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OVNIS

Desde muy joven siempre me apasionó el tema relacionado con los famosos platillos voladores, y a lo largo de mucho tiempo me fui documentando de este asunto. Pero descubriendo también que de toda la información que iba adquiriendo, lamentablemente el 90 % de ella se notaba de lejos que era falsa. No sé si seria sugestión o algo psicológico de mi parte, pero cuando llegaban a mi mano los textos y fotos, podía percibir una sensación especial en algunos de ellos. Como que se me  escarapelaba el cuerpo con solamente algunos de estos datos.

En la actualidad, con los avances en las comunicaciones por Internet, podemos tener acceso a más información sobre este apasionante tema, lo que no ocurría en los años de mi juventud. ¿Pero cuando empezó todo esto de los platillos voladores?

La siguiente información es extraída del pequeño libro del señor Mario Lleget titulado ‘Dossier Ovnis hoy’ con algunas modificaciones para su perfecta comprensión. Y tratando de resumir el contenido para que no sea tedioso el tema.

El 24 de Junio de 1947, el piloto civil norteamericano Kenneth Arnold, volaba en su avioneta particular. Eran las 2 de la tarde y viajaba de Chahalis a Yakima, en el Estado de Washington, a 2800 metros de altura, en una atmosfera limpia y transparente, cuando según sus propias palabras, vio una sucesión de destellos luminosos hacia el norte del Monte Rainer. Observando con atención, divisó una hilera de nueve objetos brillantes y al parecer metálicos, que evolucionaban a la altura de los picachos cubiertos de nieve. Arnold quedó asombrado de cuanto veía, y sintió prisas por tomar tierra canto antes. Ya en el suelo, no se mostró parco en sus declaraciones como vamos a ver.

“Su forma era discoidal y aquellos objetos parecían hallarse unidos entre sí – declaró a la prensa – Era como si estuvieran unidos por un vinculo invisible, pues cada dos o tres segundos oscilaban ligeramente y cambiaban de rumbo de manera simultánea”

Arnold calculó la velocidad y la distancia. Aquellos objetos se encontraban – cuando los vio – a unos 40 Km. De distancia y su velocidad no sería inferior a 2,400 Km/hora. El tamaño de los mismos le pareció enorme. Pero lo que le llamó mayormente la atención era su extraña forma discoidal. “Parecían – dijo – dos platillos unidos por su parte cóncava” De ahí nació la desafortunada imagen de los “platillos volantes” que se prestaría a multitud de chistes tan fáciles como de pésimo gusto.

Aquella histórica observación de los primeros OVNIS sólo duró tres minutos, pero sus secuelas todavía están presentes después de todos estos años de avistamientos y de autentica “oleadas” de Objetos Volantes No Identificados. Estos términos en el idioma inglés dieron este resultado: (Unidentified Flying Objects) UFO y de aquí, el estudio de estos asuntos se llamó ‘Ufología’

De momento lo OVNIS, fueron tomados a broma por los científicos, más que nada por el sorprendente bautismo de que fueron objeto. Pero no tardarían en dar lugar a situaciones dramáticas. Veamos ante todo, un caso que hizo correr auténticos mares de tinta: la misteriosa muerte de Thomas Mantell conspicuo piloto militar que al parecer halló un trágico final en plena persecución de un OVNI.

Ello aconteció el 7 de Enero de 1948, cuando Mantell despegó de una base próxima, con órdenes expresas de perseguir a un Objeto Volante no identificado que volaba a unos 6,000 metros de altura cuando fue avistado por el radar. El mensaje de Mantell a su base de tierra parece que podría reconstruirse así: “Me acerco a la “cosa” para examinarla, pero la “cosa”

Sube más y más a una velocidad igual a la mía” es decir, manteniendo siempre las distancias. De súbito, cambia de tono de voz y desde la base captan el siguiente mensaje: “Ahora la “cosa” se despega y huye delante de mí a una velocidad de vértigo…..” Era el final. Mantell ya no volvería a transmitir a su base.

Dicen que aquel disco metálico desapareció literalmente en el cielo, acelerando muy por encima de la velocidad del F-51 del capitán Mantell, y volando más allá del techo que le era permitido a un aviador en aquella época.

Poco después los restos estriados del F-51 aparecieron diseminados a casi 50 Kilómetros a la redonda, como si el aparato se hubiera desintegrado al entrar en contacto con un potente e invisible campo magnético. Y el cadáver de Mantell apareció junto a los restos de su avión. Mientras testigos oculares del misterioso objeto, supuestamente causante de la muerte de Mantell, calcularon que por lo menos mediría setenta metros de diámetro.

El 27 de Octubre de 1973, una información procedente de Bogotá y publicada en toda la prensa española, decía textualmente:

“Varias personas de esta capital fueron presas de histerismo colectivo al paso de los llamados OVNIS que aseguran haber visto en forma de objetos voladores que desprendían luces”.

En la avenida Ciudad de Lima, lugar céntrico de la capital de Colombia, varios hombres y mujeres se apretujaron en un solo grupo para ver el paso de los OVNIS. Exclamaciones de asombro, susto, risas, dudas y hasta histeria, se apoderaron de estos transeúntes, los cuales según sus propias declaraciones, “juran haber visto los citados platillos”. En otras ciudades como Manizales y Pereira, se pudieron apreciar objetos que despedían una luz brillante, cuya causa no se pudo establecer y, que tras un corto lapso de tiempo, desaparecieron. Varios periódicos de la ciudad se ocuparon en sus primeras páginas de publicar declaraciones de personas que aseguran haber visto los objetos voladores. En uno de ellos se reproduce una foto en color tomada por un aficionado que logró captar un objeto indeterminado.

Pero veamos otro caso, todavía más interesante. Esta vez el objeto fue observado en Australia, diez años antes de la oleada sobre Colombia, el 30 de Mayo de 1963.

Aquel día, desde Camberra, comunicaron a todo el mundo una extraña noticia según la cual, tres astrónomos de aquel país habían visto un misterioso objeto volante viajando a través del firmamento, cuando pasaba sobre el Observatorio de Monte Stromio próximo a aquella capital. Este “objeto” – decía la citada noticia – “no podía ser obra del hombre” y ello por las siguientes razones:

a.- El “objeto” emitía luz, pero no por reflejo de los rayos solares, ni por otra causa, sino porque tenia luz propia.

b.- No era un meteorito, porque iba demasiado despacio y no dejaba huella alguna a su paso.

c.- Se desplazaba demasiado velozmente para ser un globo.

d.- Su color era rojizo-anaranjado y se movía de Oeste a Este como un satélite artificial, pero era distinto.

Quienes suscriben estas precisiones, eran científicos: el doctor Bart Bok, de origen holandés, reconocida autoridad en radioastronomía; el doctor H. Gollnow y la señorita M. Mowat, ambos astrónomos del mencionado Observatorio. Y fue precisamente el doctor Bok quien se apresuró a declarar que el objeto en cuestión no podía ser un satélite, porque – dijo – “era de tipo desconocido y brillaba demasiado para ser un satélite….”

 

Como complemento a esta notable información, el Departamento Australiano de Aviación Civil notificó que en aquel momento (el paso del OVNI) no volaba por aquella zona ningún avión.

Ahora bien, no son los astrónomos australianos los únicos que han visto objetos misterios en el cielo. También los han visto astrónomos europeos, como el selenógrafo ingles H. Percy Wilkins, o el astrofísico  norteamericano Clyde Tombaugh, entre otros. Por cierto que el gran astrofiscio estadounidense doctor Allan Hynek figura, junto con Jacques Vallée, técnico de la NASA, en la lista de científicos de primera fila que se interesan seriamente por la Ufología.

Desde 1947 hasta la fecha, millones de personas aseguran haber visto las extrañas evoluciones de los OVNIS, que con frecuencia parecen desafiar las leyes naturales, como la ley de inercia, por ejemplo. Pero aun contando con la buena fe de la inmensa mayoría de testigos, es evidente que la escasa formación científica de buen número de ellos, les incapacita para informar con conocimiento de causa sobre los OVNIS. Este sería un grave problema, si no fuera porque las observaciones de pilotos y técnicos del aire, atestiguando los raros comportamientos de los OVNIS, también deben ser tenidos en cuenta por los investigadores serios y objetivos. Si recordamos que esas observaciones ya se remontan a la II Guerra Mundial.

En efecto entre 1939 y1941, los pilotos aliados, observaron unos extraños fenómenos luminosos que describieron como “bolas de fuego” y que, en formación, se dedicaban a perseguir a los aviones en el frente europeo. Las “bolas de fuego” llegaron a alcanzar tanta importancia, incluso en los primeros meses de la postguerra.

Luego, de 1947 a 1952, la humanidad conoció un periodo de máxima atención a esos insólitos fenómenos aéreos, como ya hemos visto. También en la Unión Soviética han visto OVNIS, pero la versión oficial es que se trata de fenómenos naturales como, por ejemplo, nubes en forma de torbellino.

El astrofísico Félix Zigel manifiesta lo siguiente: “Los movimientos de los OVNIS, son de fundamental importancia a efectos de su estudio científico, y has de ser examinados antes que cualquier otro aspecto del problema. Estos objetos pueden permanecer realmente inmóviles, como suspendidos a cierta altura sobre el horizonte y por un lapso de decenas de minutos, u horas, para marcharse después a enormes velocidades, desarrollando aceleraciones increíbles…”

Zigel piensa que la hipótesis adelantada por algún científico, según la cual los OVNIS, podrían venir de otros planetas, merece la menos ser tenida en consideración. “Los testimonios que he recogido hasta la fecha – dice – coinciden en un aspecto muy importante: los discos voladores se comportan con sensibilidad, como si fuesen guiados por una mente dotada de inteligencia. Pero también precisa reconocer que los OVNIS, podrían ser otras muchas cosas….” Y Zigel añade:

“Los OVNIS podrían ser fenómenos naturales todavía mal explicados; fenómenos artificiales provocados en la naturaleza por la mano del hombre, por ejemplo, como consecuencia de las explosiones nucleares a gran altura; maquinas volantes de nuevo diseño y sofisticada tecnología.

No hay nada que se oponga, en buena lógica, a cualquiera de estas posibles explicaciones y a muchas otras que ahora mismo no somos capaces de imaginar.

Los diversos OVNIS,  como en la famosa máxima de Sócrates, nos recuerdan que cuanto más sabemos, sólo sabemos que no sabemos nada (de los OVNIS, Por supuesto)

El fenómeno OVNI,  se nos presenta como un complicado rompecabezas. De ahí que los científicos anden divididos al respecto, y que la inmensa mayoría se muestren reacios a admitir la hipótesis de su origen extraterrestre. Sin embargo, personalidades de tanto prestigio como el doctor Hermann Oberth, se han manifestado abiertamente a favor de dicha hipótesis.

Trasladémonos al Aula Magna de la Universidad de Barcelona, donde el doctor Oberth pronunció una memorable conferencia el 30 de Mayo de 1962. Durante la misma, el famoso científico declaró que “los verdaderos investigadores no pueden ignorar el estudio de los OVNIS, porque se trata de un problema serio y digno de ser tenido en consideración” Después de lo cual, el doctor Oberth se mostró partidario de la hipótesis extraterrestre, que en resumen presentó así:

“Personalmente, considero que los OVNIS pueden proceder de algún planeta estelar. En ningún mundo del sistema solar, si exceptuamos nuestra Tierra, puede existir ahora – hoy – una especie superior. Venus es un planeta demasiado joven, y Marte probablemente es demasiado viejo. Siendo así, los OVNIS,  quizá vienen de alguno de los dos soles más próximos al nuestro y pertenecientes, además, a tipos espectrales que permiten establecer una relativa comparación con el Sol que nos alumbra…”

En un momento de su interesantísima disertación, el sabio rumano-alemán, dijo textualmente: “Los uránidas como yo les llamo, son seres que el hombre no puede imaginar. Si vienen de mundos tan lejanos como supongo, es posible que viajen a velocidades comparables a la luz, y hasta sería lógico imaginar que pueden haber descubierto sistemas de propulsión tan extraordinarios para nosotros, como serían aquellos que les permitieran viajar al margen del tiempo y del espacio…”

¿Cómo se debe entender esto?, pensará el lector, sin duda, y además con toda la razón del mundo. Pero mucha atención: Debo aclarar que el doctor Oberth ha desarrollado una teoría sobre la teletransportación, en la que trata, en términos rigurosamente científicos, sobre “la posibilidad de materializarse a voluntad en algún lugar del espacio”. Y eso, que parece pura fantasía, y que para el hombre terrestre actual no hay duda que lo es, quizá nos ayudaría a explicar muchas cosas. Si tuviéramos el valor de aceptar semejante posibilidad en manos de estos seres.

Si aceptamos las ideas de Hermann Oberth, nos hallamos en situación de explicar, aunque sea por vía de hipótesis, una serie de cuestiones del máximo interés. Hablemos un poco de ellas.

“Por consideraciones cosmogónicas, estadísticas y evolucionistas, se ha inferido una gran probabilidad de que, incluso dentro de nuestra galaxia, existan más de 100,000 planetas en donde se hayan desarrollado formas de vida semejantes o paralelas a las que alberga la Tierra; y que el grado de evolución que hayan alcanzado sea en unos casos inferiores y en otros superiores, al que en este siglo presenta nuestra cultura. En otras palabras: se supone que en algunos de estos planetas imperan especies infrainteligentes – como cuando los dinosaurios señoreaban la vida animal en la Tierra -, y en otros se haya llegado a niveles de inteligencia, cultural y técnico superiores a las del hombre actual”

En primer caso, se incluyen formas de vida semejantes o paralelas a las que alberga nuestro planeta, mientras que en el segundo concedemos amplio margen a la infinita capacidad creadora de la Naturaleza. Pues en realidad, ¿Qué sabemos del espacio absoluto? ¿Pueden, los eventuales tripulantes de OVNIS, proceder de un universo paralelo o de un mundo en el que realmente exista la cuarta dimensión? Ya en 1958, el autor de estas leneas se preguntaba:

“Una de dos: o los tripulantes de los “platillos” no son seres como nosotros, dado que son capaces de soportar las durísimas presiones de la gravedad que se derivan de sus brucos movimientos, a los que hemos de añadir todavía la aceleración instantánea del “platillo”, o se trata, simplemente, de seres procedentes de otro universo – quiero decir, de otras dimensiones espacios-temporales – o en última instancia, de seres que dominan a la perfección lo campos de fuerza magnéticos y gravitacionales, y son capaces de “aislarse” de toda inercia, en virtud de llevar consigo su propio campo o sistema de fuerzas. En cuyo caso, nada tendría de extraño (es una suposición) que los Uránidas procedieran del Hiperespacio…”

Todo ello abre a nuestra inteligencia innumerables posibilidades, una de las cuales es, por adelantado, que le hombre podría representar, en la escala absoluta del conocimiento, un simple valor promedio. Claro que a nosotros, esta “mediana inteligencia” nos ha bastado siempre, sobre todo a partir de las culturas clásicas que definieron al hombre “como medida de todas las cosas”. Pero el tradicional pensamiento deductivo que ha formulado los fundamentos de la cultura de Occidente, ha de verse necesariamente sustituido en parte por el pensamiento prospectivo, es decir, por el pensamiento que en lo cual prefigura el futuro”

¿Cómo se imaginan los científicos la propulsión de un OVNI? En el supuesto de que los OVNIS, sean realmente de otros mundos, ¿Es posible imaginar algún sistema capaz de permitirles sus insólitos movimientos? De momento, en los círculos ufológicos, hace años que se conoce la teoría del capitán René Plantier, en verdad interesante.

René Plantier, as de la Aviación francesa, sugiere que los OVNIS, utilizan un campo gravitatorio propio, es decir que se desplazan apoyándose en principios físicos que permiten utilizar en beneficio propio las fuerzas de la gravedad. Lo curioso es que Plantier concibió su ingeniosa teoría mucho antes de que se oyese hablar de “platillos volantes” encontrándose en Indochina, se preguntó ¿Qué características debería tener un aparato aéreo para funcionar mediante una simple manipulación del campo gravitatorio? Y llevando este estudio a sus últimas consecuencias, esbozó una descripción de dicho aparato que se corresponde extraordinariamente con las que facilitan quienes aseguran haber observado platillos volantes.

Siguiendo a Plantier, vamos a suponer que en virtud de un descubrimiento, que por ahora queda lejos de nuestras posibilidades, se llegase a dominar la fuerza de gravedad, anularla y dirigirla en el sentido que se desease, así como multiplicarla a nuestro antojo cuando nos conviniera. Entonces ocurrirían estas cosas:

a.- Bastaría con dirigir esta fuerza hacia arriba y hacer que fuese más intensa que la atracción terrestre, para que un objeto sometido a esta última, se elevase o, más exactamente, cayese hacia arriba.

b.- En vez de “caer hacia arriba”, orientando adecuadamente esta fuerza, se podría conseguir una “caída” en cualquier dirección, y a voluntad.

c.- El aire que rodease el objeto en cuestión, captado por el campo gravitatorio propio, seguiría  al objeto en su “caída” de modo que éste no rozaría con el aire, evitando todo tipo de recalentamiento y no dando lugar a ruido alguno, incluido el bang supersónico. Esto explicaría el silencio con que suelen maniobrar – según miles de testigos – los célebres “platillos”, capaces de las evoluciones más inverosímiles, porque su aislamiento térmico les permite toda suerte de evoluciones y alcanzar, en plena atmosfera, velocidades increíbles.

Por otra parte, lo eventuales tripulantes del “platillo” que se hallarían también bajo los efectos del campo gravitatorio propio, “caerían” con él, no sufriendo en lo mas mínimo el efecto de las bruscas deceleraciones a aceleraciones, virajes brutales en ángulo recto y demás rarezas observadas en Ufología, porque todas y cada una de las moléculas de su cuerpo seguirían la dirección en que cayese el objeto.

En resumen, Plantier nos propone esta hipótesis de base: “Es posible aplicar a todos los átomos (o a los correspondientes núcleos atómicos) ubicados dentro de un volumen determinado, una fuerza proporcional a su masa (o una característica proporcional a la misma) orientable y maderable a voluntad. Semejante aplicación de fuerzas permite maniobrar hacia arriba, hacia abajo y también mantenerse en ingravidez, flotando a la altura deseada sobre el suelo y por tiempo indefinido”

El capitán Plantier explica muchas cosas. Teóricamente explica, por ejemplo, la nubes que a veces se observan alrededor o sobre los OVNIS, cuando éstos se hallan inmóviles. Aimé Michel las llama simplemente “nubes” pero otros autores – el capitán Keyhoe, entre ellos – las definen más propiamente como cigarros, o “naves portadoras”, aunque no siempre se trataría de naves nodrizas, sino de extrañas nubosidades originadas por el campo de un OVNI inmóvil, suspendido en el espacio en perfecto equilibrio con la gravedad de la Tierra. El caso es que la teoría del capitán Plantier sugiere que la fosforescencia observada en tantos OVNIS, procede de su flujo magnético.

La ciencia oficial comienza a aceptar la existencia de los OVNIS. En Julio de 1977, la revista norteamericana ‘Science Digest’ insertaba un interesante artículo de James Murray – escritor especializado en astronomía – en el que se podían leer estos conceptos: “Un asunto que alguna vez significó un “suicidio profesional”  para cualquier científico o estudiante que se comprometiera con él abiertamente, se ha convertido por fin en un disciplina reconocida por sí misma: la Ufología – el estudio científico de los Objetos Volantes No Identificados, u ONVIS – ha encontrado su camino en publicaciones tan serias como, Escuelas y Universidades a lo largo de todo el país (EE. UU.), ofrece ahora cursos sobre OVNIS,  y un buen número de grados académicos han sido ya otorgados en dicho campo. La primera tesis doctoral en la materia, ha sido publicada en forma de libro.

En gran parte, esa controversia tiene mucho que ver con la pregunta: ¿son los OVNIS espejismos del radar? Es decir, nadie duda, en Estados Unidos, de la existencia real de un fenómeno OVNI. La duda hace su aparición cuando se trata de averiguar en qué consiste esa realidad. Y a ese respecto, es obligado reconocer que se trata de una duda muy razonable. Pero ejemplo, es de esta misma opinión el solvente físico y meteorólogo James E. McDonald, en el sentido de que, cuando se estudia los ecos del radar, surgen no pocos interrogantes acerca de determinados efectos atmosféricos. Se trata de problemas todavía no bien resueltos que nos sitúan en las mismas fronteras del espejismo y la realidad

¿Dónde está el OVNI?, ¿Dónde el espejismo? Y es evidente que, por ahora, no disponemos de una solución satisfactoria. Los llamados “ángeles del radar”, pueden ser muchas cosas, pero también es posible que los OVNIS,  y los espejismos tengan algo más en común de lo que pudiera parecer – más en común, ojo, dentro de otra realidad posible -, todo lo cual nos faculta para que nos preguntemos se los Objetos Volantes No Identificados pueden proceder…. De la cuarta dimensión. ¿Por qué no?

Cuando los misteriosos OVNIS  se presentan de forma muy disimulada, hasta recordar el aspecto de “rayos en bola que se mueven inteligentemente”, hay motivos para pensar que podrían ser máquinas que “emanan” de una región del Cosmos inobservable desde nuestro continuo espacio-temporal. Los OVNIS  se “originarían”, según esto, en nuestro continuo espacio-temporal, después de viajar por el Hiperespacio sirviéndose de esa otra geometría, para nosotros inalcanzable, que es la cuarta dimensión. Se trata, en este supuesto, de naves interestelares, o acaso intergalácticas, capaces de viajar por los “pliegues” que comunican como auténticos atajos los multiuniversos, de modo que se beneficiarían de estructuras superdimensionales (para nosotros) y sólo se harían visibles cuando se proyectaran en esta parcela de universo de estructura tridimensional en la que nosotros vivimos.

Hasta aquí hemos hablado de casos concreto y hemos expuesto ideas abstractas, en un intento de explicar (si ello es posible) el fenómeno OVNI. Un fenómeno que admite, a pesar de su constante presencia desde 1947, el interrogante que encabeza estas líneas: ¿Mito o realidad? Vamos a continuar por este camino, que es el único posible, en busca de nuevas explicaciones.

La primera Comisión de Encuesta para averiguar qué eran los OVNIS, fue creada el 30 de Diciembre de 1947 por James A. Forrestal, a la sazón Secretario de Estado norteamericano. Aquel día Forrestal cursó un decreto, instituyendo la Comisión destinada a estudiar el problema de los OVNIS. Ocho días después, el 7 de Enero, sucedió el dramático incidente de Mantell, que costó la vida a este aviador cuando perseguía a un OVNI.

Más tarde, se edificó el Proyecto “Grudge”, cuya misión era, precisamente, demostrar que los OVNIS no existían. Era preciso tranquilizar a la gente… y tal vez también a las Fuerzas Aéreas, después de la muerte de Mantell. El 27 de diciembre de 1949, el Proyecto “Grudge” fue oficialmente disuelto, dejando como prueba de su labor un informe de 600 páginas en las que no se aclaraban de modo satisfactorio un 23% de observaciones, que los técnicos despacharon con esta curiosa declaración: “Queda un 23% de observaciones que por ahora no podemos explicar, pero a las que sin embargo hay que hallar una explicación, porque nosotros no creemos en los “platillos volantes”.

En principio, los “platillos volantes” parecían oficialmente enterrados…. Hasta que el general Cabell ordenó al capitán Ed. Ruppelt que resucitare el Proyecto “Grudge” La causa de este repentino despertar del interés por los UFO era el incidente ocurrido en 10 de Septiembre de 1951, en Ford Monmauth (N. Jersey), cuando los radaristas señalaron el paso de un platillo más rápido que un avión de caza, en el momento en que allí se encontraban “importantes personalidades”.

Ruppelt se puso a trabajar de firme y en Marzo de 1952 su oficina se convirtió en u organismo autónomo y cambió de nombre, pasando a llamarse desde entonces Proyecto “Bluebook”, el famoso Proyecto Libro Azul.

Demos ahora una ojeada a las estadísticas. Durante el año 1952, se recibieron entre 1,600 y 1,700 informes, lo que arroja una media mensual de 100 a 150 informes registrados por las Comisiones de Encuesta.

1953 fue un año de apreciable descenso en los avistamientos, pero el promedio mensual continuó siendo netamente superior a 20 informes. 1954 proporcionó 450 informes, o sea un promedio mensual de 30 a 40 informes. El primer semestre de 1955 aportó 189 informes, o sea un promedio mensual de unos 30 informes. (Aquí termina los datos recopilados por Ruppetl)

Según otras fuentes, el número de informes recopilados en la década 1947.1957 alcanzó la cifra de 5,700. Pero de los 4,400 informes reunidos por el ATIC hasta finales de 1952, sólo habían sido analizados cuidadosamente 1,593. ¿Cómo es que faltaba analizar la mayoría de casos?

Hasta cierto punto, la respuesta parece sencilla: esta labor de análisis era rigurosísima y estaba a cargo de técnicos que se distinguían pos su escepticismo, asistidos por un escogido plantel de asesores científicos civiles contratados secretamente por el ATIC. La consigna era hilar muy delgado. Ahora bien, aún así, estos análisis se descomponían del modo siguiente:

Globos sondas: 18.51% - Aviones: 11.76% - Cuerpos celestes: 14.20% - Varios: 4.21% - Fraudes: 1.66% - Insuficientes: 22.72% - No Identificados: 26.94%

La procedencia de estaos informes era la siguiente: pilotos y tripulaciones aéreas: 17,1%; científicos e ingenieros: 5,7%; operadores de torres de control: 1,0%; radaristas: 12,5%; observadores civiles y militares: 63,7%

Destaca la calidad técnica de estos testigos, muchos de ellos personas acostumbradas a escrutar el cielo y capaces de identificar instantáneamente (en especial los pilotos, tanto militares como civiles) cualquier tipo de aparato que lo cruzara.

Otro dato significativo: en esta estadística, el 26,94% de casos no identificados abarca la respetable cifra de 429 observaciones. Cantidad que según Ruppelt, acaso debería multiplicarse por 100, habida cuenta de que las Comisiones de Encuestas sólo habían recibido (hasta la fecha) el 10% de las observaciones efectuadas en Estados Unidos desde Junio de 1947 a finales de 1952

Esto aparte, y como para contribuir a incrementar la confusión reinante en torno a la problemática OVNI, las teorías de Haffner y Klass explican actualmente multitud de fenómenos que años atrás fueron catalogados en el apartado de inexplicables. Hablemos un poco de los rayos globulares y de los plasmas.

El rayo en bola, es un fenómeno de electricidad atmosférica relativamente raro. Generalmente, se presenta bajo la forma de una bola roja luminosa, o toma la apariencia de una bola hueca de 10 a 20 cm. De diámetro, rodeada de un campo azulado y de bordes difusos; en algunos casos, ese campo contrastante puede ser de un blanco resplandeciente y de de bordes netamente definidos. En cualquier caso, el rayo en bola produce un ruido como de silbido, de zumbido o de tableteo. Al extinguirse, suele dejar a su paso una nebulosidad parda por trasparencia y azul por reflexión, o blanca cuando el aire está saturado de humedad. Esto se acompaña del desprendimiento de un olor penetrante. Su vida fluctúa entre una fracción de segundo y varios minutos; lo más frecuente es que sólo dure de 3 a 5 segundos.

El rayo en bola puede aparecer al salir de una nube, pero también puede presentarse suspendido en el aire o reposando sobre un objeto. Se extingue silenciosamente, con un ligero chisporroteo o con una explosión cegadora, en cuyo caso se escapan de él breves relámpagos lineales en gran número y en todas direcciones. La velocidad del rayo en bola es muy elevada, y en las proximidades del suelo o en lugares cerrados se desplaza a unos dos metros por segundo, pudiendo detenerse además – como ingrávido – por unos instantes. Detalle interesante: un gran rayo en bola es capaz de expulsar, cuando estalla, a varios discos globulares de menos tamaño.

Su movimiento se compone con frecuencia de un descenso brusco hasta algunos metros sobre el terreno, seguido de un ascenso. Ahora bien, solamente en un informe norteamericano – citado por el profesor Maurain – se habla de meteoros de ese tipo de gran diámetro y comparables, por su volumen, al que suele adjudicarse a los OVNIS. Sin embargo, es posible que los rayos en bola expliquen bastantes casos de observaciones. Se trata, por consiguiente, de otra contribución a tener en cuenta para explicar el enigma de los Objetos Volantes No Identificados.

Cedamos ahora el paso a los plasmas, para que aporten, a su vez, otra explicación parcial. Pero ante todo, aclaremos de qué plasma estamos hablando, con objeto de evitar graves y fáciles confusiones. En física, se llama plasma al estado en que se encuentra la materia sometida a elevadísimas temperaturas, como las reinantes en el corazón del Sol y las estrellas. Pero recordemos que también existen plasmas atmosféricos, simplemente eléctricos, o ionizantes, con efectos magnéticos. Esos plasmas, como es obvio, comparados con los plasmas estelares son prácticamente fríos, y por eso se les llama así: “plasmas fríos”. 

El plasma que ahora no interesa es éste relativamente frío y superligero, que se produce en nuestra atmosfera bajo determinadas condiciones de humedad y también, indirectamente por mano del hombre. Este plasma es un gas, que en vez de estar formado por partículas neutras como el aire ordinario, se compone de partículas cargadas eléctricamente, y que, en su movimiento, dan lugar a los fenómenos magnéticos causados por las corrientes eléctricas. De ello resulta que tales plasmas poseen propiedades magnéticas. Pues bien, en las páginas de la revista norteamericana ‘Aviation Week and Sapace Technology’ el físico Philip Klass expuso una tesis según la cual muchas apariciones de OVNIS, no serían otra cosa que simples globos ionizantes o “plasmas fríos”

En 1965 se produjo en Exeter una serie de apariciones OVNIS. Un miembro del NICAP, el periodista John G. Fuller, consagró a estos acontecimientos una obra titulada ‘Incidente en Exeter’, en la cual subraya el hecho de que la mayoría de los OVNIS, fueron vistos junto a líneas de alta tensión. Y Philip Klass estima que estas observaciones vienen a corroborar su tesis de que las líneas de alta tensión pueden producir plasmas parecidos al rayo den bola y presentar, por tanto, la apariencia de OVNIS.

Sigamos los razonamientos de Klass y comencemos por el color. Centenares de informes describen la apariencia de los OVNIS, como luminosa o fluorescente, aspecto que conviene muy aproximadamente a un plasma eléctrico-atmosférico. La diversidad de colores observados según los testigos, se explica por la composición del plasma y el estado de los gases que lo integra, porque – dice Klass – el color del plasma eléctrico depende de su energía interna. Por ejemplo, el nitrógeno a altas temperaturas da una luminosidad azulada, pero cuando la energía se disipa ese color cambia a rojo; a ciertos niveles de energía en los cuales los átomos de todos los gases del aire están excitados, los diferentes colores se combinan para dar una luminiscencia blanca predominante, con destellos periódicos de otro gran número de colores.

Es curioso recordar que estudiando un grupo de apariciones de OVNIS, miembros del NICAP descubrieron que el 28% de los observadores comunicaban que “durante la aparición se producía un cambio de color que parecía estar relacionado con la aceleración del objeto”

Pero llegado aquí hay que matizar. La ilusión de objetos sólidos puede ser provocada por “plasmas fríos” es decir, por conglomerados de partículas de polvo o de cristales de hielo eléctricamente cargados, que pueden adquirir un movimiento de remolinos a causa de acciones electrostáticas o por otros motivos, asumiendo entonces la forma de un cuerpo de revolución esférico, elipsoidal o en disco.

Recordemos nuevamente que una de las particularidades más sorprendentes de los OVNIS es que pueden realizar virajes bruscos en ángulo recto, detenerse y retroceder instantáneamente, incluso cuando están lanzados a toda velocidad; en fin, que son capaces – al menos visiblemente – de contradecir las leyes de la inercia. Esto nos lleva a suponer que en tales casos nos encontramos con objetos que no serían sólidos, sino gaseosos como los plasmas. Plasmas que – atención al dato – también proporcionan un eco excelente al radar, a veces muchas más fuertes que el de un objeto compacto y de las mismas dimensiones.

Y esta cuestión de los ONVIS “fantasmales” se nos complica cuando recordamos, también, las experiencias de otro físico A. P. Jenkins, que ha realizado para sus demostraciones plasmas que presentan gran número de particularidades atribuidas a los OVNIS. Estos OVNIS artificiales se obtienen por la descarga de un arco eléctrico en un tubo de vidrio conteniendo aire en un vacio parcial. Haciendo variar la tensión de la corriente y la presión del aire, y utilizando el efecto producido por la posición de la mano del operador a lo largo del tubo, se pueden producir casi todas las formas y colores atribuidos a los  OVNIS, comprendidas las formas en “platillos” y en “cigarros”. “Incluso es posible reproducir – agregó Jenkins – escuadrillas de OVNIS  en situación de vuelo (…) Podemos poner esos OVNIS en situación de vuelo estacionario, en barrena o hacer que huyan rápidamente”.

Es indudable que todo esto nos acerca mucho a la desmitificación de los OVNIS, pero la verdad es que sólo se aproxima a la solución que andamos buscando; porque tanto Klass como Jenkins nos proporcionan explicaciones y fenómenos casi convincentes, pero no definitivas. Y es que en ese ya enojoso asunto de los OVNIS, siempre nos encontramos con lo mismo; siempre falta algo para completar una buena explicación, tanto si ésta es o pretende ser positiva, como negativa.  

¿A caso fuimos visitados en otras épocas por seres del espacio? Científicos como Carl Sagan y Yósif Shkolovski, por ejemplo, no descartan semejante posibilidad. Y cuando estudiamos la moderna hipótesis de los OVNIS, no tardamos en descubrir que hay en pasado hechos muy curiosos que evocan poderosamente la huella de los extraterrestres. Lo malo es que no disponemos de la célebre máquina para explorar el tiempo creado por la fértil imaginación del hombre, para remontarnos al pasado y comprobar la realidad de los hechos. Pero en su defecto, disponemos de documentación suficiente para estudiar aquellas posibilidades.

La literatura védica es rica en abundantes ejemplos. Los manuscritos de Mahabharata nos hablan de una máquina circular “que volaba resplandeciente como la Luna”, y en dichos textos pueden leerse cosas tan sorprendentes y maravillosas como éstas, capaces de hacer volar la libre fantasía:

“El hermoso carro celeste poseía el brillo del fuego. Resplandeciendo con poderosa luz, como una llama en una noche de verano. Como un cometa en el cielo. Como un meteoro redado por poderosa nube” Más aún: La fantástica máquina voladora del gran poema épico que es el Mahabharata, se describe como “teniendo dos pisos y muchas cámaras y ventanas”

Naturalmente, muchos han pretendió ver un OVNI, en la anterior descripción. Pero veamos otra referencia de la India antigua. En pasajes del Ramayana – la gran epopeya que narra las hazañas de Rama, y que si bien es atribuida al poeta Valmiki  (siglo IV a III a. C.) debe basarse, sin duda, en obras bastante más antiguas – se hace mención de los “carros de fuego” y de los “carros voladores”, en estos términos:

“Bhima volaba en su carro resplandeciente como el Sol y ruidoso como el trueno… el carro volante centelleaba como una llama en el cielo nocturno estival….  Pasaba como un cometa… Parecía que brillaban dos soles… He aquí que el carro se elevaba y todo el cielo se iluminaba…” Pero de una manera muy especial se describe un carro celeste muy concreto: el puspaka. Leámoslo:

“El carro “puspaka”, parecido al Sol y que pertenece a mi hermano, fue traído por el poderoso Ravana… Este excelente carro aéreo, que va a cualquier sitio a voluntad, está dispuesto para ti (Rama)… Este carro, parecido a una brillante nube en el cielo, está en la ciudad de Lancka… Viendo como venía el carro movido por la simple fuerza de su voluntad, Rama alcanzó el colmo del estupor. Y el rey subió a él, y el excelente carro, bajo el mando de Raghira, se elevó a lo más alto de la atmósfera. Y en este carro, desplazándose a su placer, Rama halló gran deleite”

Entre otras muchas cosas, se nos cuenta también un viaje que hizo Rama a borde de su “puspaka”, a través de una zona que prácticamente comprende toda la India, ya que se describen la totalidad de los montes y ríos del Norte, terminando el vuelo en la antigua isla del Ceilán. Pero esto no es todo. En otra parte del Ramayana se lee:

“… Y en el divino “puspaka” se sentaron alegremente Sugriva, con su ejército de vanaras, y Vibshana, con sus ministros. Ya instalados todos, el maravilloso vehículo de Kubera, a una orden de Rughava, se lanzó al espacio… Este carro brillante como el Sol naciente, este carro divino que sirve a Rama y es rápido como el pensamiento… Percibieron al príncipe en su carro, al elevar la vista, semejante a la Luna en el firmamento… Mas divisando a Ravana caerse en el aire con el “puspaka”, hacia él se lanzaron con sus rápidos carros. Y reanudaron la lucha desde posiciones iguales”

¿Qué hemos de pensar?, ¿Mitología?, ¿Simbolismo religioso?, ¿Fenómeno o hecho real? Quizá no sea muy elegante decir que poco importa pretender averiguar cosas que, ciertamente, quedan fuera de nuestro alcance. La literatura védica no siempre parece asequible a nuestro intelecto a pesar de su clara carga religiosa; parece que hay en esos textos algo más. Pero nos vemos obligados a hacer profesión de modestia para contentarnos con la socorrida frase: hay en nuestro pasado histórico multitud de hechos misteriosos, o más explicados, que nos plantean arduas dudas y complejos problemas relacionados con el espacio atmosférico y, ¿Por qué no?, has con el espacio cósmico.

Sigamos pues, con el pasado. Una antigua inscripción asiria encontrada durante unas excavaciones, contenía este singular mensaje: “El rey Están, de Nínive, ascendió tan alto que podía ver la tierra como un pan dentro de una cesta”

¡Extraordinario texto! La leyenda, el mito, la verdad histórica y la ciencia se hallan mezclados, como la arcilla de que nos hablara un día Omar Kayyam, en nuestro remonto pasado. Bastaría el testimonio de un arqueólogo como Emilio Ribas (en Enigmas del pasado) o de un estudioso como Benjamín Farrington (en El cerebro y la mano en la antigua Grecia) para dar fe de ello. Y es que acaso los mismos orígenes del hombre se relacionan con las huellas de posibles visitantes del espacio, que a menudo creemos encontrar en nuestras investigaciones.

A modo de ejemplos elegidos al azar, podríamos citar los siguientes interrogantes:

¿Quién edificó las terrazas de Baaldeck con pesadísimos bloques de piedra y sin ninguna máquina, cuando se necesitarían las grúas más potentes para levantarlas?

¿Quién inspiró el diseño de ese “cosmonauta” pintado sobre un paño de roca saharina hace 10,000 años… o tal vez más?

¿Y quién enseñó a los incas el extraordinario calendario del templo de Kalasasava?

Pero aún hay otro misterio, y nada pequeño por cierto. ¿Sabía el lector que el mundo cartográfico desde el aire en nuestra prehistoria? A este fascinante misterio, los estudiosos le pusieron un nombre: mapas de Piri Reis. Ahora examinemos estos textos entresacados de las famosas Estancias de Dyzán:

“Frutos y granos, desconocidos sobre la tierra hasta entonces, fueron traídos desde otros Lakas (esferas o planetas) por los Señores de la Sabiduría, en el propio interés de los que éstos regían”.

“Señores de faz resplandeciente abandonaron la Tierra, retirando sus conocimientos a los hombres impuros y borrando las huellas de su paso. Se marcharon en “carros voladores” movidos por la luz, a su país de hierro y de metal”

Eugenio Danyans, conocido estudioso del tema, se refiere a las discutidas Estancias de Dyzán en estos términos: “En la literatura védica en un relato que se encuentra en las llamadas Estancias de Dyzán, hallamos referencias sobre unos eventuales instructores extraterrestres. He aquí el pasaje en cuestión: “Y el gran Señor del Rostro Resplandeciente, el jefe de todos los que tenían la cara amarilla, estaba entristecido viendo los pecados cometidos por los Señores del Rostro Sombrío… Envió sus vehículos aéreos (vimanas) a todos los jefes sus hermanos, con hombres piadosos en su interior, diciéndoles: “Preparaos. En pie, hombre de la Buena Ley, y atravesad el país mientras aún está seco… Los Señores de la Tempestad se aproximan. Sus carros volantes se acercan a la Tierra… Los señores inferiores de los fuegos… preparan sus mágicas agnyastras (armas de fuego preparadas por arte de magia)”.

Al margen de que cada cual es libre de pensar lo que le plazca, los hindúes creen que antiguamente, pudieron haber tenido instructores extraterrestres. Por ejemplo, creen que el trigo fue introducido en la Tierra por visitantes celestes, mensajeros de otros mundos y portadores de nuevas técnicas.

Y también encontramos, en las tradiciones seculares de muchos pueblos, el recuerdo de educadores y bienhechores del género humano que, bajo distintos nombres y apariencias, llenan la historia mítica del pasado surgidos misteriosamente de nadie sabe dónde, para transmitirnos culturas y enseñanzas superiores.

Acaso podría ser éste el testimonio que andamos buscando: el gigante pintado sobre un paño de roca en pleno Sáhara cuando, 8,000 ó 10,000 años atrás, este desierto era todavía un vergel. Se trata de una historia cuyo origen se remonta al año 1933. El escritos galo Lucien Barnier, cita el caso del supuesto “cosmonauta” del Sáhara, en la región de Tassili-n- Ajjer, en la ondulación de terreno conocida por Jabbaren, que en lengua tuareg significa “los Gigantes”,. Fue en esta región donde el etnólogo francés Henri Lothe, estudió en 1956, unas misteriosas pinturas rupestres, cuya antigüedad estimó entre 8,000 y 10,000 años, y parte de las cuales representan a uno seres gigantescos que se asemejan de modo extraordinario a otros tantos cosmonautas “enfundados en sus escafandras”. El mayor de estos jabbaren mide seis metros de altura (y se trata de una figura incompleta, sin extremidades inferiores), y es el que indujo a Lothe a bautizarlo con el explicito nombre de ‘Le Grand Dieu Martien’, o Gran dios marciano.

Desde cualquier punto de vista que se examine, esta figura da mucho que pensar. Hoy sabemos que en el Fezzan bíblico, los hombres rupestres pintaban con tierras y huevos o leche, sobre las rocas. Ignoramos cómo se han podido conservar durante tanto tiempo estas maravillosas obras del arte primitivo, y menos sabemos aún del gigantesco arte que florecía en la zona del Tassili. Sólo podemos describir, siguiendo a Henri Lothe y a Fabrizio Mori, el aspecto de aquel “gigante vestido de cosmonauta”: la cabeza del coloso es redonda y da la sensación de hallarse protegida por un casco que presenta una especie de pequeña abertura para permitir la visión en el sentido de marcha hacia adelante…

Pero este importante descubrimiento no es, como ya sabemos, el único en su género. Existen otros gigantes o jabbaren en toda la región de Tassili, pintados sobre las rocas. Y además, en los Alpes italianos y en la región de Uzbekistan, URSS,  también se han descubierto otras curiosas figuras rupestres, que hacen pensar en una posible visita a la Tierra, en aquellos remotos tiempos, de seres procedentes del espacio. Más, todavía: en el Japón se conservan antiguas leyendas protagonizadas por misteriosas figuras que también recuerdan a nuestros actuales cosmonautas. ¿Significa todo ello – se pregunta el investigador ruso Kasántzev – que fuimos visitados por hombres del espacio cuando aquí en la Tierra nos hallábamos aún en plena prehistoria?

Autores como el citado, han especulado al respecto sobre la desaparición de un antiguo planeta, que determinados cálculos suponen que existió entre las órbitas de Marte y Júpiter; un astro que algunas teorías cosmogónicas imaginas como volatizado por algún cataclismo. Y hasta hay autores que han creído poder interpretar tal desaparición como producto de una catástrofe artificial, causada por ingenios atómicos o nucleares, creados por una remota civilización que para siempre nos será desconocida, pero algunos de cuyos supervivientes pudieron haber llegado hasta la Tierra. Ellos, los presuntos habitantes del desaparecido planeta (bautizado con el nombre de Faetón) serían, según tales autores, los cosmonautas pintados por los hombres del Tassili. Según esta hipótesis, ya no pudieron regresar a su planeta de origen y, mezclados entre los hombres prehistóricos, tal vez fueron adorados como dioses antes de ser evacuados por el delicado y a la vez ingenuo arte rupestre.

Sea lo que fuere, nos consideramos facultados para extendernos en algunas consideraciones sobre el arte rupestre, demostrativas de que las pinturas de los jabbaren – contemporáneas del despertar de la humanidad ´no tenían nada que ver con los motivos habituales ni con el estilo propio de aquellos tiempos. Examinados desde el punto de vista artístico, los habbaren no contienen los elementos mágicos y por supuesto, y con mayor motivo, del primitivo hombre rupestre. ¿Cuál pretendió ser entonces el mensaje de los hombres del Tassili? Tal vez sólo disponemos de dos plausibles respuestas:

a.- Aquellos anónimos artistas sólo se propusieron “plasmar lo que vieron” Eran gentes sencillas y felices en su Arcadia sahariana; la magia no siempre era precisa en aquel abundante vergel, y pintaban lo que veían con el mismo objetivo que los niños.

b.- Pero hay otra respuesta mucho más interesante y audaz. Los paños de roca pintados en el Tassili revelarían una verdad hasta ahora oculta: la sorprendente originalidad de un diseño fuera de tiempo para su época, superando la factura de las “cabezas redondas” y más o menos “picassianas” (transición al Neolítico), para plantearnos muy seriamente el dilema de si se trataba de la simple fantasía de una genio ignorado, o del verdadero retrato de uno o varios cosmonautas. En cuyo último caso, el famoso gran dios marciano podría ser el retrato del primer extraterrestre que pisó nuestro planeta.

Pero los grandes enigmas del pasado no acaban aquí, ni mucho menos.

En la costa peruana del Pacífico se descubrieron unas extrañas figuras de dimensiones gigantescas que hoy la ciencia conoce por figuras de Nazca. Estas figuras, grabadas en la ladera de unas colinas bajas y desoladas, a partir de las cuales se extienden por la llanura, jamás se habían distinguido antes desde tierra… por la sencilla razón de que, para apreciarlas en su conjunto, hay que “volar” es decir, contemplarlas desde una altura conveniente.

Esto es lo que hizo el norteamericano Paul Kosock, el cual, volando sobre las estribaciones de los Andes, en las proximidades de El Callao y sobre la región donde se acentuó la cultura pre inca de los paracas,  descubrió curiosas figuras de aves, arañas y seres fabulosos, junto con una verdadera red de líneas rectas, cuadrados y otras figuras geométricas de difícil identificación.

En la actualidad existen dos versiones sobre el origen de este gigantesco jeroglífico de Nazca: la primera, y oficial, la da María Reiche, gran estudiosa alemana, que atribuye el citado origen a un gigantesco observatorio astronómico preincaico, “el más maravilloso y enigmático de la antigüedad”. La segunda, mucho más atrevida, se inclina por la hipótesis de un colosal cosmódromo.

Pero quizá más reveladores que las misteriosas figuras de Nazca sean los célebres mapas de Piri Reis, que también exigen una vista aérea, como si se hubiese cartografiado el mundo desde el aire… ¡10,000 años atrás! La documentación sobre los Piri Reis se funda en el estudio del norteamericano Iván T. Sanderson. El nombre de estos mapas proviene de su propietario Piri Reis, almirante turco que tomó parte en la batalla de Lepanto; fueron antes propiedad de un piloto de Colón, quien se lo mostró a éste, radicándose en su creencia de que existían tierras al otro lado del Atlántico. A partir de aquí, Sanderson nos sitúa ante el formidable enigma de estos mapas y demuestra que en realidad son mucho más antiguos de los que en principio permitía suponer su descubrimiento. El estudio a fondo de estos mapas nos reserva como mínimo tres grandes sorpresas.

1.- A pesar de haber sido confeccionados en Europa o Asia, los cartógrafos de los Piri Reis ya mostraban la línea costera de América antes de que Colón se enfrentara miles de años después con las culturas maya y azteca.

2.- La historia no demuestra, claro está, que en la época de Colón y Piri Reis, existieran hombres con conocimientos topográficos y cartográficos tan avanzados.

3.- Es preciso admitir que quienes trazaron los antiguos mapas de Piri Reis (los de la época colombina eran una simple copia), eran seres que no sólo disponían de naves muy marineras, sino también de aparatos voladores de la clase que fuese, pues algunas de las cordilleras que aparecen en dichos mapas, en opinión de especialistas del Ejército norteamericano, “sólo podían haber sido observadas desde el aire”

“Los mapas de Piri Reis – escribe Mallery – mostraban toda la tierra con el mayor detalle y una sorprendente exactitud, incluyendo no sólo las costas de las dos Américas, sino también las de toda la Antártida, y, por si esto fuese poco, presentaban varias cordilleras montañosas que no sólo coincidían con las que conocemos hoy en día, sino también con algunas que sólo se podían apreciar en la Antártida cuando ésta no se hallaba cubierta de la actual capa de hielo. Este último detalle permite sospechar que la antigüedad de los Piri Reis puede remontarse a 10,000 ó 12,000 años atrás.

Pero llegados aquí surge otra pregunta: ¿Quién navegaba alrededor del continente americano y de la Antártida, o mejor dicho, quién podía sobrevolar la Tierra para cartografiarla entera, antes de que se formara no sólo el gran casquete polar austral, sino también el menos importante del Polo Norte? Porque resulta que algunas de las cordilleras señaladas en los Piri Reis, sólo podían haber sido observadas desde el aire cuando emergían desde el suelo, todavía no helado, o sea antes de la última glaciación”

¿Serían pues, visitantes del espacio, los autores de los primeros mapas de Piri Reis? En fin, otro misterio en puertas.

Para redondear fechas, sería lícito decir que el interés español por los OVNIS comenzó en 1950, con motivo de una auténtico flap u oleada de objetos insólitos en nuestro cielo. Pero ello no obsta para que, en los archivos de los centros ufológicos nacionales, exista constancia de observaciones anteriores a esa fecha, que aquí aceptaremos a título convencional. De los que no hay duda es del enorme interés que este problema viene suscitando desde principio en toda España.

El fenómeno de los OVINIS, las observaciones de extraños cuerpos o vehículos de formas lenticulares y muy luminosos, incluyéndose casos de objetos aterrizados (o supuestamente aterrizados), se da en España con toda intensidad como en otras naciones; pero, como en tantos países para documentarse debidamente es preciso acudir a fuentes investigadoras especializadas. Entonces se demuestra la entidad de los hechos, y los investigadores destacan la incidencia en el entrono físico – huellas en el suelo, matorrales chamuscados - , así como los efectos psicosomáticos en seres humanos y animales. También cabe destacar el efecto electromagnético, en motores de explosión. Como se ha comprobado en multitud de ocasiones, sin previo aviso se apagan los faros y la radio de los automóviles, y deja de funcionar el motor. Esto dura el tiempo en que se halla próximo un OVNI y al alejarse éste, los coches recuperan la normalidad. Por mi parte, puedo asegura que ello es cierto, y he recibido docenas de cartas de testigos solventes que así lo certifican. Pero, ¿son suficientes todas estas demostraciones para estar bien seguros de que los fenómenos OVNI son “auténticos”, es decir, naves procedentes de otros mundos?, ¿Y, por qué han de ser, forzosamente, naves procedentes de otros mundos? Entre ambos interrogantes merodea la respuesta correcta, pero todavía nadie la ha encontrado. Quizá porque no siempre lo real coincide con lo “autentico”…

Veamos ahora una observación interesante, relatada por un especialista de tanto prestigio como Vicente Juan Ballester Olmos, presidente del CEONI de Valencia.

1.       º de Noviembre de 1968. Francisco Martí Cuartero y otros cuatro amigos, jóvenes que se encontraban cumpliendo el servicio militar en el acuartelamiento de San Bernardo, de Zaragoza, a primeras horas de la madrugada regresaban hacia la mencionada capital desde Barcelona, tras el permiso concedido por la festividad de Todos los Santos. Iban por la carretera de lo Monegros, con la radio conectada, charlando en el interior de su automóvil, cuando, hallándose a unos 40 Kilómetros de Zaragoza uno de los ocupantes del mismo exclamó: “Mirad, está saliendo el Sol” Se apercibieron entonces de que el disco de intenso color anaranjado que estaban contemplando no podía ser el Sol, porque estaba saliendo por el Oeste. Cuando el coche se encontraba a unos 500 metros del extraño y luminoso objeto, de forma discoidal, la radio dejó de funcionar y también se paró el motor del vehículo, se apagaron los faros y se les detuvieron los relojes. Presos de gran excitación y nerviosismo, vieron que el enorme disco se posaba a la izquierda de ellos, a medio Kilómetro de donde se hallaban. Su aspecto era metálico, de color anaranjado muy brillante y su apariencia general recordaba la de una cúpula. Su tamaño era enorme, según declararían después los testigos, y el objeto estuvo cerca de tres minutos “como aterrizado”. Transcurrido este lapso de tiempo, comenzó a elevarse suavemente y sin emitir el menor ruido. Cuando se hallaba a una altura relativamente baja, aceleró bruscamente (clásica constante de los OVNIS), y en pocos segundos sólo se vio un pequeño punto luminoso. Una vez desaparecido de la visto de los asombrados testigos, tanto faros como motor, radio y relojes, volvieron a funcionar normalmente. Desde que apareció hasta que lo perdieron de vista, los cuatro amigos calcularon que sólo había trascurrido unos cinco minutos. El estado del cielo era nuboso. Al llegar a Zaragoza dieron parte a las autoridades militares.

Sucedió el 25 de febrero de 1967, a las 9.30 de la noche. Don Jaime Ordovás Artieda, con nueve mil horas de vuelo, pilotaba un Caravelle en vuelo regular nocturno Palma de Mallorca-Madrid. Había despegado del aeropuerto de San Juan con un ligero retraso, y llevaba unos veinte minutos de vuelo cuando se encontró con un objeto que, durante rato, se hizo visible desde la cabina de mando de su avión. El insólito objeto se movía de unos 9,000 metros de altura, probablemente un poco por encima del Caravelle. Su aspecto era triangular y emitía una luz de color rojo intenso. Parecía que se hallaba frente a la cabina del avión y cambiaba de color, sin parpadeo alguno, de modo que en pocos segundos pasaba del rojo al blanco brillante, con un anaranjado intermedio. El tiempo que tardara en cambiar de un color a otro, perfectamente cronometrado, era de diez segundos. Con el segundo piloto, señor Carvajal, Ordovás hizo señales al extraño objeto, pero éste no respondió. Se encontraba a gran distancia, imprecisable por el radar de colisión del Caravelle, y su tamaño aparente era el de una naranja. Otro dato interesante es que se pudo averiguar que en aquel momento no había tráfico aéreo en la ruta que seguía el Caravelle. Y don Jaime Ordovás declararía poco después:

“No sé lo que era el extraño objeto, sino lo que no era; ni un avión, ni un globo-sonda, ni un aerolito” Y añadió: “Primero se alejó, pero sin desaparecer, hasta convertirse en un simple punto luminoso. Luego se acercó hasta la posición anterior y descendió, aparentemente, hasta casi tocar el suelo, subiendo de nuevo a velocidad vertiginosa (en cosa de tres segundos alcanzó 9,000 metros). Permaneció a nuestra altura otros ocho o nueve minutos, alejándose, después lentamente y empequeñeciéndose con la distancia, hasta desaparecer por completo. Entonces el Caravelle volaba ya sobre Castellón de la Plana. En total la observación duró unos 20 minutos”

El escritor Carlos Murciano, en una entrevista publicada poco después en el rotativo madrileño ABC, preguntó a Jaime Ordovás:

“- ¿Ha tenido usted alguna visión similar durante sus nueve mil horas de vuelo?”

“-Nunca – le contestó el piloto – Es la primera vez que me ocurre. Sin embargo, sé que entre pilotos de “Iberia” se han dado casos más claros que el mío”

Y la entrevista concluía con estas contundentes palabras del piloto:

“Me resisto a admitir la posibilidad de haber tenido un encuentro extraterrestre. Pero reconozco que la técnica que un objeto de estas características deja traslucir, debe ser excepcional. Sé un poco de astronáutica – dejo esbozando una sonrisa -, y jamás he oído hablar de una aparato con esta forma y esta movilidad”.

Y es que, a veces, los pilotos se enfrentan con casos en verdad insólitos, como el que ahora paso a relatar:

Con retraso y con fecha algo imprecisa, es decir, aproximadamente sobre los meses de Febrero a Marzo de 1977, nos llegaba esta noticia sobre un suceso insólito en toda la historia de la aviación española:

Un Caravelle de “Aviaco”, que hacia regularmente la línea Valencia-Bilbao, sobrevolaba, a las dieciséis horas cuarenta y cinco minutos, el bilbaíno aeropuerto de Sondica. Pero desde el control de tierra comunicaron que el aeropuerto estaba cerrado por malas condiciones de visibilidad. Entonces el aparato se dirigió hacia Parayas (Santander), que algunas veces se utiliza como aeropuerto alternativo. Cuando se encontraba en este rumbo, el avión penetró, a una altura de 4,000 metros en una extraña nube. Fue en ese momento cuando comenzaron a fallar los instrumentos de vuelo. El propio comandante del Caravelle, manifestaría: “Quedaron fuera de servicio los instrumentos integrales combinados con la brújula electrónica; también fallaron los HZ4, que hacen la veces de “horizonte artificial”. Y al mismo tiempo, el radar quedó desconectado y la radio bloqueada. No podíamos recibir llamadas ni cursarlas. Es decir, que no escuchábamos ni a Bilbao ni a Santander, y ellos tampoco podían oírnos a nosotros. Pero más sorprendente fue el inexplicable funcionamiento del DME, que es un aparato semejante a los cuentakilómetros de los automóviles. Es efecto – prosigue el comandante -, apenas entramos en aquella nube, el DME, al revés que es resto de los aparatos, siguió funcionando pero empezó a contar los kilómetros a la inversa. O sea, que si llevábamos en ese momento unos 40 kilómetros  (contados a partir de Bilbao), el DME no siguió la cuenta normal, sino todo lo contrario. Y ante nuestro asombro, empezó a contar 38, 37, 35, 34…, hasta llegar a 0. Y aún prosiguió contando ¡hasta 15 kilómetros más allá de Bilbao! Esto quiere decir que el cuentakilómetros señaló un “regreso” a Bilbao a partir de otros 15 kilómetros más allá… sin que pudiera producirse tal regreso, porque el rumbo que llevábamos era el de Santander. En fin, igualmente saltó el piloto automático, aunque, quizá cabe la posibilidad de que el fallo fuera provocado esta vez por las anteriores anomalías”

Pero lo más sorprendente viene ahora.

“Cuando por fin, salimos de aquella nube, todo volvió a la normalidad y de forma simultánea – continúa diciendo el capitán – Era incomprensible, porque de haberse tratado de un fallo interno, habrían saltado de inmediato las señales que denuncian las averías. Tampoco se registró ninguna señal de emergencia en el llamado “panel de pánico”. O sea que, una vez fuera de la nube, la totalidad de los instrumentos volvió a la normalidad, inclusive el radar y esta aparato, una vez desconectado, requiere varios minutos para su “calentamiento”. Sin embargo, a pesar de permanecer inutilizado alrededor de siete minutos – que fue el tiempo que el Caravelle voló realmente dentro de la nube -, al radar se puso a funcionar de inmediato, como si nada hubiera ocurrido”.

Cuando todo “volvió a ser normal” el avión pudo conectar, por fin, con la torre de control del aeropuerto de Santander, cuyos técnicos llevaban ya varios minutos tratando de localizar al Caravelle de “Aviaco” sin recibir señal alguna.

Pero cuando el asombro de la tripulación llegó al colmo, fue al observar que el tiempo empleado en este vuelo Bilbao-Santander había sido desmesuradamente largo, como de unos 35 minutos. ¿Qué había sucedido? ¿Cómo era posible esto, si el tiempo normal de vuelo entre ambas ciudades no pasa de 10 a12 minutos? ¿Qué había ocurrido en el interior de aquella nube?

Veamos ahora el extracto de una entrevista que miembros del CIOVE santanderino hicieron al mencionado comandante, extracto que tal vez servirá de respuesta a nuestra anterior pregunta.

-          “¿De qué forma era aquella nube”

-          “De tipo lenticular. Muy densa y con una fuerte luminosidad blanca. Era una nube muy larga. Necesitamos siete minutos para atravesarla” 

-          “¿A qué atribuye las causas de los sorprendentes fallos simultáneos en los instrumentos de a bordo y sin indicación de avería?

-          “No lo sé. Es imposible saberlo”

Esta es la “respuesta”, provisional si se quiere, pero no por ello menos ambigua.

En fin, observaciones de una nube de aspecto discoidal y fallo total e instantáneo del instrumental electrónico de a bordo… ¿fue tal vez un fenómeno electrostático? Quién sabe. A estas alturas parece que todo es posible. Pero lo que nadie ha podido explicar todavía es la mencionada “detención del tiempo”, o sea, la exagerada duración de un corto tramo de vuelo, como si el avión hubiese sido insólitamente frenado en el interior de la nube… o llevado en volandas por ella. Y ¿Por cuánto tiempo? Nadie puede decirlo, porque nadie lo sabe exactamente.

Uno de los aspectos más curioso e interesante, además de polémicos, del fenómeno OVNI en España, fue protagonizado por el supuesto planeta Ummo. Y aunque este asunto tuvo también manifestaciones previas en la vecina Francia, me atrevería a decir que, por su posterior resonancia, de hecho se trata de un complejo asunto surgido y localizado en España.

En efecto, hace cosa de muchos años atrás, un reducido grupo de españoles comenzó a recibir unas extrañas llamadas telefónicas seguidas, muchas veces, del envío, por correo tradicional de unos misteriosos “informes” mecanografiados. Estos informes trataban de los más diversos temas científicos y se distinguían por su tono expositivo y su ausencia de contenido “mesiánico”, lo cual era y es de agradecer. Tanto los autores de las llamadas como de los mensajes se autotitulaban “extraterrestres” y decían proceder del planeta Ummo (desconocido por los astrónomos”, situado en torno a la estrella lumma (identificada por ellos como la estrella Wolf-424 de nuestros Catálogos, y situada por tanto a unos 14,6 años-luz de la Tierra).

De ser cierto todo esto, los primeros umnitas habrían llegado a la Tierra bastantes años antes, en marzo de 1950, a bordo de tres naves discoidales, aterrizando en el Departamento francés de loa Alpes Marítimos. Pero no sería hasta 1967, y en España, cuando se comenzó a hablar de Ummo como de un caso tan importante, que pronto adquirió celebridad a nivel popular, para no tardar, en ser conocido en todo el planeta. ¿Qué había sucedido?

El caso de Ummo fue preanunciado por los OVNIS madrileños de Aluche (6 de febrero de 1966) y San José de Valderas (1º de Junio de 1967) que, según testigos presenciales, llevaban una famosa marca en la parte inferior de su fuselaje, marca parecida a de la letra griega phi. Posteriormente atribuida a Ummo como señal distintiva de dicho “planeta”.

Después del OVNI de Aluche, el investigador madrileño Fernando Sesma – que muchos años después declararía haber sido engañado – publicó un libro titulado ‘Ummo, otro planeta habitado’, en el anunciaba con bastante antelación el OVNI de San José de Valderas. Y puede decirse que a partir de este dudoso suceso se orquestó todo el asunto Ummo. Me atrevo a asegurarlo porque, inesperadamente, me convertí en el primer ufólogo español por el que “alguien” mostró interés en pasarle los “papeles de Ummo”. Esto sucedía  el 26 de Agosto de 1967 – fecha en que recibí una extensa carta de un caballero cuya verdadera identidad jamás pude comprobar – (firmaba “Antonio Prado”, desde Madrid). Días después, una llamada telefónica de otro señor, también de Madrid, me hacía saber que se había trasladado expresamente a Barcelona para sostener una urgente entrevista privado conmigo.

Fue la entrevista más extraña de mi vida: tenía ante mí a un elegante hombre de negocios, que me ofrecía – sin más – las primicias de los “papeles de Ummo” (los cuales llevaba cuidadosamente ordenados en su cartera de mano). Me parecía excesivo, y pasé el caso a ese gran ufólogo que es Antonio Ribera.

Pero poco después, otra carta del misterioso “Antonio Prado”, me anunciaba que por correo tradicional, aparte recibiría – como así fue – un tubito de metal y unas tirillas de plástico, procedentes – me decía – del OVNI de San José de Valderas, para que las examinase e hiciera analizar en laboratorio. Y esta vez pasé el encargo a otro buen amigo. Rafael Farriols, químico de profesión y persona muy bien relacionada, quien envió dichas muestras al Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), en donde fueron cuidadosamente analizadas, resultando que se trataba de un tubo metálico de níquel, de gran riqueza y de unas laminillas de material plástico de color verde manzana (poli fluoruro de vinilo), que pos aquellas fechas sólo fabricaba la firma norteamericana Dupont. Y los acontecimientos se precipitaron.

Aunque no es fácil negar la presencia de OVNIS en nuestro espacio aéreo, como reconoció en una magistral conferencia el catedrático y académico doctor José Balta Elías, no es menos cierto que “cada época tiene sus libros de caballería”, según acertada expresión del profesor J.M. Laso de Vega. La gente ha visto demasiados OVNIS, para que no comencemos a dudar, si no de los propios OVNIS, sí, por lo menos, de tanta actividad extraterrestre con la Tierra como objetivo. Pero lo que más contribuye a embrollar este asunto, ya de por si harto complicado, son precisamente los mencionados libros de caballería. Un buen ejemplo de ello nos lo proporcionó en su día la obra del bueno de Fernando Sesma, antes citada: ‘Ummo, otro planeta habitado’.

Para mí, que considero el tema de los OVNIS, como un problema muy serio, que nos invita a contemplar la posible existencia de otros seres inteligentes en el Universo, los argumentos en que se fundan las teorías sobre Ummo tienen mucho que ver con la crueldad de la gente, que siempre y en toda época ha necesitado apoyarse en alguna mitología. Se trataría acoso, como apunta Lasso de la Vega, de un “espejismo intelectual”, o sea del “nacimiento de una nueva mitología popular en torno al dogma científico”.

Parecería lógico pensar que este asunto de Ummo acaso no sea más que una cortina de humo sagazmente levantada por especialistas en sondear la reacción pública, ante el fenómeno de la vida universal en relación con los avistamientos OVNIS. Por lo menos, llegaron a mis oídos rumores que últimamente tendían a confirmar esta suposición. Se decía en Madrid – de donde partió, significativamente, el “movimiento Ummo -  que los amigos de los ummnitas preparaban una retirada a tiempo. Es más: en círculos de ufólogos madrileños se rumoreaba que todo el asunto Ummo no había sido más que un experimento. En tal caso, uno no sabe si alabar los “buenos propósitos” que sin duda presidieron esa gestión, o condenarlos por su evidente falta de coherencia. Sea lo que fuere, es posible que dicha gestión adoleciera de cierta falta de tacto, porque después de los OVNIS de Aluche y San José de Valderas, el asunto se salió de madre.

En resumen si lo que pretendían (en hipótesis) era realizar una encuesta a nivel nacional, para comprobar la madurez de los españoles en cuestiones espaciales y, sobre todo, respecto a una posible toma de conciencia en cuanto a la vida extraterrestre, es preciso reconocer que el resultado no ha sido muy halagüeño, pues en lugar de hacer recapacitar a quienes vivían de “espaldas al Universo” sólo ha dado alas a los amigos de la fabulación. Lo de Ummo, digámoslo ya, suena a ficción científica que a otra cosa. A no ser que….

Antonio Ribera, en su interesante obra ‘El misterio de Ummo 1979) se interroga acertadamente a propósito de lo que, tal vez, se oculta detrás de este apasionante enigma que tanto ha dado que hablar… y que, posiblemente, aún hará verter mucha tinta. Dice textualmente nuestro prestigioso investigador:

“El asunto Ummo es uno de los mayores enigmas que se presentan a la Ufología. ¿Se trata de una criptosociedad terrestre? ¿Es un test lanzado por la NASA, por ejemplo, para estudiar la reacción de un grupo-muestra de terrestres, ante la presunta presencia de unos extraterrestres enquistados en nuestra sociedad? ¿Es una maniobra de la CIA? ¿Son los auténticos extraterrestres, como ellos postulan?”

Claude Poher, notable investigador francés que también ha dedicado su atención al enigma Ummo, llega asimismo a la conclusión de que detrás de todo este asunto pueden esconderse muchas cosas, y no todas, por supuesto, muy claras y agradables. Y piensa que resulta difícil admitir que alguien que pudiera haberse divertido, astuta y hábilmente, fabricando los que él  considera falsos clisés del OVNI de San José de Valderas, hubiese sido igualmente capaz de preparar toda la puesta en escena de Ummo, que considera una historia aparte y, por supuesto, de mucha mayor envergadura.

“Causa espanto – escribe Poher – la simple sospecha de que acaso pudiera tratarse, no de un simple juego intelectual para deslumbrar a los amantes de los OVNIS con manidas historias de extraterrestres, sino por el contrario, de un juego mucho más profundo, grave y menos pacífico… como podría ser un ensayo de difusión de falsas informaciones a gran escala, o el intento de creación de una secta de nuevo cuño… pero en todo caso, se trataría de un “juego” perfectamente realizado.”

Complicado asunto, evidentemente – como tantos y tantos aspectos del tema OVNI – este del planeta Ummo. Con la mono en el corazón, es preciso reconocer que a pesar de todas la demostraciones en contra, el caso Ummo no está concluido, ni mucho menos. Quienes defienden su posibilidad, tienen en su mano argumentos que honradamente debemos respetar. Pueden esgrimirse razones por ambas partes, a favor y en contra de la existencia de Ummo y de sus habitantes los ummitas, porque el tema OVNI – generalizando – admite cualquier tipo de explicación, por apriorística que pudiera parecer. Ahora bien, personalmente, el autor de estas leneas opta por la negativa.

Ahora entramos en lo que podríamos llamar la última moda española en materia de OVNIS. Desde hace muchos años se ha impuesto hablar de “humanoides” y de “documentos oficiales” a propósito de nuestro tema. No es cuestión de decir no, como tampoco es posible decir sí. Pienso que nos hemos metido en un callejón sin salida, y que por el momento sólo tenemos una opción: informar con prudencia y que le lector opine, que para esto está. Así que, a modo de simples ejemplos, le ofrezco a continuación algunos casos, entre divertidos y no tan divertidos, siquiera sea para “estar al día”

Estas son las propias palabras del protagonista de una aventura tan singular como insólita. El personaje se llama “Julio” (no quiere dar más señas ni se deja fotografiar) y es madrileño y joyero de profesión. No duda en relatar personalmente su caso, pero rehúye toda publicidad…

Nos hallamos en el citado Congreso de Ufología “Julio” obliga a reducir al mínimo las luces de la sala, se pone de espaldas al nutrido auditorio y entra y sale a escondidas. Acaba de protagonizar un auténtico show, pero antes había contestado puntualmente las preguntas – que fueron muchas – que le dirigieron los congresistas. En determinado momento, literalmente asaeteado por el público, hubierase dicho que el insólito show consistía en un psicodélico numerito a base de bombardear con preguntas de todos los colores, aun un moderno San Sebastián… con vocación de hombre invisible.

Voy a intentar resumir cuanto aconteció y dio de sí tan singular “espectáculo”. El tema ya lo conoce el lector. Se titula ‘Estuve en un OVNI con mi perro’ ahora, preste atención, el show comienza, y no encendiendo las luces – como es de rigor – sino precisamente al revés, amortiguándolas de forma ostensible. Entonces “Julio” nos hace retroceder en el tiempo y asistimos a la siguiente historia:

Es la madrugada del 5 de febrero de 1978. Como todos los domingos, “Julio” sale a cazar codornices, con la única compañía de su fiel perro Mus. Se encuentra en la provincia de Soria. A 10 o 12 kilómetros de donde suele ir todos los domingos. (Después de situarnos en el lugar de la acción, “Julio” envuelto en sombras y de espaldas al atento auditorio, dice):

“Algo me impulsa a entrar por un camino, situado a la izquierda de la carretera. Es un descampado, y mi coche se detiene. La radio deja de funcionar y se apagan todas las luces. Pienso que es una avería de las bobinas. Salgo del coche, levanto el capó… y Mus empieza a mostrar síntomas de nerviosismo. El “susto” se me contagia y cargo la escopeta” (“Julio” dijo esto, y lo repitió prácticamente igual, con las mismas palabras que se publicaron en el semanario barcelonés ‘Gaceta Ilustrada de 10 de Junio de 1979, ¿Se lo había aprendido de memoria¿ ¿Se hallaba auto hipnotizado? No entremos en prolijos análisis y prosigamos con su relato.)

“De pronto – sigue explicando “Julio” con voz tranquila y algo monótona – veo aparecer dos figuras detrás de una loma. Son dos figuras humanas que se acercan. Deben de tener una estatura aproximadamente de 1.90 a 1.95, o sea, que son don individuos muy altos. Visten un mono manzana y llevan en la cabeza una especie de “verdugos” de color amarillo. Guantes también amarillos. El mono es de una sola pieza, sin cremalleras ni costuras de ningún tipo. Telepáticamente me piden que les acompañe, y muestran mucho interés por el perro. Nos dirigimos hacia un OVNI, que es una nave muy grande, calculo que de unos 50 metros de diámetro, y está suspendida como a unos 3 metros sobre el nivel del suelo. El OVNI  tiene un tono plateado y es totalmente metálico…”

Ya en el interior del extraño artefacto, aquellos seres – que ahora son tres – le preguntan cosas sobre la Tierra. “Julio” ve muchos signos, y se fija en uno parecido al de Géminis, “quien es muy semejante – dice – al del planeta Ummo”. A continuación aquellos seres le piden permiso para examinar al perro, y después, le examinan a él y le dicen que van a tomarle muestras de jugos. Le llenan prácticamente de “hilos”: “Uno de los “hilos” – comenta “Julio” – me entra por el esófago. Me molesta. El otro se queda en la boca. También me molesta. Hay “hilos” por todas partes. Otro va al ojo. Me pinchan. En la espalda. Me tomas muestras de líquido encefalorraquideo. También de orina y semen…”

En un momento determinado, el OVNI se pone en marcha y “Julio” se asoma a una especie de tragaluz. “Siento miedo de que me rapten y me lleven a su planeta – dice -, cuando veo muchos cráteres. Puede ser la Luna. Tengo, sin embargo, la sensación de que sigo en la Tierra. Ahora me siento muy feliz. Damos una vuelta cerca de la Luna, que es muy grande y muy brillante…”

Finalmente – pasado cierto tiempo – los tres seres del OVNI le dicen que han llegado. Que se vaya. Y le acompañan hasta el “cilindro” de salida. Cuando “Julio” vuelve a pisar la Tierra, ya es de día. Y tanto él como su perro se encuentran perfectamente. Pero, eso sí, “Julio” asegura que no quisiera repetir su experiencia. Así lo declaró sin ambages ante el atento y dividido auditorio del Primer Congreso Mediterráneo de Ufología que tuvo lugar en Barcelona.

¿Conclusión? Anteriormente “Julio” había relatado ya, en estado normal y en estado hipnótico, su extraña aventura. Los expertos no descubrieron contradicciones entre ambos relatos, pero esto no significa que más de un investigador siga encontrando lagunas y puntos oscuros en la aventura de “Julio”. Por de pronto, se parece demasiado a determinadas historias de ciencia-ficción. Concretamente, en el citado Congreso ufológico de Barcelona, “Julio” no convenció. El caso es que, psicológicamente, “Julio” no presenta el menos síntoma de esquizofrenia, y tampoco roza, ni de lejos, la sintomatología típica del clásico paranoico fabulador. El diagnóstico clínico es éste: “No es lo que se dice un “loco de manicomio”. Si miente, lo hace inconscientemente.”  Pero, ¿Quién puede demostrar que no miente? Y además, ¿Qué ha demostrado “Julio” Nada…

Según el periodista y ufólogo J.J. Benítez, la realidad del fenómeno OVNI ha sido reconocida en varios documentos oficiales de las Fuerzas Armadas españolas, en los que se estudian casos posteriormente reconocidos, por el Gobierno. Entre estos casos, Benítez cita el ocurrido en 19 de Noviembre de 1976, en las Islas Canarias. Pero no era ésta la primera vez que se veían objetos insólitos en aquel archipiélago. Para buscar una fecha más reciente, podemos citar la observación del 5 de Marzo de 1079: Una impresionante fotografía divulgada por el magazine dominical ‘Excélsior’, que dio la vuelta al mundo y causó sensación por la espectacularidad del caso. Veámoslo.

El magazine dominical del periódico ‘Excélsior’, corresponde al 15 de Abril de 1979, publicó a gran tamaño algunas de las fotografías obtenidas en las Islas Canarias el anterior 5 de Marzo. Hasta entonces, los clisés, comprados de inmediato y en exclusiva por la agencie EFE, no habían sido dados a conocer, pero ya se había especulado en todos los medios de información que constituían una prueba impresionante del fenómeno OVNI.

La historia de estas fotografías es muy curiosa. Fueron tomadas por un fotógrafo profesional llamado Antonio González, en el momento en que desempeñaba un trabajo durante un apacible atardecer que teñía el cielo de las Islas Canarias de dulce colorido. González tenía todo su equipo desplegado y listo, e incluso ya había tomado varias fotografías, cuando el OVNI – dijo – salió del mar elevándose a gran velocidad. Naturalmente, el fotógrafo aprovechó aquella excepcional ocasión que el deparaba el destino y sacó cuantas imágenes le fueron posibles en películas de color y alta sensibilidad.

La secuencia de fotografías – según informó González – consta de 11 fotografías, que van desde las imágenes del atardecer hasta la salida del OVNI  del seno del mar y su posterior desaparición a gran velocidad camino de las alturas. Pero la descripción del señor González resulta tan interesante como sus propias tomas fotográficas. Según declaró a la prensa, “la luz que despedía el objeto era blanca, algo así como de color marfil viejo y brillante; era una gran bola luminosa, como una masa globular conteniendo energía desprendida de nadie sabe dónde. Y en la punta de esa masa se veía un OVNI en forma de pirámide.”

El avistamiento completo tuvo una duración aproximada de tres minutos, y fueron testigos del fenómeno miles de personas de varias islas del archipiélago. Posteriormente, se informó que algunos pilotos que en aquellos momentos sobrevolaban la zona, también tuvieron oportunidad de presenciar el fenómeno y de captarlo en sus pantallas de radar. Según sus declaraciones, el OVNI detuvo su marcha a la misma altura de los aviones que ellos pilotaban, para reanudarla acto seguido y casi bruscamente, a una velocidad asombrosa, que tal vez podría estimarse en 20,000 kilómetros por hora.

La presencia de este OVNI  en el cielo canario asustó a muchas personas que, como suele ocurrir en semejantes casos, hablaron de una “inminente invasión extraterrestre”. Pero tampoco faltaron quienes afirmaron que los visto y fotografiado no era más que un misil submarino disparado (en plan de ensayo) Sin embargo nadie ha podido explicar cómo ocurrió tal cosa y qué pasó después con el misil.

Dejemos pues en suspenso este caso de Canarias. Y de la mano de nuestro audaz compañero y amigo J.J. Benítez, prosigamos en busca de “pruebas oficiales” del Gobierno español sobre el fenómeno OVNI.

 A parte de las Canarias, “Juanjo” Benítez asegura disponer de pruebas oficiales de autoridades españolas sobre el problema que aquí nos interesa. Estas son las propias palabras del periodista-ufólogo.

“El 20 de Octubre de 1976 será recordado siempre en la historia de la Ufología como la fecha en que, por fin, el Gobierno español entregó a un periodista una documentación oficial que demostraba la existencia de los OVNIS. Los Objetos Volantes No Identificados, tan discutidos a todos los niveles, dejaban de ser pura especulación para convertirse, gracias al informe oficial, en una realidad irrefutable.”

Quizá J.J. Benítez se dejó llevar por el entusiasmo escribió el párrafo que antecede. Pero no es posible negar que a nivel oficial se reconoce, por lo menos la existencia del fenómeno OVNI desde aquella fecha; y esto es importante y justo reconocerlo, aunque sea con el importante matiz de “fenómeno OVNI”, que en su enorme amplitud incluye evidentemente cualquier tipo de hipótesis, incluida la “extraterrestre”, que de todos modos, no pasa de ser “una más” dentro del complicado rompecabezas. Por Benítez no enteramos de lo siguiente.

Entre los casos oficialmente conocidos a posteriori, previo un riguroso estudio, figura el del Polígono de tino de Las Bárdenas Reales (Navarra), el 2 de enero de 1975, que además sobresale por sus especiales características: presencia de supuestos extraterrestres, según varios testigos; posible  repetición del caso canario (antes relatado) o sea de secreto militar relacionado con la presencia USA en España, según otras autorizadas opiniones.

Pero volvamos a las Islas Canarias. Otro caso no menos interesante y espectacular sucedió el 23 de junio de 1976, en Galdar, y también con presencia de supuestos extraterrestres. (Precisa aclarar que las Fuerzas Aérea Españolas se limitan a consignar los hechos, sin expresar opinión alguna al respecto).

Por su parte, Benítez se atreve a afirmar, refiriéndose a los casos de la Bárdenas Reales y Galdar, que “los extraterrestres observados mostraban características humanoides que, sin embargo, las diferenciaban de los humanos”.

No entraré en este asunto, pero sí añadiré que, además de España, hay otros países, como Brasil, Argentina y  Francia, que también aceptan la realidad del “fenómeno OVNI” En otras palabras: parece demostrar que las Fuerzas Aéreas de estos países se interesan por esa realidad, aunque no se han decidido a pronunciarse sobre su naturaleza.

Veamos ahora un informe extranjero que, indirectamente, viene en apoyo de las pruebas aducidas por J.J. Benítez en España.

Los radares americanos han registrado en distintas ocasiones el paso de OVNIS, según se desprende del siguiente informe, que extracto de la publicación especializada.

“Altos jefes de la Defensa Aérea de los Estados Unidos, admiten haber seguido un OVNI en las pantallas de radar y enviado varios cazas en su persecución. El mando del NORAD ha admitido que un objeto volante no identificado fue localizado y seguido después en las pantallas de radar, y que se cursaron órdenes para que dos cazas despegaran con la misión de interceptar el misterioso objeto. A pesar de que los aviones no lograron establecer contacto con el OVNI,  aquella misma mañana se avistaron desde tierra varios objetos misteriosos “cuando flotaban” en el cielo de Ontario (Canadá)”

Sorprendente – según se supo después – las pantallas del radar gigante… registraron un solo objeto. Entre los numerosos testigos oculares de esos fenómenos, acaecidos el 11 de noviembre de 1975, se encontraban siete agentes de policía, personal militar de la estación de radar del NORAD en Falconbridge (Ontario) y numerosas personas de la población civil.

Por su parte, el teniente coronel Brian Wooding, jefe del citado Cuartel General, manifestó a la misma revista que: “Con frecuencia recibimos informes sobre OVNIS, pero por lo que sé, éste es el primer caso que hemos podido captar por radar, y es también la única vez que hemos llegado al extremo de hacer despegar dos cazas para investigar el fenómeno. Los cazas despegan debido a que, por lo visto, gran número de personas habían contemplado algo evidente, y porque, en efecto, habíamos registrado algo anormal en el radar”.

Pero esto no es todo. El mencionado informe recoge también las palabras de un técnico del NORAD en Colorado Springs, llamado Kinschi, quien informó de lo siguiente: “Los dos cazas despegaron a las 10 horas 45 minutos del día 11 de noviembre de 1975  de la base, en las cercanías de Detroit (Michigan, Estados Unidos), y persiguieron al OVNI como buenamente pudieron, mientras el insólito objeto era seguido una y otra vez por la pantalla terrestres de radar, durante seis largas horas”.

Las primeras noticias sobre “unas extrañas luces en el cielo” las dieron, hacia las 3 de la madrugada de aquel mismo día – o sea, mucho antes de que aparecieran en las pantallas de radar – los habitantes de Sundbury (Ontario, Canadá), a 15 millas al Sudoeste de la estación de radar de Falconbridge.

Comentario final de este informe:

Desde que, en 1969, las USAF abandonaron oficialmente el ‘Proyecto Libro Azul’ (de investigación del fenómeno OVNI), el Pentágono ha negado sistemáticamente que los “no identificados” fuesen objeto de seguimiento por los sistemas de radar y que se emplearan cazas para perseguirlos y, en su caso, interceptarlos. Sin embargo, con el ‘Libro azul’ o sin él, con humanoides o sin ellos, ya hemos visto que en todo este complejo asunto de los OVNIS,  una cosa parece indudable: que el fenómeno existe, que se poseen abundantes pruebas de ello y que, lo único que falta – es una huidiza demostración DEFINITIVA de que son naves procedentes de otros mundos. Esto sería lo más apasionante, pero esto es, precisamente, lo que aún no podemos demostrar. Habrá que seguir investigando. ¿Hasta cuándo? Vanas palabras… Preguntas al viento, etc., etc.

Queda por demostrar que los OVNIS sean naves de origen extraterrestre, pero no es posible descartar tan impresionante posibilidad. Ahí mismo, en España, son muchas voces que proclaman la eventual presencia de “humanoides venidos de las estrellas”.

Escribe Miguel Peyró, en el acreditado portavoz del CEI,  que “el año 1976 se presentó para nuestro país, dentro del campo ufológico, como particularmente interesante y sugestivo. Durante dicho año, las apariciones denominadas “humanoides” no faltaron tampoco, manifestándose bajo la forma de eres muy altos, asociados con los aterrizajes nacionales de 1976, o bien vistos independientemente al margen de algún objeto”.

En total el señor Peyró estudia cinco casos y llega a las siguientes conclusiones:

-          Los testigos, en su mayoría, eran personas jóvenes.

-          Los “humanoides” se presentaron como seres extremadamente altos, sobrepasando los dos metros.

-          En todo los casos (menos uno) llevaban prendas oscuras o negras.

-          En algunos casos pudo establecerse relación entre los supuestos “humanoides” y los objetos volantes que (se supone) tripulaban, los cuales tenían forma discoidal, rematada por una cúpula y una especie de “tren de aterrizaje” que, para entendernos, llamaremos “patas” (generalmente tenían entre tres y cuatro patas”

-          En algunas observaciones hay constancia de haber visto complicados mecanismos en el interior de los supuestos OVNIS.

En conclusión: Todavía es muy difícil asegurar, pese a todas esas evidencias (o casi evidencias para los más rigurosos), que los “humanoides” están ahí, mezclándose incuso con nosotros. Esto es algo que a decir verdad no se ha demostrado, digan lo que digan quienes aseguran que historias como la del planeta Ummo, por ejemplo, son ciertas. Pero algunos casos, de entre los muchos citados por Benítez y Peyró, permiten sospechar que tampoco estamos en condiciones de demostrar que no estén aquí.

CONCLUSION:

Ya al final de este breve informe vamos a comentar lo que dio de sí el I Congreso Mediterráneo de Ufología, celebrado en el barcelonés Palacio de Congresos de Montjuic los días 16 y 17 de junio de 1979.

Durante los días de apretadas sesiones de trabajo se leyeron interesantes ponencias, algunas de las cuales eran obra de prestigiosos científicos extranjeros. El tema OVNI fue estudiado desde las más inéditas vertientes, pero al término de este Congreso su presidente. Antonio Ribera, tuvo que preguntarse por enésima vez: “¿Jamás resolveremos el problema OVNI?”

El ingeniero rumano Floris Gheorghitá se habría referido poco antes a la posibilidad de que muchos OVNIS fuesen simples “plasmoides” (teoría del físico norteamericano Philip Klass, y añadió que el estudio de las fotografías tomadas por él en el bosque rumano de Cluj, le invitaban a sospechar que el fenómeno se enmarcaba también, en “un esquema cósmico más amplio de la inteligencia”, siendo tal vez la manifestación de sucesos que se desarrollarían conforme a leyes físicas poco o mal conocidas. “Por ejemplo – dijo – estoy plenamente convencido de la materialización – desmaterialización de los OVNIS; es decir, que los OVNIS, no vienen directamente de otros planetas como objetos sólidos, sino desmaterializándose y volviéndose a materializar una vez llegados aquí”.

Esto demostraría, según el ingeniero rumano, que los verdaderos OVNIS, serían incomparablemente pocos, al lado de los OVNIS ilusorios (plasmoides ópticos, objetos adiabáticos, nubes en torbellino, globos sonda, estrellas muy brillantes, etc.).

Las tareas del I Congreso Mediterráneo de Ufología constituyen, en cierto modo un buen resumen del estado actual de la cuestión, después de treinta y tantos años de estudias un fenómeno que cada vez se nos complica más. Cada día disponemos de nuevas hipótesis, ésta es la verdad, pero ello no significa que se haya adelantado mucho en la explicación del fenómeno OVNI.  Se trata, como es obvio, de nuevas ideas que vienen a aportar un poco más de luz sobre determinados hechos. Pero, a la larga, se ha dado la paradójica situación de que, a mayor número de explicaciones, mayor confusión: se ha producido una auténtica Babel, una intrincada maraña de hipótesis y teorías acerca del fenómeno, de forma que nadie, a estas alturas es capaz de decirnos que es – o qué pudiera ser, en todo caso – un OVNI.

De ahí que hagamos nuestra la pregunta con que Antonio Rivera concluyera el citado Congreso: “¿Resolveremos jamás el problema OVNI?”

Sin embargo, no desesperamos de encontrar algún día la tan ansiada explicación. Más, por el momento, no es posible pasar de ahí: de la división de todas las hipótesis en estos cuatro grandes grupos:

1.- OVNIS producidos por plasmas (OVNIS  plasmoides).

2.- OVNIS de origen psíquicos o producto de alucinaciones.

3.- OVNIS surgidos de errores de interpretación.

4.- OVNIS físicos, incluidos más de 400 casos de aterrizajes (cifras mínimas).

Estos últimos serían los OVNIS auténticos, los registrados por toda clase de aparatos (ópticos, eléctricos y otros), incluidos los radares. Si bien no cabe descartar la posibilidad de que, en ocasiones, también pudiera tratarse de pruebas militares, no es menos verosímil la hipótesis según la cual – y dentro de un reducidísimo tanto por ciento – sean astronaves automáticas procedentes de otros mundos.

Resulta difícil estimar qué tanto por ciento aproximadamente corresponde a cada una de dichas categorías, dentro de la cifra global de avistamientos (cifra evidentemente millonaria); pero es obvio que las tres primeras cubren más de un 95% de los casos, supuestos o reales, de avistamientos de OVNIS. Y también es evidente que la última categoría, la más interesante desde todos los puntos de vista nos enfrenta con la formidable posibilidad de que determinadas observaciones corresponden a auténticos objetos voladores de características insólitas, es decir, incluidos dentro de la hipótesis de un no imposible origen exterior (hipótesis de naves extraterrestres incluso tripuladas).

Es más, si recordamos que aproximadamente entre el 1 y el 2 % de casos OVNI  no han sido satisfactoriamente explicados, esto arroja un número máximo de 600 objetos volantes no identificados, 400 de los cuales, por lo menos – según demostraciones computarizadas por el técnico de la NASA Jacques Vallée -, habrían aterrizado. (Estos 600 casos no son el resultado de una estadística global, sino de un proceso más riguroso, lo cual contribuye a valorar mayormente la posibilidad de alguna o varias naves procedentes de los sistemas planetarios vecinos – y quizá no tan vecinos – hayan llegado hasta nuestro planeta, en misión exploradora automática o tripulada.)

Esto constituye, me parece, un buen punto de partida para una futura investigación más a fondo, que quizá concluya reconociendo definitivamente la  presencia en nuestro cielo de naves de origen extraterrestre.

Finalmente:

Y ahora, atención al “parche” uno de los casos más recientes, polémicos e interesantes que se han producido en España, relacionados con el fenómeno OVNI,  fue el de la noche del 11 de noviembre de 1979, cuando, según todos los indicios, al principio pudo aceptarse que un avión de Transportes Aéreos Españoles fue seguido por uno o varios objetos volantes no identificados. Pues bien ahora resulta que no hubo tal OVNI…

Por aquellas fechas de noviembre de 1979, igual que ocurrió el verano inmediatamente anterior, con los restos de la estación orbital norteamericana Skylab, se desintegraba en nuestra atmósfera otro gran satélite artificial, también puesto en órbita por los Estados Unidos. Me refiero al Pegaso II. Por aquellas fechas asistimos al fin de este enorme satélite artificial. Instalado en órbita en la pasada década y casi olvidado por todo el mundo, como sus hermanos Pegaso I y Pegaso III, que tuvieron una existencia más efímera que él y que ya hacía tiempo que regresaron a la Tierra, no sin antes desintegrarse en su mayor parte a causa del intenso roce, térmicamente desintegrador, generando por inmersión a velocidad hipersónica en las altas capas de la atmósfera. Pegaso II era una astronave científica construida con uno de los cuerpos (o etapas) que constituían parte del Saturno V, cohetes que en sus días de gloria fueron los impulsores de las naves Apolo que llegaban hasta la Luna y pesaba más de 10 toneladas, con una longitud superior a 20 metros. Y Pegaso II, como ya anunció la NASA, perdido el equilibrio gravitacional que lo mantenía en órbita, dejó de existir coincidiendo con la alarma del supuesto OVNI de Manises (Valencia). Se quemó, se fundió literalmente al sumergirse en la atmosfera , océano incompatible con el vuelo astronáutico, de forma que solo algunos kilos de su enorme fuselaje penetraron en las capas bajas de la atmósfera, ejecutando extrañas evoluciones, como las de papel que lanzamos desde el piso más alto de un edificio, o prolongando su agonía en sucesivas mutaciones que varían desde el fraccionamiento a la ionización, dando lugar a que los restos de un artefacto de esta naturaleza se convirtieran en rayas luminosas en el cielo, o en bolas de fuego, o en husos de perfiles variables.

Algunos de estos fragmentos luminosos pudieron haber sido arrastrados por el túnel de viento que origina un avión en ruta, sobre todo si como en el caso del aparato antes mencionado, se trata de un turborreactor. Pensemos que el aire que empuja y al propio tiempo arrastra consigo un avión de este tipo, es como un tifón o como un engullidor de agua, de modo que, a su vez, arrastra las materias que encuentra a su paso. Todo ello explicaría el extraño comportamiento de los cuatro OVNIS, que al parecer, siguieron al avión de Manises, y que acabaron reuniéndose en una sola masa (según las primeras noticias) como si una fuerza magnética irresistible les obligase a ello. Y también daría razón de sus locas evoluciones finales y definitivas, hasta esfumarse con el paso del avión.

Es evidente, pues, que en el caso que comentamos no hubo suerte. No fue un OVNI, ni mucho menos cuatro. De modo parecido a como, en verano de 1979, los restos del Skylab fueron confundidos por más de un ciudadano terrestre con un posible OVNI, meses después, en Manises, se confundió el fenómeno de desintegración del gran satélite norteamericano Pegaso II, con uno o varios OVNIS, según el lugar y el momento en que se produjo el avistamiento.

En esta ocasión los OVNIS fueron cosa nuestra, cosa de los hombres. Satélite que desciende a una altura crítica en nuestra atmósfera, satélite que parece desintegrado. Conviene pensar en esas posibilidades cuando se habla de algunos OVNIS. Pero ello no debe impedirnos reflexionar sobre este punto: siendo prácticamente indudable que los mundos habitados suman muchos millones, la Ufología y la llamada doctrina de la pluralidad de mundos no se contradicen, sino todo lo contrario. Como dicen los ingleses, cada cosa en su sitio. Lo cual significa que hemos de saber esperar que los acontecimientos se definan y clarifiquen. Porque el tiempo todo lo resuelve. Esperar y ver, ésta es la consigna.

 

 
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