder a la auto donación permanente de Cristo.
La Sagrada presencia sacramental, espera respuesta de acogida, podemos decir que no actúa, si no se la encuentra, no se la encuentra sino cuando es acogida. “En vano va a emitir una estación de radio, si no existe un aparato receptor adaptado a la longitud de onda”
La presencia permanente de Cristo en el tabernáculo, es una llamada que está continuamente emitiendo la presencia de Cristo y hace falta un corazón receptor para que sintonice con ese emisor. Sintonizar es entrar en comunión con aquel que se ha convertido todo en el amor como su Padre, por esa razón toda práctica eucarística debe partir siempre de una voluntad de sintonizar con Cristo y con su sentimiento. Si voy a una exposición del Santísimo, no hacer que Cristo sintonice con mis sentimientos, con mis preocupaciones, sino que yo tengo que sintonizar con El, con ese Misterio, y El ya nos dirá, nos hablará, nos va a exigir, dejemos que El nos hable, decirnos lo que El quiere, y no lo que nosotros queremos que El nos diga.
La presencia de Cristo en el Sacramento, exige de todo creyente el acto de fe y de adoración, la apretura a la trascendente, el encuentro en la oración silenciosa de adoración con aquel que es El Tu divino, que se dirige al tu humano. El amor acoge al otro y deja que el otro le acoja, se establece una reciprocidad entre los dos seres que se aman.
En la Eucaristía se cumple la Palabra: “Vosotros en mí, Yo en vosotros”. La Iglesia ora delante de la presencia sacramental ofrecida, El se ofrece. El tiempo en que estamos delante de la exposición, hay un ritmo, hay una dinámica oracional, y de adoración, ahora con ese Cristo, Dios con nosotros, ¿Cómo nos hemos de comportar? Hay varios aspectos, primero el asombro por el Misterio. Los orantes deben caracterizarse por su capacidad de asombro. El asombro no es miedo, si sobresalto, es una conmoción interior ante lo grandioso, hemos de comenzar por contemplar lo que es ese Misterio eucarístico, El está con nosotros bajo las especies sacramentales.
Vivir es asombrarse ante el milagro constante de la misma vida. El sol que alumbra, y da calor, el aire que respiramos, asombrarse sobre todo ante el Misterio, nos asombramos ante un paisaje, nos maravillamos. El asombro es la expresión espontanea y consiente ante la cercanía de la presencia sacramental de Cristo.
El asombro del pasado es recordar las maravillas divinas que fueron anunciadas antiguamente y realizadas hoy día en Cristo. El asombro por la cercanía misteriosa de Cristo, engendra espontáneamente la alabanza, pero una alabanza desinteresa, brota la acción de gracias por el don recibido, es reconocimiento a la infinita grandeza del misterio amoroso de Cristo, suscita una cascada de sentimientos en los orantes y odorantes. El Sacramento de la Eucaristía, es el mejor don de Cristo a los hombres. Quien adora a Dios vive para El, lucha por El, renuncia a todo para servirle, intenta por todos los medios que todo el mundo le adore como El lo hace, pero no solo alaba y bendice al Señor el orante en nombre propio, sino que el orante, ante ese Misterio contemplativo, se convierte en portavoz orante de todas la criaturas visibles. No estoy yo solo ante el Santísimo, sino que nos convertimos en portavoz de toda la creación, que alaba y bendice al Señor, y sentirnos unidos con toda la creación, somos ese puente que va desde la Creación hasta Cristo presente, la presencia que se da, y se da en alimento, comunión, nos lleva también a que vallamos a otra mesa, la mesa de la Palabra.
La Palabra de Dios hace comprender la profundidad del Misterio eucarístico. Después de la escucha de la Palabra de Dios los orantes deben sentir en su interior la necesidad del silencio y de la contemplación, el contemplar es rumiar, es pensar la Palabra de Dios en el silencio, es el momento de la adoración contemplativa, es el momento en que sobran las palabras, y el silencio se convierte en palabra ante el que es la Palabra Sacramento. El silencio no es un vacio, o una ausencia de palabra, es la interiorización del Misterio eucarístico, es el espacio en que actúa el Espíritu Santo, y es el que esta personalizado nuestro encuentro del que es dios con nosotros.
Los verdaderos adoradores realizan una función eclesial, servicio de orante., su oración ante la exposición crea estrechos lazos de unión y de solidaridad en los necesitados y con el mundo entero. El cristiano es ciudadano del mundo, pero de un mundo sin fronteras. No se trata de orar por uno mismo, o por los más cercanos, se trata de orar sintiéndose unido a todos los orantes, y no orantes, a los que sufren y viven en la miseria, a los que desesperan y lloran, a los que padecen injusticia y hambre.
El culto espiritual no está reñido con la manifestación externa, al contrario, el signo externo es necesario para que le culto sea verdadero, los gestos externos confirman la veracidad el culto interno, signos visibles de la solidaridad. Es la organización de los diversos elementos que integran la oración, adoración delante del Santísimo expuesto, es preciso tener presente los diversos tiempos litúrgicos, si hacemos la exposición en tiempo de Adviento evidentemente tiene que tener un sabor a Adviento.
Casi siempre la adoración va acompañada con gestos corporales que significan y expresan la aptitud interna. Las posturas corporales más comunes son: La inclinación, la genuflexión, el arrodillarse, postrarse en tierra. La postura de rodillas, es la postura más apropiada para la adoración y ayuda. San Agustín decía: “Quienes adoren, han de procurar que su cuerpo adopte una postura que propicie esa oración”. Es verdad que Dios no necesita signos visibles para penetrar en el corazón humano, pero con estos gestos el hombre potencia su corazón, nadie puede negar la fuerza espiritual y los frutos de la vida cristiana que ha producido la oración ante el Santísimo Sacramento.
La otra parte es “Maranatha” Ven Señor Jesús. El que adora venera, y el orante ante la presencia sacramental de Cristo, esta ante un velo, bajo unas especies sacramentales, no contempla a Cristo visiblemente, sino invisiblemente, terminamos nuestra adoración ante el Santísimo diciendo: Señor crea en mi esos deseos de llegar un día contemplarte cara a cara, Ven Señor Jesús. Esa invisibilidad debe suscitar en nosotros ese deseo ardiente de llegar un día contemplarlo a El cara a cara, de ahí que la exposición del Santísimo tenga un sentido, teológico y litúrgico.
Fin del Seminario: ‘Semana Nacional de Liturgia’