TESTIMONIOS DE PASTORAL
Quiero y deseo dar a conocer, todo lo que me ocurrió al empezar a participar activamente en la Iglesia Cristiano Católica. Todo lo que narraré a continuación, es testimonio vivo de un actuar dentro de la pastoral. Pastoral que a veces nos deja recuerdos gratos, como a veces también nos deja recuerdos ingratos. Los nombres de las personas que actúan en estos relatos son reales; quise que fuera así, para no salirme de la veracidad del asunto.
Muchas veces me he puesto a pensar si es necesario tener un alto grado intelectual, y ser muy versado en asuntos literarios para poder empezar a escribir algo, pero creo que si se tratase de asuntos muy técnicos y complicados, necesariamente tendríamos que proceder teniendo estos conocimientos; sin embargo pienso que para manifestar la gloria y la grandeza de Dios, solo basta poner mucho amor en lo que se quiere decir, y ordenar un poco las ideas.
Todo esto empezó en el año 1993, yo venía de haber trabajado en un chifa en mi calidad de músico, formando parte de un grupo musical, digo que venía, porque ya la orquesta no iba a trabajar más en ese chifa, y no se si por la preocupación de quedarme sin trabajo o porque estaba subido de peso, padecí de una hemorragia nasal por intervalos de dos o tres horas, que durante dos días no paraba por más que me cauterizaban. Al final llegué a una clínica en la cual pudieron detenerla. Estuve internado una semana. Después de salir de la clínica, en mi convalecencia, quedé muy enfermo de los nervios por la idea de que nuevamente tendría la hemorragia, me estaba asustando mucho y esa idea no dejaba alimentarme y la cosa se estaba poniendo fea.
Mi esposa Adriana había conocido a una señora que vivía a dos casas de donde nosotros vivíamos, y le conto lo que me pasaba. (. El nombre de la señora es: Carmen de Maurial. Carmen le sugirió a mi esposa, que su esposo podría hacerme un tratamiento de relajación para poder tranquilizarme. (Jorge Maurial es su nombre, diácono permanente de la Arquidiócesis de Lima). Conocí a Jorge Maurial, y me comenzó a tratar con técnicas de relajación, también durante las sesiones me habló mucho de Dios, y me presentó a Jesús en persona, así como lo digo, en persona. Conocí a Jesús, y poco a poco fue entrando en mi vida, y en mi corazón. Los tratamientos de relajación me ayudaron mucho y pude recuperarme y llegar a mi estado normal.
Siempre fui un católico pasivo, respetando todo lo referente a la Iglesia, ya que mis estudios los realicé en un colegio religioso. Mi afición por la música, me llevó en un futuro a tomar esta afición como un modo de ganarme la vida, y a tomarlo de una manera más responsable.
Recuerdo, ahora se puede (decir de una manera graciosa), como antes asistía a las misas por difuntos, y no veía la hora en que acabara la misa para salir a conversar con los familiares en el atrio del templo. Hoy en día en la parroquia a la que pertenezco, por motivos de servicio pastoral, pero claro no siempre, escucho a veces con muy buena suerte hasta tres misas seguidas.
El haber estado muy delicado de salud, y se podría decir, casi al borde de la muerte, nos hizo pensar, (a mi esposa y a mí), que debería estar preparado para esto, en lo que se refiera a tener todos los sacramentos, y a mí me faltaba el de la confirmación, ya que me había casado sin estarlo. Nuevamente solicitamos la ayuda de Jorge Maurial. Como católico pasivo quería un trámite corto para este sacramento, sin charlas de preparación y algo rápido y práctico.
La fuerza del Espíritu Santo es tremenda, (con esto no quiero decir que no sea necesario asistir a las charlas de preparación), esta fuerza y poder impresionante del Espíritu Santo, actuó en mí de una manera increíble, y mejor que haber recibido muchísima preparación.
Ya toda mi vida es una constante preparación al encuentro final con Jesucristo nuestro Señor, y también ya toda mi vida es hacer conocer a todos ese amor tan grande que Jesús nos tiene.
Jorge Maurial, me ayudó en esto, me alcanzó una separata del Catecismo de la Iglesia Católica, en la parte referente a la confirmación, y me dijo que la estudiara con mucha dedicación, ya más adelante me diría la fecha en que se efectuaría la ceremonia de confirmación. También me dijo que necesitaría un padrino, y mi esposa y yo, acordamos que el mismo fuese. Se lo pedimos y aceptó. Desde entonces Jorge Maurial pasó a ser mi padrino en la fe, y también mi consejero espiritual.
Llegó el día de mi confirmación, que se realizó de manera normal. No puedo dar testimonio de haber sentido ese ardor quemando mi cuerpo, en el momento de la unción, pero si puedo decir por lo que vino después en mi vida, que en ese momento el Espíritu Santo habitó en mi persona; se posó de una manera suave y tranquila. Claro, porque El sabía que después me iba a remover.
La ceremonia se realizó en la parroquia, Nuestra Señora de las Victorias, en el distrito de la Victoria, en el año 1995.
Dios se vale de personas para mostrarnos sus caminos, y eso fue lo que pasó en mi vida después de haber sido confirmado. Adriana mi esposa se encontró con una amiga del colegio, que no veía mucho tiempo atrás. Resulta que esta amiga participaba en la parroquia de nuestro sector de residencia, y su participación consistía en ser coordinadora de zona. (Carmen Mena es el nombre de la amiga de mi esposa), y digo su nombre porque es muy importante su participación en este relato, ya que ella nos invitó a participar en la parroquia. El llamado ya se había realizado en el momento de mi confirmación, solamente faltaba que el Señor me mostrara el camino, y lo hizo a través de Carmen Mena.
En mi calidad de músico, lo primero que vino a mi mente fue, querer tocar y cantar en las misas, quería estar cerca de Dios de esta manera. Conocimos a los Padres de nuestra Parroquia de Cristo Rey, ocupada por Padres Pasionistas. Conocimos a nuestro Párroco en ese entonces Padre Valentín, también al Padre Eddy, al Padre Jorge de la congregación Carmelita, que colaboraba en la Parroquia como apoyo. Siempre asistíamos a la misa de 7.30 de la noche, que la presidía el Padre Eddy, una misa hasta ahora muy alegre, conocí a los chicos del coro de dicha misa. Teniendo ya mas confianza con el Padre, le pregunté si yo podía tocar en el coro, y a la semana siguiente me presentó con uno de los responsables del coro, (Víctor Hugo) y delante de todos los chicos integrantes del coro les dijo: “chicos les presento a Andrés, para que se integre al coro con su teclado”, y me recibieron con mucha alegría.
La experiencia más relevante para mí, es la que a continuación empezaré a relatar: el testimonio patente, de esta realidad tan maravillosa, como es el encuentro con Jesús.
Mi esposa seguía asistiendo al grupo de oración y en una oportunidad, llevó a la casa un libro que le habían alquilado en este grupo. Debe resaltar en esta parte de la narración, que en la casa solamente teníamos una Biblia que nos había regalado la señora Teresa Massi, (agente pastoral) y para esto yo nunca leí nada más que eso con relación a la Iglesia, y me dije “vamos a ver que dice este libro”
El título del libro era: “JESÚS ESTA VIVO”, escrito por el padre Emiliano Tardif. Contaba cómo fue curado por el Señor de un mal físico, por medio de un grupo carismático que entró a su cuarto de hospital, y cómo después recibiría de una manera divina el ministerio de sanación.
Y aquí viene lo bueno, la experiencia, el encuentro con Jesús vivo, y resucitado. Al avanzar con la lectura estando por la mitad, sentí en mi paladar, el sabor y la sensación de una hostia. Todos sabemos que los sabores se reconocen inmediatamente, y eso era lo que me estaba pasando. Era Jesús que estaba conmigo, me estaba acompañando en mi lectura, estaba penetrando mi corazón, estaba habitando en mí, y lo estaba haciendo para quedarse para siempre.
Los libros, y las lecturas vendrían poco a poco, propios, prestados, fotocopias, separatas, música, partituras, etc. Lo que sí compré inmediatamente, fue el Catecismo de la Iglesia Católica, que en mi parroquia lo vendían a un precio que estaba a mi alcance, y aproveché la oportunidad.
La Iglesia es Una, Santa, Apostólica, y Católica, y en uno de estos puntos “Santa”, me quiero detener un poco para reflexionar. ¿Por qué es Santa la Iglesia? ¿Por qué todos somos santos e irreprochables?, La Iglesia es Santa, porque Cristo es la cabeza, y en ella habita el Espíritu Santo.
Es muy importante comprender y analizar esto, para que podamos perdonar las aptitudes y comportamientos que todos tenemos dentro de la Iglesia. Sólo Dios puede juzgar y condenar. Pero ojo, nosotros si podemos cuestionar e interpelar a nuestros hermanos en la fe. No por el hecho, de que te perdono, ya puedes hacer lo que te da la gana, y seguir ofendiendo a dios y a tu hermano. –un momentito- podemos decir: “Oye mira, lo que estás haciendo, está mal, recapacita y cambia de modo de actuar”. Pero claro esto lo tenemos que hacer con todo el amor posible, con mucha caridad. De esta manera nos ayudamos a recorrer el camino de la constante conversión. En esta parte quiero hacer un pequeño ensayo de lo que considero son los mecanismos del perdón.
Los mecanismos del perdón.-
El tema del perdón se mueve y se maneja con dos mecanismos o dinamismos, y cada uno va con dos aspectos ligados entre sí:
1.- Perdonar.- perdonar pero (no por eso vamos a olvidar). No guardar rencor dentro de nosotros. Y su segundo aspecto consiste en reconocer que nosotros no podemos juzgar a los demás, porque solo Dios es quien juzga, pero si podemos cuestionar a la persona, interpelarla, un llamado de atención en su conducta negativa.
2.- Pedir perdón.- y su segundo aspecto, preguntar que es lo que estoy haciendo mal.
Estamos acostumbrados a pedir perdón sólo a Dios, pero no a nuestros hermanos.
En mi humilde interpretación sobre este asunto, pienso que lo segundo debe ser lo primero.
Para relatar mi llegada al coro parroquial de la misa de 12 del día, es necesario que relate lo referente a la Misión Jubilar en sus inicios en nuestra Parroquia.
Desde el año 1999, se comenzó a anunciar en los avisos parroquiales, el comienzo de la Misión Jubilar en toda la IGLESIA UNIVERSAL CATÓLICA, para el año 2000. Para tal efecto se invitaba a toda la feligresía a participar de dicho evento, y fue así que mi esposa y yo, nos inscribimos para participar.
La Misión en nuestra Parroquia tenía varios momentos: encuentros, charlas, reuniones, etc. Y en sus comienzos fue que nos comprometimos a animar cantando con la guitarra. Fue en esa oportunidad que conocimos a Juan Carlos Medina (hijo), que dirigía el coro de la misa de 12 del día. Es así, como ya después, nos invitó a participar en el coro de la misa de esa hora.
El Señor nos va llamando poco a poco, y se vale de las personas para hacer este llamado, es por eso que debemos saber discernir en qué momento nos llama. También tenemos que tener presente que toda iniciativa que tengamos de acercarnos a los Sacramentos de la Iglesia, y todo compromiso que asumamos dentro de las pastorales, (si bien es cierto que es decisión nuestra por nuestra facultad de libertad que Dios nos ha dado), es El mismo Jesús que despierta en nosotros esa inquietud, Él nos mueve a hacerlo.
El coro Parroquial de ese entonces, era el encargado de acompañar y animar las misas principales de la Parroquia, esas misas eran las de Semana Santa y las de Navidad. Siempre se pensaba que este coro era el principal, porque no existían otros coros de servicio similar en la Parroquia.
Por primera vez tocaría en la misa de Navidad con el coro Parroquial, y estaba muy emocionado. Me comprometí en llevar mi equipo de sonido para esa ocasión tan importante. Para esto se hicieron arreglos musicales, Para acompañar con el teclado musical (sintetizador), y guitarra. Los ensayos fueron continuos y con una participación mayoritaria de todos los integrantes, una gran alegría se manifestaba en las personas que participaban, y en la noche del 24 de Diciembre a las 9.00 se celebró la Misa de Gallo como es costumbre en nuestra Parroquia. Para mí era algo emocionante y que nunca había experimentado en una noche víspera de Navidad.
Siempre creí que esta fecha era la más importante en la vida de la Iglesia, pero descubrí más adelante, profundizando un poco más en el asunto, que existía el calendario litúrgico y pude leer y estudiar un poco como es que antiguamente el mismo comenzaba en Semana Santa, siendo esta fecha la más importante. Ya más adelante se modificó para que comenzara como es hasta hoy día, con el tiempo de Adviento.
Para las personas que leen este pequeño relato de experiencias y testimonios, los invito a que profundicen y lean un poco acerca del Calendario Litúrgico de nuestra Iglesia Católica, no se van a arrepentir.
Participando en el coro “parroquial “, descubrí que existían rivalidades y conflictos con los otros coros, ya que no se tomaba conciencia de que el servicio era el mismo para todos y no cabía pensar que algunos de ellos era el principal o parroquial. Solamente quedaba la idea de que el coro fundador de la parroquia era el principal y el parroquial, por ser el que comenzó ofreciendo su servicio a las doce del día.
Descubrí también, algo lógico y válido dentro de los coros. La participación en las misas principales tanto las de Semana Santa como las de Navidad, era un premio para los jóvenes, que por selección necesaria participaban en dichas misas. Entonces esta selección era vital, tanto musical como espiritual. Los integrantes tenían que haber demostrado durante todo el año una asistencia y comportamiento no digamos excelente, sino más bien comprometidos con la Iglesia.
Pienso que es necesario que comience hacer un comentario a título personal y muy subjetivo si se quiere decir, pero solamente lo hago con la voluntad de mostrar algo a las personas que deseen pertenecer a un grupo parroquial dentro de nuestra Iglesia, y más que nada a los jóvenes. Es cierto que la Iglesia necesita de más personas comprometidas en las pastorales, pero uno no puede hacer lo que le venga en gana y querer distorsionar todo lo referente a disciplina y cumplimiento de algunas normas dentro de la Iglesia.
Mi participación en el coro de las 12 del día, también consistía en asistir a los ensayos semanales que se realizaban los días sábados a las 6 de la tarde en un salón de la parroquia, fue así que en un ensayo se dio un aviso para conocimiento de todos los integrantes. El aviso lo dio el director del coro que era en ese entonces Juan Carlos Medina hijo. Para el conocimiento de todos se dio lectura de unas cartas que el director anterior le hacía llegar al Padre Eddy. En dichas cartas se insultaba al Padre y, a parte de la feligresía y personas comprometidas con pastorales.
Mi esposa y yo, ya conocíamos a dicha persona de vista, porque antes de pertenecer al coro y asistiendo de vez en cuando a la misa de doce del día, lo habíamos visto dirigiendo el coro. Mi sorpresa y admiración era la lógica, no me cabía en la cabeza que alguien dentro de la parroquia se pudiera expresar de esa manera de un sacerdote.
Es por eso que mi reflexión me lleva a pensar y preguntarme: ¿hasta qué punto uno puede dar o hacer un comentario, crítico acerca de los acontecimientos dentro de nuestra Iglesia? ¿O es que no existe un respeto para quien recibe el Orden Sagrado, y que ya por ser persona, merece respeto?
Después que terminó el ensayo, me acerqué a preguntarle a Juan Carlos, sobre este director anterior, y me contó muchas cosas más acerca de su comportamiento.
Si él lo deseaba no cantaba y no dirigía el coro, y nadie podía cantar. Dejaba a la misa de doce del día sin coro. Qué lástima que teniendo tanto poder de liderazgo y convocatoria no haya sabido usarlo para bien, tan es así que el día que renunció se fue con más de la mitad del coro.
Pero el tiempo pasó, y después regresó con su coro, porque según él era su coro y no el del servicio a la parroquia, y para desorganizar todo lo referentes a coros dentro de la parroquia, ya que luego se sentía con derecho a participar en las misas principales.
¿Puedo yo, salirme de la parroquia, renegando de los sacerdotes, llevarme parte de un coro, sabiendo que no es mío porque pertenece a Dios, luego regresar, y querer desorganizar todo lo que ya está organizado?
Siempre insistiré de una manera categórica, que el ejemplo es muy importante y en este caso mucho más. ¿Qué pudieron haber aprendido de este director de coro los integrantes que se fueron con él? El daño ya estaba hecho.
El Consejo Parroquial de aquellos días, consistía en la participación de un representante de cada pastoral, con el Párroco a la cabeza. Este Consejo tenía un presidente, un vicepresidente, y un secretario o secretaria. Cada coro tenía su representante en este consejo, y como es de suponer a la llegada de nuestro director con su coro, también tenía un lugar en dicho Consejo. En la agenda de ese día en la reunión de Consejo, el punto principal era elegir o designar el coro que cantaría en las misas de Semana Santa. Después de muchas discusiones se acordó que en la misa del jueves Santo cantaría el coro de las doce del día, y en la misa de Sábado de Gloria cantaría el coro de nuestro director en mención que nada menos era el señor Franco Farfán y su coro “voces del cielo”. Y así de esta manera todos quedarían en paz.
En nuestra Parroquia, como todas y como es natural cada cierto tiempo se cambia de Párroco, y en esta ocasión nos tocó asistir y presenciar ese cambio. Nuestro Párroco el Padre Valentín Guerenabarrena, dejaba el cargo y en su lugar estaría el Padre Luis Elordi.
Siempre nosotros en la Iglesia tenemos la esperanza de ver recapacitar a las personas que han cometido errores en su vida. Enmendar estos errores, y cambiar de aptitud, cosa que a cualquiera de nosotros nos puede pasar. En el caso del Sr. Franco Farfán no fue así. En agradecimiento por haberlo dejado participar en una de las misas principales de Semana Santa, envió unos correos electrónicos, tanto como para miembros responsables de pastoral, como también al mismo Párroco, insultando y agrediendo verbalmente a todos. Volvió a caer en el mismo error.
Faltaban pocos meses para la navidad, y nuevamente se tendría que entrar en discusiones para ver que coro sería el responsable de animar la Misa de Gallo. Esta decisión se tomó en el Consejo Parroquial, y fue que todos los coros se debían unir, y entre sus directores, uno de ellos debería ser el responsable de dirigir esta unión.
El tema del perdón en la doctrina de nuestra Iglesia Católica, creo que está un poco laxado, se cree que perdonar es olvidar y dejar pasar por alto las equivocaciones y errores que podemos cometer. El perdón no significa dejar de corregir. Todos nos podemos equivocar, y caer en contradicción con respecto a lo que predicamos, y tenemos a nuestro lado a un amigo que nos cuestiona e interpela diciéndonos: “espérate un momento, lo que estás haciendo y diciendo está mal, no sigas cometiendo ese error, cambia de aptitud por el bien de la Iglesia”.
Nos reunimos varias veces con los integrantes de los otros coros, para elegir a la persona que sería responsable de dirigir a todos, y para esto yo di mi opinión acerca del Sr. Franco Farfán, no podía quedarme callado, y dejar de mencionar todo lo malo que veía en él.
Llegó el día de decidir quién dirigiría ese coro, y todavía no se había designado de entre nosotros quien sería. Se reunió el Consejo Parroquial con la asistencia también como es lógico de cada representante o director de cada coro. Como no habíamos llegado todavía a tomar una decisión, se propuso que pasáramos a un saloncito contiguo a tomar de una vez la decisión.
La reunión en el “saloncito contiguo” se desarrolló de la siguiente manera: 1.- Ángel, representaba al coro de las 7.30 de la noche, llamado también “coro juvenil”. 2.- Cristian, representante del coro de niños. 3.- Franco, representante del coro de las 6.00 de la tarde con su coro “voces del cielo”. 4.- y un humilde servidor “el que escribe estas líneas”, representante del coro de las 12 del día, llamado también coro Parroquial de Cristo Rey.
Se decidió que cada uno de nosotros diera su plan de trabajo rápidamente, (ensayos, repertorio, etc.), al final se puso a votación. Ángel votó por Franco., Cristian votó por Franco, Franco votó por si mismo, y yo vote por Ángel.
En lo particular pienso que esta decisión se debió tomar en Consejo y no dejar que se produjera este amago de elección ya que era obvio lo que iba a suceder.
Hubo un momento curioso y que nunca podré olvidar de esta reunión. Ángel y Cristian propusieron que Franco dirigiera conmigo, yo no acepte, Franco pensó que yo dudaba de sus habilidades musicales, lo cual no era así. Le dije que no me parecía bien, y que el no se merecía dirigir el coro, en un día tan especial, por su comportamiento anterior. Pero le propuse: “si dirijo contigo, tienes que acatar lo que te diga, y lo más importante, tienes que cambiar tu comportamiento. En otras palabras tienes que portarte bien”, su respuesta fue la siguiente: “¡ah no!, Entonces dirijo solo.
Una vez más se tomaba una decisión en la Parroquia, que a mi modo de ver las cosas, dañaban la imagen y modelo a seguir, con esta decisión y repito “a mi modo de ver”, se justificaba la acción negativa de un agente pastoral.
Los que dirigíamos el coro de las doce del día éramos tres: Carlos, Juan Carlos y yo. Tuvimos una reunión después de esto, y quisieron tomar una actitud negativa. Quisieron prohibir a los integrantes del coro, participar en la misa de Navidad junto con los demás, y les dije que esto no sería lo correcto, ya que en “nuestro coro” había personas que seguían a Franco de alguna manera, y por el bien de la Iglesia eso no se debería hacer.
Aquella noche vísperas de Navidad, asistí a la Misa con mi esposa y mi mamá, como un feligrés más. No quiero menospreciar, ni quitar el mérito al coro que se escuchó aquella noche, porque no sería justo. El coro se escuchó bien, a pesar de lo dicho sobre el comportamiento negativo de Franco Farfán, como se lo dije esa noche en la reunión: “yo no dudo de tus habilidades musicales”.
Después de todo esto a Franco no lo volví a ver por la parroquia, y según algunos comentarios que luego escuche, dicen que se retiró porque sentía mucha presión, pero creo que el mismo se la fabricó. El mismo con su mal comportamiento en la parroquia, fue alimentando el rechazo no a él como persona, sino a sus actos negativos, que nadie en su sano juicio eclesial, podría aceptar. No quiso escuchar a nadie.
Nuevamente el Sr. Franco Farfán dejó la Parroquia, y se llevó a más de la mitad del coro. Las personas se quedaron sin director musical y sin poder seguir cantándole al Señor, y de alguna manera apoyaban su aptitud, ya que no se dejaron dirigir por nadie más.
A fines del año 2003, tuve la inquietud de querer formar en nuestra parroquia un único coro, para que de esta manera se terminaran los conflictos de tipo personal entre los coros. Así que después de las celebraciones de Navidad, le hago saber al Párroco esta inquietud.
El Padre Luís después de meditar esta inquietud, le da forma y decide crear un único ministerio de canto, y para esto decide nombrar un representante general. El padre decide nombrarme para dicho cargo, pero tal vez sin darse cuenta que todavía había un sector que sentía rechazo hacia mi persona, (pero esa no era mi intención al proponerle mi inquietud, porque dentro de los coros en ese entonces, había personas rescatables que podían llevar ese cargo con mucha dedicación, y sobre todo jóvenes. El Padre Luís ya lo había decidido así, y así lo hizo saber. No pude rechazar la invitación ya que pienso, y se con certeza que a través de él, es El mismo Jesús quien me llamaba para este servicio.
Llegó Semana Santa, y se trataba de unir a todos los coros para dicha festividad, tuve un rechazo absoluto, y solo participó el coro al que yo pertenecía.
Más tarde se acordó en Consejo Pastoral con nuestro Párroco a la cabeza, confeccionar un reglamento general para todos los coros, a fin de unificarlos, y el encargo fue para mí. Teniendo en cuenta la realidad y la problemática existente en los coros tuve que emplear un criterio muy estricto. Este reglamento duro y severo, reflejaba los conflictos que quería desterrar. Pienso que si la realidad hubiera sido otra, el reglamento tendría que haber sido distinto.
El reglamento fue presentado en el “Equipo de coordinación Parroquial”, (ECP), y se decidió que lo vieran los coros y que ellos lo revisaran y corrigieran. En este punto quiero detenerme un momento para manifestar mi punto de vista.
No estuve de acuerdo y discrepé de esta decisión, ya que creo que la coyuntura y la problemática coral en esta Parroquia es persistente, y no se podía poner en manos de personas que entran constantemente en conflictos personales, la revisión de algo que a luces les perjudicaba en su actuar personal. Pienso más bien, y aunque parezca autoritario o tirano, que las reglas de juego se tienen que dar, desgraciadamente la realidad lo sugería así. Creo también que las personas que están acostumbradas a la disciplina y el orden, no tenía porque haberles afectado este reglamento.
El Padre Juan Mari, en ausencia del Padre Luís, que tuvo que viajar a su patria, estuvo a cargo de los quehaceres del Párroco, y es así que convocó a una reunión a todos los representantes de los coros, (dos representantes por coro), para ver el reglamento, y la problemática coral en general. La reunión se realizó de una manera cordial y animada, y sirvió para darnos cuenta de los motivos principales de la desunión en los coros.
Pude apreciar por un lado, en la opinión de uno de los grupos, cuál era el motivo del rechazo hacia mi persona. La inexperiencia por el “poco tiempo”, que llevaba participando en la parroquia, no me permitía ver la problemática y realidad de los coros, ya que cada coro tenía sus propios problemas y realidades.
Esta constante de personalizar el ministerio encargado, se da en todas las pastorales, y esta apreciación no es lógica, ya que los problemas se vuelven personales y no pastorales. La meta y el fin al que apuntan todos los coros es la misma. Puede haber diversidad de personalidades, pero tenemos que estar consientes que esto no debe anular nuestra labor pastoral, no se necesita tener 20 o 2 años de labor pastoral para darse cuenta de esto.
Al final de la reunión se acordó que no debería haber un reglamento general, más bien el Padre Juan Mari, quien también estuvo de acuerdo con este punto, propuso confeccionar un “ideario”, donde se mencionaría como debía ser un coro parroquial, pero sin imponer nada. También se acordó reuniones mensuales para seguir tratando este asunto.
Un punto importante en esta reunión, fue el que dio pie a mi decisión de apartarme del coro al que pertenecía. La idea marcada en los representantes de los coros, de que los problemas personales son colectivos.
Para explicarlo mejor con el ejemplo concreto: La persona que representaba al coro que yo pertenecía, estaba disgustada con el representante de otro coro, entonces por ende yo y los demás integrantes del coro teníamos que estarlos también.
Después de todo esto tuve que pedirle disculpas al padre Luís por no haber podido llevar a cabo lo que me había confiado, ser el representante general de todos los coros y poder crear un reglamento general para acabar con todos los problemas y conflictos.
El padre Luís no se si para no hacerme sentir mal o porque verdaderamente necesitaba que siguiera apoyándolo en la parroquia decidió nombrarme miembro del Consejo Pastoral.
El Consejo Pastoral “CP”, siguió trabajando en lo relacionado al reglamento de los coros, y por fin se dio un decálogo que tenía más o menos las ideas que había yo manifestado en mi reglamento general; pero igual se manifestó el rechazo y la oposición de parte de todos los integrantes de los coros, y más grave, con cartas dirigidas al consejo y al padre Luis, insultando, y maltratando a todos. La decisión en consejo fue tajante: suspender de su servicio a todos los agresores.
Esta vez se suspendió al Sr. Franco (había regresado), por tiempo indeterminado y también al director del coro del grupo de oración carismático. Franco se fue nuevamente con todo su coro, pero no sucedió lo mismo con el coro carismático, que también participaba en la misa de las nueve de la mañana, ya que la misma renovación carismática suspendió a dicho director por haber ofendido al Párroco.
El coro del grupo de oración carismático, que anima las misas de las nueve de la mañana, se quedó sin director musical, y el Padre Luís me pidió que dirigiera dicho coro. Los integrantes del coro, como es normal al comienzo me recibieron con un poco de recelo, pero después me fui ganando su confianza y estimación, gracias a Dios.
Mi aceptación a dirigir el coro a pedido del Padre, solamente era para eso, y más no pertenecer al grupo de oración, pero el Señor tiene sus planes, y después de medio año, pasamos mi señora y yo a pertenecer al grupo de oración.
Cierto día vino a visitarnos Lucha una prima de mi esposa, y justo ese día teníamos que ir a rezar un rosario en el templo de la parroquia, luego cantar en la misa de seis de la tarde con el coro del grupo de oración, y después asistir a la reunión del grupo de oración.
Lucha, prima mía también por el cariño y aprecio que le tengo, nos acompañó a todas estas actividades. Lucha se quedó muy contenta al final. De regreso a pie por las calles de Santa Beatriz y Lince, veníamos comentando. Para esto ese día en el grupo de oración dio una charla una hermana de la renovación carismática acerca de los carismas del grupo de oración, nuestra prima me preguntó que me pareció esta charla. Su pregunta se orientaba más o menos por querer saber la opinión de alguien que ella sabía, tenia estudios en teología. (Modestia aparte).
No quiero con este comentario traer abajo todo el trabajo pastoral del grupo de oración carismático, pero en lo que pude apreciar aquella noche en la charla dada por una hermana de este grupo, tuve la sensación de ver solo centrado el tema en el aspecto espiritual, dejando de lado un poco el aspecto racional.
El estudio teológico nos lo dice bien claro: la fe va de la mano de la razón, y no podemos centrarnos solo en uno de estos puntos, ya que la sola fe nos lleva al fideísmo, y la sola razón nos lleva al racionalismo. Bien lo dice el Papa Juan Pablo II en su encíclica FIDES ET RATIO (fe y razón) con estas palabras:
“La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad. Dios ha puesto en el corazón del hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva, de conocerle a Él para que, conociéndolo y amándolo, pueda alcanzar también la plena verdad sobre sí mismo”.
Entonces la reflexión efectiva de mi parte fue por la pregunta de mi prima, ¿por qué, entonces asistes a este grupo, sino estás de acuerdo en esa parte?......
El Señor me dirá más adelante que es lo que hago en este grupo.
No quiero en ningún momento que esto parezca un relato de resentimiento contra las personas que actuaron mal en su debido momento en nuestra Iglesia, más bien pienso que puede servir de reflexión tanto para mí, como para el que lea esto.
Muchas son las experiencias que tuve, y tendré porque no pienso apartarme nunca de la Iglesia. El Señor nos toma y nos toma para siempre. Como digo muchas son las experiencias, y una de ellas fue la participación en los grupos de “amistad cristiana”.
Después de la Misión Jubilar del año 2000, mucha gente quedó motivada en la parroquia, mucha gente como mi esposa y yo, muchos de los cuales no sabían que hacer o a donde ir. Uno de los grupos que captó parte de toda esta gente fue el “grupo de amistad cristiana”.
Pastoral “amistad cristiana”, cuya responsable es hasta la fecha la Srta. Felicitas Vega. La Pastoral (llamémosla así mejor), venía de formar parte del plan NIP “nueva imagen de parroquia”, que ya en otras parroquias venía funcionando.
Se formó un grupo como de 50 personas, y tuvimos una reunión con la responsable para ver la manera de dividir el grupo en dos, cada grupo trabajaría en su respectiva zona, (esto de las zonas también venia a formar parte de la organización del plan NIP.
Mi participación en el coro de las doce del día, como mis estudios teológicos por una vocación que les contaré más adelante, se desarrollaba, de forma paralela, con la participación en este grupo pastoral.
Muchas personas pudimos conocer esa vez, personas que nos recibían con mucho cariño, y personas que no querían que nadie más ingresara a la pastoral, por celos innecesarios. Después de separar al grupo en dos, la responsable fijó fecha para las reuniones de los grupos, y explicar la metodología del trabajo en grupo. Las reuniones eran una vez al mes en una de las casas de uno de los integrantes, pero de manera rotativa.
Al principio se fue rotando en el servicio de brindar la casa para las reuniones, pero al final y hasta la fecha se fijó solo una casa para las reuniones. La casa era y es hasta la fecha la de la Srta. Fermina Mendoza, modista, que trabaja en su casa con una señorita que la acompaña y ayuda de nombre Cecilia.
La metodología de las reuniones consistía en desarrollar una guía que nos proporcionaba la responsable. La guía tenía como principio una oración inicial, cantos que estaban a cargo de un humilde servidor en la guitarra con mi señora que me acompañaba en los cantos. Luego se leía un hecho de la vida real, seguidamente una lectura bíblica con relación al hecho de vida, después una confrontación del hecho de vida con la lectura bíblica, casi al final un compromiso, y una oración final. Todo esto con partes de cantos y reflexión por parte de los participantes en la reunión.
Dentro del grupo también habían responsables, y ellos se encargaban de repartirse la guía, uno hacía la oración inicial, otro el hecho de vida, y así sucesivamente.
Los nombres de los responsables de ese entonces eran: Fermina Mendoza, Juan Portilla y su esposa Carmen, David Silva y su hermana Carmen Silva, y nosotros en lo referente a los cantos y animación.
Poco a poco, el grupo al menos el de nuestra zona se fue fortaleciendo y animando mucho, había nacido una verdadera amistad como se quería con el nombre de la pastoral “amistad cristiana”, una amistad que venía de Dios, porque Dios así lo quería.
Mi esposa Adriana llegó a trabajar un tiempo con Fermina en su taller de costura, y nos hicimos muy amigos, casi hasta llegar a ser como una familia. Con Juan Portilla y Carmen su esposa también ocurrió lo mismo, hasta tal punto que le pidieron a mi esposa que fuera madrina de confirmación de su hija Charo, y desde ese momento pasamos a ser compadres espirituales.
Comenzar a practicar una crítica constructiva, es saludable en la medida que tengamos libretos sólidos para nuestra discrepancia.
La preparación teológica que estaba recibiendo en esos momentos me hacía entrar en ese tipo de crítica constructiva. Sentía la necesidad de querer cambiar lo que estaba observando en el grupo de amistad cristiana. Me parecía (y no se si hasta la fecha esto sigue igual), que la metodología estaba mal. Pensaba que se estaba perdiendo la oportunidad de poder profundizar con las personas que participaban en este grupo, en cosas más importantes y profundas de la doctrina de nuestra Iglesia Católica.
La responsable del grupo me dijo que las personas no estaban preparadas para entrar en esos temas. Prejuzgar la capacidad de razonamiento de las personas me parecía un poco jalado de los pelos, nada se pudo cambiar y pienso que hasta la fecha las cosas siguen igual.
Algo que si me llevó a alejarme de este grupo, fue lo que a continuación voy a relatar muy brevemente. El tener que alejarme era inevitable como se podrán dar cuenta cuando lean esto.
Mi esposa y yo, por la voluntad del Señor, no hemos podido tener hijos, pero gracias al Señor nuestras vidas siguen juntas, y nos acostumbramos a vivir el uno para el otro.
Nunca pensé que tener hijos era lo más importante dentro del matrimonio, pero si me di cuenta que me hubiera gustado tener una hija mujer, porque siempre en la calle, o donde me encuentre con una niñita, me llama la atención, y siento no digamos la necesidad sino la nostalgia de tener una hijita mujer.
Todos tenemos nuestros amores ocultos en nuestra persona, que se despiertan en su debido momento. Amor de hijo para con sus padres, amor de hermano a hermano, amor de esposo o esposa, amor de padre para con sus hijos, etc. Ese cariño que estaba dormido en mí, fue que lo despertaron las hijas de nuestros amigos Juan y Carmen.
En todo momento en que compartíamos juntos me imaginaba como hubiera sido yo como papá, sentía ese cariño de padre para con las chicas,
Quizás pienso que el error fue, (como me dijo el padre en confesión), el haber demostrado abiertamente mucho afecto. Los prejuicios saltaron en poco tiempo, y se dio el comentario directo de una persona del grupo, (en este caso no quiero mencionar el nombre), el comentario directo “de no andar con malas intenciones”.
Me duele mucho, y si lo digo es porque dentro de la parroquia hay personas con la mente muy torcida que solo piensan lo peor de los demás, y digo que me duele mucho, porque ese cariño era algo muy especial y bonito que me estaba pasando. Ahora veo claro cuando mi abuela me decía: “no te encariñes con hijos ajenos”.
La verdadera amistad se basa en la confianza absoluta de un amigo a otro, y si en esa relación amical se dan estas circunstancias de desconfianza, y sobre todo en algo tan delicado como lo que implícitamente he querido decir, se pierde por completo la amistad, y solo queda un vació de personas que solamente son conocidas, y las vemos ya muy distantes de nuestra realidad.
Esta parte en el relato, es una lección en mi vida pastoral, y me enseña que debo comportarme con un poco mas de cuidado, y no demostrar tan abiertamente mi cariño, y sobre todo si se trata de jovencitas, “que podrían ser mis hijas”. Pero también para reconocer que el problema no es mío, sino de la otra persona que piensa mal.
¿Por qué, sentir la necesidad de querer ser algo más en la Iglesia? ; ¿Por qué sentir la necesidad de querer ser algo más que un simple agente de pastoral? Y eso que ser un verdadero agente pastoral, no es cosa tan fácil que digamos.
Mi padrino de confirmación, Jorge Maurial, diácono permanente de la Arquidiócesis de Lima, motivó en mi persona esa profunda necesidad de seguir su ejemplo, y sin pensarlo ya tenía metida en la cabeza esa fuerte convicción de querer ser diácono permanente. No podía entenderlo, yo que hace un tiempo atrás me preguntaba: ¿cómo es posible que una persona esté metida todos los días de su vida, en esas cosas de Dios?
Luego mi padrino me explicó que era un verdadero llamado de Dios. Y tenía razón, porque luego en mi parroquia preguntando a otros hombres casados y sirviendo tiempo en trabajos pastorales, les preguntaba si ellos habían sentido también ese llamado, y me respondían que no. Entonces, ¿por qué yo? ; ¿por qué a mí?
Recuerdo ahora con tristeza que la misma persona del relato anterior, la del grupo de amistad cristiana, un día me dijo: que lo mío más que una vocación era una obsesión, y que no debía pensar en esa posibilidad. Ahora comprendo el criterio que empleaba para decirme esto.
Lo que sí me pregunto, y siempre le haré esta pregunta a Dios, es ¿por qué, despertó en mi esta vocación, si en mi Arquidiócesis de Lima, no había y no hay hasta la fecha, escuela de diaconado permanente?
Al conocer esta realidad le pregunté a mi padrino que es lo debía hacer, y me dijo que me preparara, y que estuviera listo para una eventual recuperación de la escuela del diaconado permanente. También le escribí dos cartas a su Eminencia, Cardenal, Arzobispo de la Arquidiócesis de Lima, y lamentablemente nunca tuve respuestas.
Quiero en esta parte transcribir las dos cartas, donde les doy a conocer un poco más acerca de este tema.
PRIMERA CARTA:
Lima, 10 de Diciembre del 2001
Su Eminencia
JUAN LUIS CIPRIANI THORNE
Cardenal, Arzobispo de Lima y Primado
De la Iglesia Católica del Perú.
PRESENTE.
Amado padre:
Me dirijo a Ud. Como un laico comprometido con su Iglesia, que desea compartirle su más profundo sentir cristiano, esperando que su Eminencia sea quien lea la presente. Mi nombre es Andrés Arbulú Martínez tengo 47 años, soy casado, sin hijos y natural del Callao, con domicilio actual en la Urbanización Santa Beatriz en Lima.
Pertenezco a la Parroquia de Cristo Rey, soy el director musical del coro del cual formo parte. Igualmente soy delegado de mi parroquia ante las Obras Misionales Pontificias, en las que además he recibido un curso de Misionoligía y participo también de un grupo de amistad cristiana del plan Nueva Imagen de Parroquia.
Realicé mis estudios en el colegio Externado Santo Toribio de Mogrovejo, y después me dediqué a la música, primero como aficionado y luego profesionalmente. Siempre fui un católico pasivo y respetuoso de la fe, desarrollando una vida considerada normal. Contraje matrimonio religioso en 1982, y luego regularicé mis sacramentos confirmándome en 1995.
Es el caso padre, que a partir de ese día ocurrió algo muy especial en mi vida, ya que comencé a sentir en aumento, cada vez más, un amor muy especial y particular a Cristo y todo lo que tenía que ver con la Iglesia, surgiendo en mi una motivación diferente.
Gracias a la Gran Misión Jubilar tuve la oportunidad de conocer más sobre la fe cristiana, pero mi ardor interior y esa alegría tan especial que iba creciendo en mí, me pedía algo más, al punto de sentir una envidia sana hacia los sacerdotes, al pensar que yo nunca podría alcanzar ese ministerio tan hermoso descubriendo de esta manera mi vocación de amor y servicio a Jesucristo nuestro Señor.
Estudiando el Catecismo de la Iglesia Católica, me di cuentas que existía el diaconado permanente, y a este ministerio si podía aspirar, consulté entonces con mi párroco, y me dijo que en la Arquidiócesis de Lima, no había escuela de diaconado permanente.
Consultando con tres sacerdotes, me propusieron que debía intentar en otra Diócesis, y lo hice, en la del Callao, pero me informaron que debía vivir en esa jurisdicción por motivos de trabajo pastoral, por lo que intente en la Diócesis de Carabaillo, y el resultado fue el mismo.
Un tiempo después otra persona allegada a la Iglesia me aconsejó que podía ir estudiando por mi cuenta como alumno libre en la facultad de Teología, hasta que en su momento con el favor de Dios se abriera en Lima la Escuela de Diaconado Permanente, es así padre, que desde este año estoy realizando con gran alegría y dedicación dichos estudios.
Pero usted entenderá que esto me implica todo un esfuerzo diario, que se sustenta en mi vocación, pero que se encuentra con la incógnita de saber, cuando se abrirá en nuestra ciudad esa escuela de Diaconado Permanente.
Padre, ¿Qué es lo que me está pidiendo Dios?. Lo que yo más quiero en la vida es poder proclamar el Evangelio y predicar la Palabra de Jesús, pero con la autoridad y conocimiento, que solo me puede dar el Magisterio de la Iglesia Católica.
Si Dios permitiera que llegue a ser diacono permanente, en el momento de mi ordenación recibiría el poder del Espíritu Santo y mi corazón estallaría de alegría, estoy seguro de que esto no es una simple ilusión, porque siento la permanencia de Dios en mi corazón.
Por todo ello, me he permitido dirigirme a usted padre, sin querer desconocer el orden de jerarquía, para pedirle consejo y orientación, solicitándole de todo corazón me conceda una entrevista personal, que no le quitará muchos minutos de su recargado trabajo pastoral, pero servirá de mucho para mi vocación.
Me despido con todo el amor de Cristo Jesús.
ANDRÉS ARBULÚ MARTINEZ
Enrique Villar N· 131, Urb. Santa Beatriz, Lima Telf., 940-8087
Centro de trabajo, Av. Arenales N 1489, Lima. –Telf. 470-5171
SEGUNDA CARTA:
Lima, 13 de diciembre del 2004
Su Eminencia
JUAN LUIS CIPRIANI THORNE
Cardenal, Arzobispo de Lima y Primado
De la Iglesia Católica del Perú.
PRESENTE.-
Amado Padre:
Me dirijo a usted con la misma intención de aquella vez, un 10 de Diciembre del 2001, para manifestarle que mi vocación no ha variado en lo mas mínimo, a pesar que no tuve suerte con la respuesta por la recargada agenda pastoral de su Eminencia. Desde la última carta que le escribí, hasta la fecha han ocurrido un cambio y avances de conocimiento de nuestra fe Cristiano Católica en mi vida. El cambio es mi lugar de residencia y número telefónico y se lo hago saber al final de la presente. Adjunto copias de los certificados correspondientes. Pero algo muy importante es el hecho de que pude adquirir dos documentos importantes para mi formación diaconal y son:
1.- El Primer Congreso Latinoamericano y del Caribe, sobre el Diaconado Permanente, celebrado en Lima Perú, del 13 al 16 de agosto de 1998.
2.- El Diaconado Permanente, “Perspectivas Teológico- Pastoral”, de Valtes Mauricio Guedert.
El Señor Jesús, me llamó a través de mi párroco, a participar en el Concejo Pastoral, y también ha conformar parte del equipo de trabajo de la Misión de Lima “Mar Adentro”, de lo cual le doy infinitas gracias a Dios por haberme llamado a este servicio.
Quiera, Dios Padre, nuestro Señor Jesucristo, y El Espíritu Santo, con la intercepción de nuestra Madre, la Santísima Virgen María, se produzca mi ordenación, ya que siento que es la voluntad del Señor.
Me despido de Usted con todo el amor de Cristo Jesús.
Andrés Arbulú Martínez.
Mi dirección es: Bernardo Alcedo 531-102, Lince, teléfono 7940578
Adjunto:
Carta de presentación de mi Parroquia al Padre Armando Nieto Veles S. J.
Certificado de asistencia, mío y de mi esposa, “Misión Jubilar”
Certificado de Curso de Misionologia.
Certificado de taller de Animación y liderazgo misionero, mío y de mi esposa.
Certificado de la gran Misión de Lima, “Mar Adentro”
Diploma de Estudios Teológicos.
Acta de calificación del curso de Teología.
No pienso ni deseo hacerlo nunca, el tener que renegar de mis pastores, por haber hecho caso omiso a mi pedido, solamente, pienso que Dios lo hizo para fortalecer mi fe, para estar más seguro de lo que quiero, y de alguna manera para cumplir los consejos evangélicos, “obediencia, castidad, y pobreza”. Obediencia, para aceptar la decisión de mis pastores. Castidad dentro del matrimonio (fidelidad), y pobreza relacionada con saber vivir con lo que Dios nos da, fruto de nuestro esfuerzo.
También doy gracias a Dios por todo lo que he podido aprender acerca de Él y pedirle que siempre me dé la oportunidad de propagar todo esto.
La pregunta también será: ¿por qué es que quiero ser diácono permanente?
La palabra diaconía significa servicio, y todos nosotros por nuestro bautismo tenemos esa misión de servir a la Iglesia. Pero ¿en qué consiste ese servicio?, Nuestro primer servicio es anunciar el evangelio a todos sin excepción, y a partir de ese servicio vendrán los demás.
Uno de los servicios, y el más maravilloso para mí entender, es el que se refiere a impartir la gracia de Dios a todos. Y la gracia de Dios solamente se transmite a través de los ministros ordenados. Esta gracia se encuentra en todos los sacramentos, esta gracia santificante y salvadora.
La misión del diácono permanente principalmente es la de ayudar a los necesitados de la palabra de Dios, y transmitir la gracia de Dios a través de algunos sacramentos y todos los sacramentales. El diácono permanente es un ministro ordenado únicamente por el Obispo.
Entonces conociendo toda esta riqueza de servicios, que por supuesto abarcan más conceptos, nos podemos animar más a seguir con nuestra vocación, porque no hay nada más grande que servir al Señor de Señores.
CONCLUSIÓN:
Dios quiera que pueda seguir contándoles más acerca de mis experiencias pastorales, porque es mucho lo que uno puede vivir dentro del servicio al Señor.
Estas pequeñas reflexiones no son para desanimar a los feligreses, como dirían algunos hermanos separados, “ya ves como son los católicos, se andan peleando entre ellos”, estas pequeñas reflexiones son para que nos demos cuenta que Dios nos creó de ese modo. Somos personas frágiles que fácilmente caemos en errores, y además todo lo que concierne a la doctrina cristiano católica no se reduce a los malos comportamientos que podamos tener alguno de nosotros.
Quiero animarlos a profundizar más en nuestra fe, para que de este modo podamos alejarnos de situaciones erróneas. Y Nunca apartarnos de nuestra Iglesia.