SUCEDIÓ HACE POCO
Varios años estuve cantando, tocando guitarra, tocando órgano, y dirigiendo un coro de parroquia, de una manera desinteresada, a mi propia voluntad. A mi propia voluntad, porque yo lo quería así. Quería cantarle a Dios, pero sin recibir nada a cambio. Ensayando con el coro los días de semana, y dirigiéndolo el domingo en la misa correspondiente.
A lo largo de todo ese tiempo, pude apreciar algo muy interesante de reflexionar. En dicha parroquia de vez en cuando cantaban en los días de semana o domingos, personas contratadas para misas particulares (para difuntos, aniversarios, matrimonios, etc.). Me di cuenta que la intención de estas personas era completamente diferente, a la intención de los que cantaban sin ningún beneficio lucrativo. Bonitas voces, excelentes violinistas, estupendos organista. Pero su intención era comercial. La intención era lucirse para que los contratasen otros que los observaban.
Algo completamente diferente a lo que yo les predicaba a los integrantes del coro que yo dirigía. (En la mayoría jóvenes que cantaban en las misas dominicales de una manera desinteresada y sin esperar nada a cambio. Nada que no fuera la alegría de cantarle al Señor). Les repetía hasta el cansancio, y con mi propio ejemplo diciéndoles: “Yo ya no existo cuando canto al señor, es El que me utiliza como instrumento para llegar a toda la feligresía, y transmitir su mensaje en cada canto” Esto no se cumplía, ni se cumple, en los mercaderes de los cantos litúrgicos.
Hace pocos días, (a pedido mío, y por encontrarme en una situación un poco difícil económicamente hablando) recibí un correo electrónico de un familiar muy querido por mí, de un posible trabajo. El correo era un reenvío de una señorita que hacia circular a toda persona interesada, la solicitud de un organista. El correo decía lo siguiente:
“De: Sonia Pereyra
Asunto: Hola, se necesita organista (con nociones básicas) cantante (voz natural – afinada) para trabajar en parroquia del centro de Lima, de lunes a sábado de 9 a 5 pm. Contactarse a los teléfonos: ……”
He querido mencionar el nombre de la persona que hizo circular este comunicado, por su gran corazón, e interés en ayudar a los demás. Y en particular, en el interés que puso sobre mi persona.
Estuve llamando por teléfono, pero no recibía respuesta. En un número no contestaban y en celular me decían: “deje su mensaje”. Así que decidí enviarle un correo a la señorita Sonia para comunicarle mi interés por el trabajo. En el correo le adjunté un pequeño currículo mío para mayor información. Pasaron unos días y recibí un correo de la señorita Sonia que me decía lo siguiente:
“Hola: Disculpe la demora, sucede que estuvimos de viaje, y recién llegamos. Hoy puede llamar a estos números de nuevo: …….. Ahora si le van a contestar a partir de las 10 de la mañana hasta las 9 de la noche. Yo solo estoy reenviando este aviso para cumplir un encargo. Hágalo pronto por favor”
Seguí llamando pero nunca obtuve respuesta. La señorita Sonia, (a quien como repito le agradezco de todo corazón por su interés), me envió un día lunes otro correo que decía lo siguiente:
“Hola: Arturo Remuzgo me pide que por favor vaya este martes a las 3 de la tarde a su oficina: Acorde Musical. Av. General Garzón 2023, departamento D. la empresa se llama: Acorde Musical. Altura de la cuadra 20 de la Av. Brasil, o también cuadra 2 de la Av. San Felipe.
Quiere escucharlo como organista – cantante. Llamarlo antes a su número…. Por favor deme los fonos de Ud. O escríbale directamente a su correo: ……….”
Como era lunes, y la cita era al día siguiente, después de recibir este correo, inmediatamente le envié un correo al señor Arturo Remuzmo, confirmando mi asistencia para el día martes a las 3 de la tarde, y le adjunté mi currículo, así como se lo adjunté a la señorita Sonia. Lo hice así, porque no me respondía por teléfono.
Llegó el día martes, y estuve a las 3 de la tarde empunto en la dirección antes mencionada. Al comienzo de la cuadra 20 de la Av. Garzón, estaba una quinta con el número 2023. Abrí la reja (estaba sin llave) para ingresar a la quinta, buscando la letra “D” seguí avanzando hacia el interior de la quinta, y al fondo se veía una banca de metal, y en la parte superior de esta en la pared un escudo colgaba de la misma, con el nombre “Acorde Musical” A su derecha y al fondo de la quinta estaba el departamento “D” Toqué el timbre y nadie salió a mi llamado. Esperé un rato, y luego salí de la quinta, me paré al frente de la misma, porque hacía mucho sol de ese lado. Al cabo de un rato vi entrar a una señorita, observé a donde se dirigía, y entró en el departamento “D”. Esperé un momento e ingrese para tocar nuevamente el timbre.
Al hablar con ella, le dije el motivo de mi visita. Ella me dijo que en ese momento no me podía atender porque se iba a almorzar, entonces yo le dije: “No se preocupe, yo espero afuera hasta que usted regrese” Esperé como media hora afuera. A su regreso, me hiso ingresar al departamento, y me dijo que espera un momentito. Me acomodé en un confortable que se encontraba en una salita muy simpática y acogedora. En esta salita colgaban de la pared varios cuadros con motivos religiosos, eran cuadros como los de la escuela cusqueña. Cuadros de la Virgen, y otros motivos religiosos más. A la derecha de la salita se podía ver un pequeño comedor muy acogedor también, y un poco más al fondo y a la derecha, podía apreciar una cocina pequeña pero también acogedora. En la salita y en pequeños muebles, se podían ver cuadritos de fotos de personajes del clero. Yo me preguntaba “¿Quién es Arturo Remuzgo?”
Al cabo de un rato, la señorita “secretaria” me dijo que podía pasar, pero ¿pasar a donde? Frente a la salita, se mostraba un pasillo por el que apareció ella para decirme que pasara, y la esperara un momentito, sobre la mano derecha del pasillo. Era una oficina a todo dar; con un amplio escritorio, una computadora de última generación se podía apreciar. Un sillón impresionante atrás del escritorio, y otros tres del mismo tipo para los visitantes. En las paredes se dejaban ver unos cuadros con fotos de una persona con esmoquin al lado de personajes del clero nuevamente. Todo indicaba que el era Arturo Remuzgo, y al parecer cantante lirico (como pude comprobar por internet luego)
No pasó ni un minuto, y la “secretaria” ingresó a la oficina donde yo esperaba. Con un celular en mano, y conectado a nextel. Ella hablaba con el señor Arturo, y le decía sobre mi visita. Él le dijo (porque se podía escuchar), que no tenía conocimiento de mi visita, y que no me podía atender por su recargada agenda, (nunca habló conmigo) la señorita seguía diciéndole de que se trataba mi visita, pero el insistía en no darse por enterado, y en el colmo de la indiferencia dijo, que quizás, a lo mejor, quien sabe, la próxima semana me podría atender. Me puse de pie, le di las gracias a la señorita, y Salí del lugar.
Indudablemente que Arturo Remuzgo después de decirle a la señorita Sonia que deseaba conocerme, recibió mi correo electrónico con mi currículo adjunto, y vio que yo, no era lo que el necesitaba. Pero su falta de humildad y caridad, no le permitieron recibirme, y de una manera amable y humilde, decirme que yo no era lo que él esperaba. Pero ¿Qué se puede esperar de un mercader de la música religiosa?
El mismo martes, al llegar a mi casa, le envié un correo electrónico a la Señorita Sonia, para agradecerle su interés por ayudarme, y contarle todo lo ocurrido, con mi apreciación del asunto.
El mundo artístico musical en nuestro medio, es muy amplio. Hace mucho tiempo atrás yo decidí no mezclar mi trabajo musical, con el servicio en mi parroquia musicalmente hablando. Pero el mundo da vueltas, y si algún día me preguntan ¿Conoces a Arturo Remuzgo? Yo sabré que decir.
